El estudiante expulsado

El establishment médico mexicano destruye las carreras de los médicos que lo denuncian. – Anónimo[1]

EN UN polvoriento pueblo llamado Zoquiapan, en el kilómetro 33 de la vieja carretera México-Puebla, hay un siquiátrico que ostenta un mosaico con la figura de la diosa azteca Tlazolteotl devorando los excrementos de los pecadores arrepentidos. En la vida real, los recluidos en esta granja-hospital llamada “La Salud” defecan en el patio y algunos han llegado a comerse sus excrementos. Este siquiátrico, del que los vecinos dicen que “es una posada a la cual se entra pero de la cual nunca se sale”, depende de la Secretaría de Salud. A quienes se les ha permitido entrar atestiguan que “La Salud” Tlazolteotl tiene un pabellón apando, esto es, un sitio de castigo hórrido e insalubre no muy distinto al que existía en la famosa cárcel Lecumberri: algo común en los siquiátricos mexicanos. Pero para los apologistas de la siquiatría mexicana, como Guillermo Calderón Narváez, “Los nuevos nosocomios son motivo de orgullo ante propios y extraños”.[2]

Si el Fray Bernardino es paradigma de institución pública metropolitana, La Salud Tlazolteotl es paradigma de lo que sucede en los siquiátricos públicos del interior de la república. Aunque también he escuchado historias de coprofagia en el Fray Bernardino, éste es un edificio moderno de varios pisos; los siquiátricos de la provincia originalmente fueron granjas que han sido adaptadas para fines siquiátricos. Los recluidos en “La Salud” son los marginados sociales, los proverbiales olvidados de Luis Buñuel en la gran película mexicana, algunos de los cuales son reprimidos en la institución manicomial y barridos de la vista pública.

En diciembre de 1976 un grupo de estudiantes publicó un reportaje sobre lo que vieron en La Salud Tlazolteotl, resultado de una estancia de cinco semanas para cursar la materia de siquiatría que imparte la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Autónoma de México. Entre los autores del artículo destaca Julio Frenk, quien en diciembre de 2000 asumió como titular de la Secretaría de Salud en México. Quisiera citar en extenso el artículo que escribió un estudiante de medicina que sería Secretario de Salud y sus compañeros:

En el comedor algunos pacientes deambulan semidesnudos, otros se sientan a la mesa. Algunos tienen cucharas: la mayoría toma los alimentos con las manos. El piso, tapizado de mazorcas roídas. Los platos, unas charolas de metal con divisiones que no cumplen su función de separar las porciones: mejunjes repugnantes de sustancias irreconocible donde hurgando se puede hallar, con un poco de suerte, un pedazo de carne muchas veces rancia. Las caras: restos de comida que escurren por las mejillas y el mentón, ojos perdidos, mandíbulas que se mueven por inercia […].

Los demás pabellones, desprovistos del más simple elemento que los distinga del establo o de los gallineros, están repletos de enfermos semidesnudos que se hunden en sus colchones maltratados.

En uno de estos pabellones el doctor nos muestra los “cuartos de aislamiento” donde se encierra, tras portones y candados, a los locos agitados o agresivos. Estas minúsculas celdas son la insalubridad extrema. El propio director confiesa que, a pesar de todos sus esfuerzos, no ha podido conseguir que los enfermos dejen de llamar a los cuartos de aislamiento “el calabozo”.

