El eminente siquiatra se defiende

Ramón de la Fuente, cuyo retrato al óleo aparece en uno de los edificios del instituto que lleva su nombre, fue miembro de El Colegio Nacional, que rinde homenaje a un grupo reducido de mexicanos ilustres. Esto es muy irónico porque el finado Michel Foucault, cuyo estudio histórico es un intento de desenmascarar a la siquiatría, fue miembro del equivalente francés de este colegio: el College de France.

Había dicho que Amara basó su diagnóstico y prognosis en un fraude profesional elaborado en la universidad. Esta universidad es la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Bajo los auspicios de Ramón de la Fuente (padre), desde los años cincuenta se han desarrollado cursos de dos y tres años para el adiestramiento de siquiatras. Esta práctica ha continuado hasta el nuevo siglo. En 1971 se incluyeron cursos de especialización en siquiatría infantil y adolescente en la Facultad de Medicina de la UNAM. Todo este desarrollo de la siquiatría mexicana fue auspiciado por de la Fuente. Asimismo, invitado por la UNAM, en 1950 Erich Fromm llegó a México y poco después, en colaboración con la Facultad de Medicina, desarrolló cursos de entrenamiento en sicoanálisis de cuatro años de duración para siquiatras. Giuseppe Amara estudiaba siquiatría en Roma cuando mandó una carta para estudiar uno de estos cursos en Cuernavaca, y estudió con Fromm de 1965 a 1973. Fromm fue el analista tanto de Amara como de Ramón de la Fuente Muñiz.

Muy poca gente ha oído hablar de la parte oscura de Fromm. En la clínica de Pensilvania que mencioné en el capítulo “Dentro del Ministerio del Amor”, Mark, un muchacho de diecisiete años, se suicidó mientras estaba al cargo de Honig. En una cinta titulada Other voices (Otras voces) la clínica tuvo el descaro de filmar una de las sesiones en que el muchacho que se suicidaría era atormentado verbal y físicamente por Honig en una sesión de “terapia confrontacional”. Increíblemente, la cinta fue difundida y aclamada en algunos círculos estadounidenses que tomaron a los tormentos como terapia. Una de estas voces fue la de Fromm. Según un folleto de la clínica de Honig, Fromm dijo: “Recomiendo encarecidamente esta película a todo aquel que se interese por el hombre”.[1] En México también ha habido quejas de aquellos que conocieron íntimamente a Fromm. Al igual que Freud, Fromm trataba despóticamente a sus colegas y pacientes dentro y fuera del consultorio. De hecho, un analista a quien conozco desde niño ha denunciado la parte oscura de Fromm.[2]

El trabajo de Ramón de la Fuente en la UNAM fue seminal, y en la actualidad es imitado en otras universidades mexicanas. Además de la UNAM, el estudio de siquiatría se imparte en nueve lugares en la Ciudad de México y en otros ocho en los estados de la república, entre los que destacan el Instituto Nacional de Neurología, donde se practica la lobotomía moderna; la Universidad Autónoma de Guadalajara; la Universidad Autónoma de Nuevo León; la Universidad Autónoma de San Luis Potosí, y el Hospital Central Militar. De la Fuente fue además director de colección del Fondo de Cultura Económica (FCE), casa editora que subsidia el Estado mexicano: un patrimonio cultural del país. Como director de colección de la Fuente ha elegido qué publica y qué no publica el FCE sobre sicología, siquiatría y sicoanálisis. El último libro en el que aparece el nombre de Ramón de la Fuente, Biología de la mente, es un erudito tratado sobre la siquiatría biorreduccionista publicado por el FCE.

Desde hace muchos años no leía a de la Fuente, pero para escribir estas páginas tuve que volver a hacerlo. En Nuevos caminos de la psiquiatría, otro libro de de la Fuente publicado por el FCE del que de la Fuente mismo fue director de colección, el eminente siquiatra mexicano se defiendió: “No obstante estos avances, en décadas pasadas la psiquiatría ha sido acusada de ser parte del aparato ideológico y represivo de la sociedad; se ha dicho que su meta oculta es ejercer poder sobre los hombres en el servicio de una sociedad que primero enferma, y después reprime a quienes enferma”. Esto es lo que he llamado revictimación. De la Fuente añadió: “Sin embargo, es temerario ver solamente el lado sórdido de la psiquiatría, y es una visión sesgada de la historia atribuir su origen al deseo de encerrar a personas viciosas, peligrosas o molestas y mantener así el orden social”.[3]

Personas viciosas o molestas. Esto alude a la definición de enfermedad mental como aquello que “la familia no tolera”, como he explicado en otra sección. Lo primero que me llamó la atención al releer a de la Fuente, y me refiero no sólo a éste sino a otros pasajes de sus libros, fue su frecuente uso de expresiones relacionadas con la idea de “enfermedad”. Como he dicho, esta es una pésima metáfora para referirse a las víctimas del medio familiar o social. Toda referencia a una putativa enfermedad nos hace ubicar el problema en el individuo, no en el medio. Peor aún es tener poderes siquiátricos y llamar “viciosas y molestas” a quienes la familia repudia.

