Giuseppe Amara: “Un shock interno, importante”

El drogar a la niñez no se hace solamente en los casos de los menores que se aburren la escuela. Como veremos más adelante, también se diagnostica a los niños indigentes a fin de internarlos en siquiátricos públicos.

Uno de mis primos filmó una película sobre los niños que viven en las alcantarillas de la Ciudad de México: una ciudad donde al lado de inmensos edificios de acero y cristal coexiste un mundo literalmente underground para los desposeídos. En los diversos programas que he escuchado sobre salud mental en México jamás he oído que se hable de las injusticias sociales. Como buenos agentes del status quo, la ideología que los médicos siquiatras nos vende es que las angustias, las depresiones y toda suerte de perturbaciones son endógenas: que se originan en las biologías internas de quienes sufren estas injusticias.

Por ejemplo, la retórica de culpar a la víctima de la sociedad apareció, una vez más, en el programa de radio del 19 de octubre de 2000. María Elena Micher y Giuseppe Amara convocaron a varios de sus colegas para hablar sobre el déficit de atención en los niños. Pero en la hora y media que dura el programa (descartando los comerciales) en ningún momento los diversos especialistas hicieron crítica alguna de la educación escolarizada. Si el niño no puede concentrarse en los estúpidos programas escolares es porque su mente o cerebro están enfermos. Así de simple. Sólo el niño que no puede defenderse ante el sistema es diagnosticado y medicado. Los burros pedagogos, frase de Octavio Paz, que elaboran los tediosos programas escolares libran la etiqueta y la droga. Una buena cantidad de médicos, sicólogos clínicos, neurólogos y pediatras se encuentran cautivos en una lógica en la que sólo pueden culpar a las víctimas de la sociedad, aun si son niños muy pequeños.

Pero de lo que me concierne hablar en este libro es sobre lo que los siquiatras le hacen a los adolescentes. En otro programa de Parejas disparejas ¿y la familia? una mujer llamada Yolanda habló por teléfono para quejarse de la infidelidad de su esposo y de su hijo de diecinueve años, quien había metido a la casa a una chica para acostarse con ella además de que ocasionalmente le robaba algún dinero. Con estos datos, y sin el testimonio del hijo y del marido, no me atrevería a pronunciar un juicio. Pero no soy siquiatra ni lanzo anatemas radiofónicos contra los hijos de familia. ¿Se recuerda la cita de Laing donde le leyó a su entrevistador el “trastorno negativista desafiante” del DSM (también conocido como “oposicionismo”): un “trastorno” cuya característica principal es “el desafío hacia las figuras de autoridad”? Cuando leí la entrevista a Laing no me imaginé que en la vida real los siquiatras se atrevieran a diagnosticar con esa “enfermedad” a adolescentes como el hijo de la señora Yolanda.

El programa me desengañó. Amara lanzó un discurso de novecientas palabras ignorando el problema de la infidelidad del marido y enfocándose exclusivamente en el adolescente, discurso que grabé y capturé en mi computadora pero del que citaré sólo las primeras palabras: “Es impresionante cómo se está dando una cantidad de casos en que hay adolescentes y jóvenes que actúan como sin miramiento alguno a la realidad. Uno, como psiquiatra tradicional, se vería casi, eh, digamos así, inducido a considerarlos con aquel término de psicopatía ¿no? o de falta de respeto a la sociedad. También podríamos decir oposicionismo ¿no?, negativismo desafiante, actitud antisocial, actitud delictiva. Quizá si no siguió estudiando hubo déficit de concentración”.[1]

¡Seis diagnósticos por haber metido a la novia a hurtadillas a la cama! Nótese la similitud de estos diagnósticos con aquellos con los que en el siglo XVII se encerraba a los jóvenes (pródigo, libertino, disipador, hijo ingrato, insensato) y en el siglo XIX a las mujeres (insania moral, ninfomanía). En el resto de su discurso Amara habló del “clima de impunidad” en la sociedad mexicana respecto a estos jóvenes y repitió la palabra “impunidad” varias veces. Esto retrata mejor al siquiatra que cualquier alegato médico que podamos imaginar. También me llamó la atención que Amara se presentara como un “psiquiatra tradicional” y que el resto del discurso lo elaborara a partir de una etiqueta en desuso: “psicopatía”. Esta etiqueta es el antecedente al “oposicionismo” que, como “esquizoide”, “esquizofrenia” y “personalidad limítrofe” o fronteriza, mencionada también en ese programa, se están usando contra los adolescentes en la actualidad. Además de “oposicional” en Estados Unidos también se usa mucho la palabra “desafiante” en la hospitalización de adolescentes.