Al terminar la visita guiada a la Granja retomamos esos campos estériles donde nada parece moverse, donde los “locos” ya ni siquiera voltean a mirar a los “cuerdos”. Entonces, el director exclama con un aire de satisfacción: “¡No sé por qué los locutores del futbol dicen a veces que el estadio está como un manicomio! ¡Si en realidad no hay lugar más calmado que un manicomio!” Es totalmente cierto: la calma es absoluta. Nada se mueve. El tiempo ha sido fosilizado por la rutina. La locura ha sido reeducada. Los medicamentos, los electrochoques y las inyecciones de insulina han cumplido su cometido. La sociedad puede respirar tranquila.[3]

Como dije al hablar de Leo Roy Frank, estas inyecciones de insulina hacen que la víctima caiga en estado de coma. Al ir cayendo en este estado el paciente se queja, se retuerce y se acerca al estado de muerte mientras su cerebro grita por la privación de su glucosa. Manfred Sakel, quien introdujo la terapia a la praxis médica, llamó al estado de coma inducido por los shocks de insulina “síntomas decerebrantes”.[4] El proceso se repite treinta veces hasta que, nos dicen los estudiantes mexicanos, “se pasa por una fase de disolución total de su psique, seguida por una sensación de angustia o muerte”.

Frenk y sus compañeros nos informan que desde 1838, tiempos de Heinroth, se dictaron las regulaciones que definirían las políticas que rigen a los siquiátricos del mundo, políticas que explican lo que sucede en instituciones como “La Salud”. Estas regulaciones son: aislamiento total de los internados; organización estrictamente jerárquica—el siquiatra arriba del tótem, el asistente social, el sicólogo y los enfermeros en medio, y el paciente hasta abajo—; referencia obligada a la neurología, y la drogadicción del prisionero llamado paciente. Estas políticas estuvieron y están vigentes en la siquiatría nacional e internacional de los siglos XX y XXI. Por ejemplo, el texto Historia de la asistencia médica en México habla del “Objetivo Número Uno” en la educación de los internados en siquiátricos: “Dominar y reprimir por medio de la vigilancia constante las inclinaciones incompatibles con el orden”.[5] Si los autores de la Historia hubieran sido tan francos como se hablaba en tiempos de Heinroth, en lugar de “vigilancia” habrían podido muy bien usar la palabra violencia. Historia de la asistencia médica en México fue publicado por la Secretaría de Salubridad y Asistencia (hoy Secretaría de Salud) en 1957. Aunque en los últimos decenios se han emprendido reformas en algunos siquiátricos del mundo, la mayoría mantiene intacta las regulaciones decimonónicas. No obstante, a diferencia del siglo XIX, en la actualidad el asalto se hace directamente al cerebro por medio de neurotoxinas, llamadas equívocamente antipsicóticos, o electroshock.

La gente con diagnósticos de esquizofrenia no son, ni remotamente, los engendros que me imaginaba antes de realizar la investigación que me llevó a escribir este libro. Cierto que algunos se encuentran severamente trastornados y otros medianamente trastornados. Pero muchos pueden pasar desapercibidos. Para ilustrar quiénes son estas personas tan temibles que sólo cabe encerrarlos al margen de la ley común, quisiera pasarles el micrófono. Julio Frenk y sus compañeros nos hablan de otra de sus experiencias en “La Salud” Tlazolteotl:

Basta hablar con cualquiera de los esquizofrénicos de la Granja para convencerse de la ilusión que la psiquiatría oficial ha creado, no por cierto ingenuamente. Dice uno de ellos: “Mi padre me abandonó. Crecí solo y sin amigos. Nunca pude mantener un empleo porque me aburría. Quise estudiar pero fracasé. Y mi madre… Mi madre me absorbió y me persiguió hasta que un día me sedujo y me acosté con ella. Ya no la aguantaba. Un día traté de matarla. Ella gritó desesperada. Entonces salí corriendo, llegué a Paseo de la Reforma [la gran avenida afrancesada de la Ciudad de México] y ahí me desnudé. Desde entonces he pasado mi vida entrando y saliendo del manicomio. Entro aquí y me dan medicina. Luego me dejan salir. Regreso con mi madre. Ella me exige que trabaje, pero yo no puedo. Entonces dejo de tomar las medicinas y me vuelven a meter en la Granja. Así llevo veinte años”.

