Hacia una sociedad psicocivilizada

Llegado este punto percibo una dificultad retórica. El seguir denunciando a la sociedad a este nivel, a toda la sociedad, hace que mi crítica parezca irreal y excesiva. No obstante, he decidido llegar al fondo del asunto, y pocas cosas muestran mejor que la sociedad es criminal que el Premio Nobel que le dieron a Egas Moniz por cortar el cerebro de personas en forma involuntaria.

Los poderes inquisitoriales que tanto el gobierno como la sociedad civil le han otorgado al siquiatra son tales que se vuelven aún más alucinantes cuando percibimos lo que algunos médicos planean para el futuro de la humanidad. Si se toman en serio, por ejemplo, las propuestas del neurólogo José R. Delgado, se verá que este médico quiso darle al mundo donde vivimos algunos toques auténticamente orwellianos. Delgado fue profesor de fisiología en la Universidad de Madrid y director de neurosiquiatría en la Facultad de Medicina de la Universidad de Yale. Por medio de la estimulación intracerebral con electrodos insertados en cerebros de animales, Delgado logró controlar la agresividad de los chimpancés e incluso detener en seco la embestida de un toro furioso en una plaza de Madrid. Pero Delgado acarició la idea de aplicar estos experimentos a la raza humana. En su libro Physical control of the mind: towards a psychocivilized society (Control físico de la mente: hacia una sociedad psicocivilizada) Delgado propuso usar sus electrodos para modelar y corregir a la civilización, y promulgó “la necesidad de crear institutos neuroconductuales”. Al principio de su libro Delgado alardeó: “Las siguientes páginas contienen una discusión sobre lo que es la mente, los problemas tecnológicos involucrados en su control por medios físicos, y la visión para el desarrollo de una futura sociedad psicocivilizada”.[1]

De llevarse a cabo, estas medidas empequeñecerían no sólo a Torquemada sino a Stalin mismo. Pero la ominosa realidad es que, al igual que Delgado, algunos siquiatras también creen que tienen derecho a meterse quirúrgicamente con el cerebro humano para controlar a la población. La manera como creen en su propia rectitud para que no les tiemble el bisturí al remover el tejido cerebral de los individuos a controlar es convencerse de que todos los problemas sociales son problemas médicos. Un buen ejemplo de esta postura es la del doctor Miguel Ángel Pérez, quien presidió la Sociedad Mexicana de Psiquiatría Biológica en la Ciudad de México. En una apasionada defensa de la lobotomía que hizo en la prensa mexicana, el doctor Pérez alegó:

La gran mayoría de los cautivos delincuentes (los offenders) en todas las cárceles del mundo no son sino dañados cerebrales […] cuya clasificación antigua era la de “sociópatas” y en la actualidad de individuos con una “personalidad antisocial” y que constituyen el material biológico enfermo que los neurocirujanos manejarían terapéuticamente, dentro de las prisiones.[2]

Delgado y Pérez escribieron estas cosas a finales de los 1960 y a principios de los 70. Pero en las décadas de los ochenta y noventa, e incluso en los albores del siglo XXI, hay siquiatras que continúan fantaseando con escenarios orwellianos. En el año 2000 Bruce Price, Raymond Adams y Joseph Coyle, prominentes siquiatras de Harvard, escribieron en Neurology, la revista oficial de la Academia Americana de Neurología, lo siguiente:

¿Qué intervenciones podremos emplear para rehabilitar el cerebro del paciente y su conducta?… ¿La psicofarmacología? ¿La neurocirugía, es decir lesiones estereotáxicas [lobotomías], transplantes celulares? Con las probabilidades que se ciernen de nuestra capacidad de fungir como ingenieros sociales del cerebro por medios genéticos o médicos, algunas preguntas esenciales deben abordarse.[3]

Skinner, el fundador del conductismo, también fantaseó mucho con controlar al individuo en un mundo psicocivilizado. Más alarmante es ver que la misma ONU le hace propaganda a la siquiatría en diversas naciones. Conjuntamente con el gobierno mexicano, en marzo de 2004 Anders Kompass, el Alto Comisionado de la ONU para los derechos humanos en México, elaboró un proyecto denominado Diagnóstico sobre la situación de los derechos humanos en México, que incluye el área de salud mental del país. Aunque parezca increíble, el objetivo de ese rubro en especial es escalar, bajo el paraguas de la ONU, la represión siquiátrica de la sociedad civil mexicana. Citaré el documento publicado y firmado por el Alto Comisionado de las Naciones Unidas:

