Una victimariología

El asesino [en serie], como no puede soportar su dolor, mata a gente inocente en lugar de sentir el dolor de su niñez. – Alice Miller [1]


Como los siquiatras diagnostican a la gente que en realidad son víctimas del medio, su postulado fundamental es negar que lo son. En el DSM prácticamente toda expresión que pudiera transmitir la idea “víctima del medio” ha sido eliminada. El biorreduccionismo, un positivismo radical, no es otra cosa que buscar el origen del achaque emocional en el reino objetivo, de lo somático; jamás en el universo interno del individuo. Es el absurdo cognitivo de reducir una persona a su cuerpo. De esa manera es metodológicamente imposible que la profesión culpe a los padres incluso en casos de flagrante maltrato físico, abuso sexual, o violencia emocional hacia los hijos. La siquiatría cumple una importante función: exonerar a la familia, el cemento de la civilización, del desastre manifiesto en los hijos.

La sociedad civil vive en idéntica negación. No ha querido ver que dentro de su más sagrada institución existen martirios enloquecedores hacia sus miembros más vulnerables. Tanto las profesiones universitarias como la sociedad civil son tan ignorantes y supersticiosas de esta situación como la Edad Media lo fue sobre los hombres y mujeres calumniados de herejes y brujas.

Voltaire vio a los letrados inquisidores como lo que eran en lugar de diagnosticar como herejes a las personas que la Inquisición torturaba y asesinaba. De ahí su llamado Écrasez l’infâme! contra la iglesia con el que apostillaba sus cartas libertadoras. Este llamado no puede ser más pertinente al referirnos a una profesión que asesina almas de niños y adolescentes a través de cachiporras semánticas como la palabra esquizoide, retraumatizaciones psicológicas en la consulta y psicofármacos minusvalidantes.

La victimario-logía es una Umwertung aller Werte de la siquiatría: una nueva ciencia que en vez de martillar a últimos eslabones estudia a los victimarios o agresores. En esta transvaloración de los valores siquiátricos y sociales habrá que reorientar la ciencia hacia el estudio de padres enloquecedores (confiérase Alice Miller), siquiatras revictimadores (cf. John Modrow), charlatanes que se autonombran analistas (cf. Jeffrey Masson) y la lucha civil para abolir al Estado Terapéutico (cf. Thomas Szasz).

Además de estas líneas de investigación y lucha mi sueño es que la victimariología incluya un nuevo tipo de literatura: el estudio del alma humana por los nuevos autobiógrafos. Otro de mis sueños es que en el futuro la sicología universitaria incluya en su currículo el estudio de aquellos hombres y mujeres que tuvieron vidas desgraciadas. Cómo quisiera, por ejemplo, que los jóvenes que ingresan a las facultades de sicología estudiaran las vidas de Nietzsche, van Gogh o Mary Baker Eddy de manera respetuosa y sin la nefanda palabra “esquizofrénicos”. Pocas cosas me ofenden más que ver en las liberarías a un tratado de siquiatría de mil páginas, el de Jaspers, con un autorretrato del pintor en la portada.[2] Van Gogh ha sido una de las figuras más difamadas por los siquiatras. Sed de vivir, la novela de Irving Stone, retrata infinitamente mejor la tragedia del hermano Vincent que el fárrago novohablista que Jaspers mismo contribuyó a desarrollar.

Respecto a la “nueva” autobiografía un paradigma es la vida de John Modrow, quien contribuyó a resolver el misterio de por qué algunos adolescentes enloquecen ante la crueldad parental. Alice Miller, otro faro guía en psicología intuitiva a quien le dedicaré un lugar especial en mi siguiente libro ha dicho que no son los sicólogos académicos, sino los autobiógrafos contemporáneos que hablan de sus padres, quienes se han anticipado a una época. Si este nuevo tipo de autobiografía vindicativa no se desarrolla en tiempos venideros, el estudio del alma humana seguirá los derroteros bobos de la sicología académica. El poeta lituano Czeslaw Milosz, Premio Nobel en literatura, ha dicho que sucesos como las guerras napoleónicas, la guerra civil norteamericana e incluso la guerra de trincheras no se rememoraron literariamente por testigos de manera satisfactoria, independientemente del hecho que los historiadores hayan escrito bibliotecas enteras sobre esos sucesos.[3]

Lo mismo debe decirse de las ausentes autobiografías de las víctimas de los padres y su sociedad. Cientos de miles de Doras no remembraron literariamente sus testimonios. Políticos como Kraepelin, Bleuler, Freud y sus epígonos les arrebataron la palabra y hablaron en sus nombres. Hersilie Rouy, Modrow y unos cuantos más son las excepciones.

Referencias

[1] Alice Miller, entrevistada por Diane Connors: “Alice Miller: the roots of violence” en OMNI (March 1987).

[2] Karl Jaspers: Psicopatología general (Fondo de Cultura Económica, 2000). El libro de Jaspers originalmente fue publicado en 1913.

[3] Czeslaw Milosz, en Octavio Paz y Enrique Krauze (coordinadores): La experiencia de la libertad/3: la palabra liberada (Espejo de Obsidiana Ediciones, 1991), pp. 102s.

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Published in: on mayo 16, 2009 at 1:10 pm  Dejar un comentario  

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