Para los psiquiatras de la Granja, este esquizofrénico y todos los demás son sólo su esquizofrenia y sus mediadores químicos, nunca los determinantes sociales […]. Lo que pretenden los psiquiatras al aislar el fenómeno negativo, la locura, es que el individuo que los expresa sea sólo ese fenómeno. En esta forma el loco debe pagar por sí mismo la culpa individual de la contradicción que él, y nada más él, representa […]. De la definición de locura derivan las modalidades represivas del manicomio.[6]

Al escuchar a los diagnosticados de la famosa “esquizofrenia”, como este Edipo mexicano, se desprende que la causa de su problema era familiar. No obstante, en el artículo de Frenk y sus compañeros se nos informa que “los médicos de la Granja no dejan de repetir que el trastorno mental es un trastorno de los mediadores químicos del cerebro, nunca de la sociedad, nunca de la familia”. Mauricio Ortiz, uno de los compañeros de Frenk, aseveró:

Cada paciente tiene una historia clínica muy mal hecha, una breve reseña biográfica en la que casi siempre se les acusa de haberse escapado de su casa, de haber fumado mariguana, de haber tenido relaciones homosexuales o de haber tomado pastillas, cuando las pastillas que aquí se les ofrecen son mucho más peligrosas. En las historias clínicas se ve una reacción paranoica por parte de los médicos y de la sociedad a través de ellos: reflejan miedo ante el individuo que infringe la normalidad.[7]

Este miedo ante el joven que infringe la norma es justamente lo que manifestó Kate Millett páginas atrás hablando de la sociedad norteamericana. Frenk, Ortiz y los otros jóvenes médicos también escribieron algo sobre el electroshock: “El profesor del curso describe todos los pasos de este tratamiento con minucia. Sus primeras palabras resultan difíciles de creer: ‘Debemos informar al paciente de lo que se le va a hacer, pero engañándolo [cursivas de Frenk et al]. Se le puede decir que se le van a tomar unas radiografías. Claro que esto funciona la primera vez. Después hay que perseguirlo por todo el manicomio y agarrarlo entre tres o cuatro personas’”.[8] Frenk y sus compañeros no se limitaron a reportar lo que escucharon. También esgrimieron juicios de valor. En el siguiente párrafo, cuando hablan de “psiquiatría orgánica” se refieren a lo que hoy se le llama siquiatría biológica:

Los electrochoques se basan en el absurdo de pretender curar una enfermedad provocando otra artificialmente. Esta es la gran ciencia de los psiquiatras orgánicos. Estos son los profundos e inteligentes razonamientos de los que se valen para desechar al psicoanálisis y a la antipsiquiatría bajo el supuesto de que no son “científicos”. Esta es la magia disfrazada de medicina con que se arrogan el papel de definidores de lo normal.

En realidad, los electrochoques parecen más un castigo que un tratamiento. Muchos psiquiatras amenazan a los pacientes con aplicarles electrochoques si no hacen esfuerzos por mejorar, es decir, si no se comportan “bien”. Uno de los pacientes de la Granja que ha sido tratado con electrochoques nos cuenta su experiencia “terapéutica”: “Cada vez que me daban un electrochoque, me parecía que los médicos querían electrocutarme. Yo trataba de huir, de resistirme, pero siempre me agarraban entre varios. No sé ya cuántos electrochoques me hayan dado. Sólo sé que han sido muchísimos y que cada uno ha sido un suplicio. Y supongo que tanto sufrimiento ha sido inútil, porque desde que me dieron el último electrochoque llevo internado 19 años y no he podido salir de aquí” […].