Como dije, Amara ha aparecido en los medios desde la década de los ochenta. Esto significa que por años ha estado desinformando al pueblo mexicano con ideología biorreduccionista y consejos sobre adolescentes cuya conducta él juzga inadecuada. No vacila en aconsejar internarlos. Por ejemplo, en otro programa Amara aconsejó a un padre internar a su hija al pabellón siquiátrico del Hospital General de la Ciudad de México por haber intentado suicidarse. Este es un caso particularmente ilustrativo porque las ganas de abandonar el mundo ha sido una de las herejías más celosamente perseguidas por los inquisidores que llamamos siquiatras. Pontificando sobre la ausente joven, Amara declaró:

Si no dejamos ahora una huella, una memoria, un impacto de lo que hizo, una terapia a fondo, un tratamiento enérgico, eh, y la dejamos suelta, ¿qué tal si en tres o cuatro semanas vuelve otra vez a las andadas, a la idea de matarse, y esta vez usará un tóxico de tal forma que ya aunque se arrepienta no hay manera?[2]

En el programa de radio en vivo, el padre de la chica manifestó que prefería llevar a su hija con un sicoterapeuta a fin de evitar la drástica medida de internarla. Amara respondió con un docto discurso biorreduccionista mencionando la corteza cerebral, el lóbulo izquierdo y los estados alterados de la conciencia—sin ninguna prueba física, claro está, del estado neurológico de la acusada. Luego añadió:

Yo creo que si ella está quince días, veinte días revisando su vida, teniendo un shock interno importante, porque la sicoterapia para los casos, para estos casos es sumamente débil […]. Yo diría que la, la experiencia de estar internada, de ver a un médico, de hacer conciencia de su patología viendo a otros pacientes, cosa que no se puede con la terapia individual, todas esas cosas dejarían una marca […] en su mente, en su alma, de decidirse por la vida.[3]

Luego intervino Micher para darle la razón a Amara y éste lanzó una profecía sobre la muchacha: “Ante el impacto hospitalario emerge y puede liberarse”. En el siguiente capítulo se verá a qué impacto parecía referirse. Por el momento lo único que puedo decir es que Amara no alberga ninguna duda de que el médico tiene el derecho de patologizar las ganas de morir de una muchacha. Me pregunto cómo trataría al muchacho Hamlet cuando, acongojado por la sospecha del asesinato de su padre y desde arriba de un castillo en Dinamarca, vacilaba entre el ser y el no ser. ¿No ha pensado Amara que para otras culturas como la Roma antigua, la celta y la japonesa el suicidio era un derecho civil? ¿Con qué derecho este moderno Torquemada osa basarse en los prejuicios de nuestra cultura para juzgar a una mexicana de cuya vida íntima nada sabe? Amara finalizó su cátedra al confundido padre con las palabras:

Creemos que al principio hay que asegurarse con un cambio drástico para que ella se someta a la realidad y que se libere de estas tendencias.[4]

Sólo un siquiatra puede hablar con esta soberbia. Si en tan sólo unos días que lo escuché en la radio Amara dijo las barbaridades que aquí cito, ¿qué más no habrá dicho en los años de vida que tiene el programa? Y lo más triste es que los oyentes son de tan bajo estrato sociocultural que ignoran que se encuentran ante un sofisticado inquisidor que, por estar convencido de su propia rectitud, es una amenaza pública.

Referencias

[1] Programa del 23 de octubre de 2000.

[2] Programa del 12 de octubre de 2000.

[3] Ibídem.

[4] Ibídem.

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Published in: on mayo 15, 2009 at 4:47 pm  Comments (6)  

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6 comentariosDeja un comentario

  1. COLABORO EN EL CONSEJO DE PSIQUIATRÍA PARA LA CONDUCCIÓN NACIONAL, ORGANISMO QUE RECHAZO LA
    POSIBLE INVITACIÓN PARA AMARA, COMO MIEMBRO. FUE DESCALIFICADO POR SUS ABUSOS Y PEDANTERÍAS FAMOSAS
    POR LA MAYORÍA DE LOS QUE LO CONOCEN.

    • Gracias por tu comentario, Ángel. ¿Podrías añadir más información a este respecto? Muchas gracias.

  2. Hola que tal, yo buscando un artículo sobre el dr. Giuseppe, me encontré con tus comentarios. Y porque a veces me siento triste y quería checar que puedo tomar para no estar así, Pero me hiciste reflexionar, también tenemos derecho a estar tristes, ansiosas, y no es malo sino que queremos ser felices siempre.

    Gracias.

  3. Qué tal! Buscando imformación que me permitiera contactar al Dr. Giuseppe Amara, me encontre con este articulo, el cual me sirvió para darme cuenta de los errores que se cometen en el programa de radio al cual se hace alusión, y por tanto, enfocar mi búsqueda hacia otro lado. Será posible que me provean informacion sobre profesionales (psicologos o psiquiatras), que pueda contactar en la ciudad de Guadalajara?

    Por su atención y tiempo, Gracias.

    • No: no sé nada de sicologos o siquiatras en Guadalajara.

  4. Bien por el debate y la diversidad de opiniones. Al leer lo escrito, por segunda vez, me percato de la necesidad de hacer una lectura más reflexiva. Por otro lado, me generó dudas. Cómo en los casos anteriores, llegué aquí por casualidad. Es la primera vez que me acerco a estos temas. Creo que tendré que revisar, con paciencia, este blog. Hay muchos términos que no conozco. Espero que este sitio tenga seriedad y continue activo.
    Saludos y gracias por el aporte.


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