A lo largo de su carrera de la Fuente promovió la hospitalización involuntaria de los mexicanos. Pero en ninguno de sus libros se le ocurrió pensar en términos jurídicos: si un ciudadano no ha roto la ley, no debe ser privado de su libertad. De la Fuente le reprochó a Foucault, Laing y Szasz, a quienes nombró, que tienen “una visión sesgada de la historia” y que sólo “ven el lado sórdido de la psiquiatría”. ¿Tiene la siquiatría involuntaria un lado no sórdido? De la Fuente reconoció que la crítica de “los antipsiquiatras” contiene “una partícula de verdad y una gran carga de demagogia e ignorancia”.[4] Antipsiquiatras es un término peyorativo en boca de siquiatras ortodoxos. Y decir que los críticos de la siquiatría que de la Fuente menciona eran ignorantes no es cierto. Los finados Foucault y Laing eran eruditos en su materia; y al momento de escribir Szasz aún lo es. ¿Y quién es realmente el demagogo? Se recordará que al hablar de las cuadrúpletos Genain, David Rosenthal tergiversó su información para culpar a los hipotéticos genes de unas niñas que sufrieron de asesinato psíquico por sus padres. De la Fuente hizo exactamente lo mismo. Si bien concedió que existe evidencia de que hay mucha más gente que se trastorna en los estratos sociales más bajos, culpó a los pobres genes de la gente pobre.[5]

Si se observa cómo de la Fuente frasea sus pensamientos al hablar de la gente pobre que ha perdido el quicio (“enfermos esquizofrénicos”) y cómo los frasearía yo (“gente pobre perturbada”), se descubre que detrás de las palabras se oculta una agenda política. Ni “gente pobre perturbada” ni, digamos, “asesinados psíquicamente”, sugiere una entidad médica a la que hay que tratar contra la voluntad del pobre. Sí sugiere, en cambio, ingeniería social gradual para atacar el problema de la pobreza y la marginación. Si de la Fuente hubiera estado a favor del cambio social no hablaría en tales términos, “enfermos esquizofrénicos”, al referirse a la gente pobre desquiciada. Tampoco culparía a sus genes. Más bien, haría la observación elemental que hizo un escritor mexicano de Tepito, uno de los barrios más bajos de la Ciudad de México: “La pobreza es enloquecedora”.

Respecto al hecho que la gente pobre sea más diagnosticada de esquizofrénica que los ricos, quisiera contar algo. En mi curso universitario de salud mental en Manchester, nuestro tutor, un enfermero siquiátrico de color, nos confesó en clase que abandonó la noción de esquizofrenia al observar que en Inglaterra muchos más negros eran etiquetados de esquizofrénicos que los blancos (todavía en 1921 la American Journal of Psychiatry afirmaba que los negros eran especialmente propensos a la psicosis). En el barrio de Whalley Range donde vivía yo mismo conocí a uno de estos negros diagnosticados con la enfermedad.

Referencias

[1] Erich Fromm, citado en Masson: Juicio a la sicoterapia, p. 159.

[2] El sicoanalista mexicano Víctor Saavedra inició su tratamiento sicoanalítico con Fromm en 1961. Más de treinta años después Saavedra publicó un libro crítico de quien fuera su mentor: La promesa incumplida de Erich Fromm (Siglo Veintiuno, 1994). Antes de la publicación del libro de Saavedra el lado oscuro del autor de El arte de amar me era desconocido. Los testimonios de los pacientes y analistas mexicanos a quienes Fromm agredió aparecen especialmente en los capítulos finales de La promesa incumplida. Aunque el libro de Saavedra tiene todos los defectos de la jerigonza de los analistas que leen a Lacan y a Melanie Klein, los testimonios que cita sobre la parte oscura de Fromm son fascinantes.

[3] Ramón de la Fuente [Muñiz]: Nuevos caminos de la psiquiatría, p. 15.

[4] Ibídem, p. 44.

[5] Ibídem, p. 43.

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Published in: on mayo 15, 2009 at 7:29 pm  Dejar un comentario  

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