Si alguno osa contestar a estas violencias, es su locura la que contesta. El loco ya no está en las cárceles ni en sus calabozos, ya no está entre rufianes y verdugos, está en las mejores manos: las del médico.[9]

Debido a la publicación de este artículo, Julio Frenk fue expulsado. El establishment médico mexicano no tolera este tipo de críticas dentro de sus propias filas. Según me contó personalmente el padre de Julio Frenk, el doctor Silvestre Frenk, a éste “le salió muy caro” reintegrar a su hijo a la profesión. El doctor Julio Frenk, quien llegaría a Secretario de Salud de México, no volvió a firmar ningún otro artículo crítico de la profesión. No obstante, el valiente artículo de Frenk y sus compañeros es importante para entender a la siquiatría mexicana, y aquél que desee profundizar en el tema haría bien en leerlo.

La pregunta inmediata que nos viene a la mente es: ¿cuántas granjas-hospitales como “La Salud” aún existen en México?

Referencias

[1] Paráfrasis de las palabras de un profesional que ha trabajado más de cuarenta años en el sector de salud mental, y que rogó no ser identificado, a la periodista Ivette Sosa Salinas.

[2] Guillermo Calderón-Narváez, citado en Teresa Gurza: “En jaulas de tigres VIII: degradación, inmundicia e ineficacia médica en los hospitales psiquiátricos” en Alternativas, p. 313. La cita de Calderón Narváez apareció originalmente en Primeras jornadas de psiquiatría institucional (septiembre 1967).

[3] Citado en Julio Frenk, Mauricio Ortiz, Aurora Orzechowski y José Luis Bobadilla: “La granja” en Alternativas, p. 248s. Este artículo apareció en La Cultura en México, suplemento de Siempre! (5 enero 1977).

[4] Manfred Sakel, citado en Whitaker: Mad in America, p. 87.

[5] Citado en Teresa Gurza: “En jaulas de tigres VI: el hospital campestre Samuel Ramírez, un tugurio para vesánicos y delincuentes” en Alternativas, p. 305. El libro Historia de la asistencia médica en México lo escribieron los doctores J. Álvarez Amézquita, M. F. Bustamente, A. L. Picazos y F. del Castillo (SSA, 1957).

[6] Frenk y otros: Alternativas, pp. 252s.

[7] Mauricio Ortiz, citado en Federico Campbell: “Pabellón G: enfermos mentales donde había gallinas” en Proceso (25 julio 1977).

[8] Frenk y otros: Alternativas, p. 255.

[9] Ibídem, p. 256. El último párrafo es una cita de Ramón García (p. 259).

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Published in: on mayo 15, 2009 at 10:37 pm  Comments (10)  

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10 comentariosDeja un comentario

  1. también hay violaciones por parte del persona de enfermería al paciente, golpes y malos tratos. y si nos atrevemos a denunciar, nos corren y nos convertimos en culpables por callar. El hospital se está engalanando por cumplir 50 años y a pesar de que se sabe lo que ahí sucede, no se hace nada. cuando FRENK ocupó un cargo importante no hizo nada y también se convirtió en culpable

  2. Cabe señalar que la referencia mas reciente en esta revision es de 1977, solo para que esten conscientes de que las cosas han cambiado bastante desde entonces…

    • Por lo visto no has leído el libro entero. Hago hincapié en que, si usé referencias de ese año, fue para informar al lector cómo era la siquiatría el año en que un siquiatra loco me atacó. No aprobé tu otro comentario exactamente por la misma razón: no se ve que hayas leído el libro entero.

      No acepto “críticas” de quienes no lo hayan leído por una simplísima razón. Todas las objeciones que me hacen ya han sido respondidas dentro del mismo texto que mis “críticos” se rehúsan a leer.

  3. tienes toda la razon la salud no ha cambiado para nada al contrario sigue peor ahora ya hay muy pocos pacientes y el director que esta acargo quere conbertirlo en un hospital para adictos con el fin de sacarle provecho a su conveniencia si tu pudieras darte una vuelta por el hospital te espantarias.ya cerraron varios pabellones el pabellon G ya no existe ahora es una moderna tienda en el turno de la tarde ya hay muy poca hacistencia medica. ojala pudieramos hacer algo por estos pacientes que no tiene la culpa de estar ahi.asi como hay cosas malas tambien hay medicos generales,psicologos,enfermeros (as) que estan preocupados por el bienestar de los pacientes.te lo digo por que despues de 23 años que hice mi servicio social como enfermera lo volvia a visitar y entiendo tu molestia me dio mucho gusto que personas como tu se preocupen por estos casos.

  4. Stoy d acuerdo con l articulo los pacientes viven n 1 lugar insalubre; la 1ra vez q llegue fue con miedo pro al star adentro senti lastima x los pacientes pro con l tiempo aprendi a kererlos demasiado…. No m agrada la idea d vr q su ropa sta rotá, q no les dan l alimento suficient para alimentarlos, q no tienen cobijas suficients y q los colchones stan n condiciones reprobables…. Como sociedad dberiamos unirnos y donar ropa,cobijas,zapatos,colchones,alimentos, pro sobre todo ir a verlos xq los ptes. Stan solos y necesitan muxo amor.

  5. La calidad humana de una sociedad, en este caso la mexicana, dìcese se muestra por el trato q le da a sus niños, y agrego, a sus enfermos mentales. La historia de la atención a estos pacientes en México es verdaderamente deplorable por inhumana, cruel, y despiadada. Pocos seres humanos en este país han sufrido tantas vejaciones, tantas agresiones, y tantos abusos como aquéllos q por azares de su destino son víctimas de padecimientos psiquiátricos graves y han tenido la desgracia de caer en las instituciones que lejos de atenderles con calidad y eficacia, los martirizaron durante años y lustros.
    La psiquiatria en Mexico tiene mucho de que avergonzarse.

  6. Hace años padecí de TAD el cual fue tratado durante tres años por las instituciones del seguro social, de alguna u otra manera fui atendida y fui dada de alta pero ahora despues de cuatro años parece que recaí con este padecimiento… actualmente no tengo seguro social, el hospital que me correspondía ( La Perla ) esta saturado y me dijo la psiquiatra en turno que como este padecimiento es crónico, me corresponde el afamado y temido “La Salud” Tlazolteotl. el dia de hoy me entere y comencé a investigar… ahora un síntoma mas apareció… miedo. Mi situación económica no es muy solvente y las consultas y medicamentos en otro lado son carisimos y controlados, no se si este padecimiento requiera de estar tomando consulta en este lugar… tengo miedo y no se que hacer.mi ansiedad aumenta cada momento.

    • Lee este sitio y olvídate de la siquiatría.

    • Que hiciste? Si fuiste a “la salud”

  7. Buenas Noches, he leído algunos comentarios aquí acerca del Hospital Psiquiátrico ” La Salud”, mis emociones en este momento se encuentran encontradas. Atiendo a uno de mis hijos por TDAH en ese hospital desde hace ya cinco años, lo atiende Paidopsiquiatria, Psicología y Neuropsicología, claro que mi pequeño pertenece a la población de consulta externa, ante esta Área del Hospital no tengo absolutamente ningún comentario malo si no por el contrario, todos y cada uno de los y las profesionales que han atendido a mi hijo a lo largo de estos años han sido maravillosos en su calidad de profesionales, en su calidad humana y en su compromiso con los niños para ayudarlos con su trastorno, también soy estudiante de Psicología, he realizado practicas en este Hospital Psiquiátrico, lo que como estudiante y como usuaria de sus servicios me ha permitido conocer tanto al personal como a las instalaciones y a sus internos, los cuales ciertamente deambulan por todo el Nosocomio, algunos descalzos y en solo dos ocasiones me ha tocado ver a que alguno corre desnudo por el lugar sin que pase ni un par de minutos donde algún personal llegara a cubrirlo y llevarlo de regreso a su pabellón, tampoco he visto “El calabozo” del que hablan y he tenido la oportunidad como ya mencione de recorrer completamente las instalaciones, sus ropas si en algunas ocasiones están rasgadas y sucias es verdad, quizá porque algunos pacientes en su enfermedad mental duermen en el piso, sin embargo también has servicio de lavandería donde los pacientes con mas cordura van y cambian sus prendas sucias por limpias y he visto al personal de Psicología recibir donativos de ropa y zapatos para los internos, separarla, seleccionarla y de forma muy humana, respetuosa y me atrevería a señalar que hasta cariñosa entregan de sus propias manos en manos de los pacientes, no dudo que en esta institución sucedan también actos terribles como los mencionados, pero no son un hecho especifico de este Hospital, tristemente y vergonzosamente eso también sucede en Reclusorios, Escuelas y en cualquier lugar donde exista una persona en desventaja con aquella que tenga un poco de autoridad reconocida, Voy a hablar específicamente del Hospital Psiquiátrico ” La Salud”, en ningún momento me ha parecido una atrocidad como la llamaron, constantemente hay personal calificando, verificando y encuestando, con todo lo que a atención, instalaciones y protocolos se refiere, tienen un buzón de quejas y sugerencias que a mi humilde parecer y por los cambios que se han dado a lo largo del tiempo que tengo asistiendo a este hospital, si son revisadas, atendidas y solucionadas las quejas que en él se depositan, ahora bien, si las instalaciones, los insumos o el mobiliario del Hospital no se encuentran en buen estado o es ya muy viejo, como los colchones de los internos tanto mencionados, no es responsabilidad total del Hospital, recordemos que es una institución que pertenece a Salubridad y que es nuestro queridisimo gobierno el encargado de designar presupuesto para estos Hospitales, en cuanto eso si tengo mucho que decir, padecemos de falta de mobiliario, espacios, material y hasta de medicamentos controlados (los cuales como personas de bajos recursos nos vemos obligados a comprar por fuera y su costo es excesivo para quienes vivimos a día), para que nos puedan brindar una excelente atención pero no queda en manos del personal, pues con los pocos recursos hacen verdaderos milagros para realizar con suprema excelencia sus labores, tienen una serie de talleres para rehabilitar a los niños con TDAH y otros trastornos de aprendizaje o de conducta maravillosos, en los cuales también los padres de estos pequeños hemos donado mobiliario y material, y lo hacemos con gusto pues el avance de nuestros hijos es notorio, el área de Psicología también tiene diversos talleres a los que los pacientes de consulta externa pueden asistir y debo hacer enfacis en que todos los servicios son gratuitos y que no solo se enfocan en los padecimientos si no también en tratar y fomentar la sana convivencia y la inserción social de los pacientes, llevan a cavo actividades recreativas y culturales para fomentarlo, las cuales me han parecido maravillosas pues he asistido a algunas de estas, brindan también atención Odontología de muy alta calidad y a muy bajos costos, estamos muy acostumbrados a ver lo malo de todo y a engrandecer esto pero lo bueno que si se hace en esta Institución de Salud Mental no lo leí en ningún comentario, por ello comparto mi experiencia con todos ustedes, como Mama de un usuario del servicio a quien sin lugar a dudas la atención que ha recibido de los profesionales de este Hospital ha mejorado su calidad de vida y le ha abierto las puertas en esta sociedad acostumbrada a relegar lo diferente y como Estudiante de Psicología puedo decir que he aprendido aquí a lo largo de estos años lo que en las aulas y en los libros no se aprende, lo dejo a la consideración de todos ustedes, yo no gano nada al contarles lo que si y lo que no he visto en este hospital lo único que si les puedo decir es que si lo contemplaron como hospital Psiquiátrico para atenderse o atender a algún familiar no lo duden, ya que podrían estar perdiendo la oportunidad de brindarse o brindarle a su familiar una mejor calidad de vida y con ello una vida feliz, tranquila y el logro de la inserción social que todo ser humano necesitamos para coexistir con los de nuestra especie como sociedad.


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