Descripción

De acuerdo con la SSA [Secretaría de Salud], una quinta parte de la población padece en el curso de su vida algún trastorno mental: cuatro millones de adultos presentan depresión, medio millón esquizofrenia […]. Aunque hay grandes avances en las neurociencias, son pocos los mexicanos que disfrutan de estos avances por el rezago en el sistema de salud de nuestro país y la falta de equidad en el acceso de salud. Ni siquiera los conocimientos básicos, clínicos y terapéuticos, acerca de los trastornos mentales han tenido el impacto que debieran, ya que son desconocidos por parte de la población […]. La mayoría de los médicos no psiquiatras desconocen los manuales diagnósticos […]. Por ejemplo, en 70% de los casos la esquizofrenia empieza en la adolescencia. Desafortunadamente, se estima que 50% de los enfermos de esquizofrenia no son tratados adecuadamente o no han tenido contacto con médicos especializados […]. Hay pocos especialistas y están mal distribuidos. Son escasos los recursos económicos dedicados a la salud mental. Del gasto total destinado al ámbito de la salud, se destina menos de 1% a la salud mental, siendo que, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, debería ser de un 10% […]. Para la hospitalización psiquiátrica hay 50 instituciones que se encuentran distribuidas de manera desigual en sólo 25 estados del país […]. En el caso de la atención psiquiátrica infantil la magnitud del problema es mucho mayor, pues en el país existe un solo hospital. De acuerdo con la recomendación de la Organización Mundial de la Salud, el número adecuado de médicos psiquiatras especializados en niños debería ser de uno por cada diez mil. En México, en cambio, hay uno por cada 200 mil […].

Propuestas

• El gobierno federal debe realizar campañas permanentes de sensibilización para el paciente, los familiares, los acompañantes terapéuticos, el personal de enfermería y los amigos cercanos. Estas campañas deben dedicar una atención especial a las enfermedades que se han disparado, como la depresión y la esquizofrenia, que pueden conducir al suicidio.

• En el plano de la economía familiar la Secretaría de Salud, con asesoría del Instituto Nacional de Neurología, debe elaborar una lista de medicamentos básicos […]. La lista recomendada de medicamentos cuyo precio debe reducirse es la siguiente: risperidona [neuroléptico], clozapina [neuroléptico], olanzapina [neuroléptico], perfenacina [neuroléptico]; haloperidol [neuroléptico]; doxepina [antidepresivo]; amitriptilina [antidepresivo]; clorimipramina [antidepresivo]; imipramina [antidepresivo]; fluoxetina [el famoso Prozac]; paroxetina [antidepresivo]; citalopram [antidepresivo]; sertralina [antidepresivo]; diazepam [tranquilizante]; lorazepam [tranquilizante]; midazolam [tranquilizante]; flunitrazepam [tranquilizante]; levomepromacina [neuroléptico] […].

• Deben ponerse en funcionamiento efectivamente centros de atención intermediarios entre el hospital y la casa […] y equipos de atención ambulatoria integrados por un psiquiatra, psicólogo, enfermero y trabajador social y con atención domiciliaria cuando se requiera.[4]

Si las propuestas al gobierno federal se siguen, indican el surgimiento de un Estado Terapéutico en México. Respecto a los neurolépticos el pasaje más desinformante dice: “Desafortunadamente, se estima que 50% de los enfermos de esquizofrenia no son tratados adecuadamente o no han tenido contacto con médicos especializados. Es por ello que el 80% se vuelven discapacitados”.

Como vimos en la primera parte, lo diametralmente opuesto es verdad. Son los países más pobres, que no pueden comprar tanto neuroléptico, donde los índices de recuperación para la gente en crisis son más altos. La propuesta de la ONU de bajar los precios de neurolépticos en estos países es algo que, en lo personal, me duele hondo. Estos países no han sido tan infectados con la siquiatría; culturalmente hablando, son naciones relativamente vírgenes, no globalizadas. ¡Pero es precisamente allí donde la Big Pharma codicia introducir sus iatrogénicos productos! Esto lo hacen alegando, como lo hizo la ONU en México, que de otra manera esta gente “se vuelve discapacitada” —¡el inverso exacto de la realidad según los datos que posee la misma Organización Mundial de la Salud! Si el mundo termina globalizándose bajo los lineamientos de unas multinacionales, la ONU y una OMS sin escrúpulos, en el futuro no habrá gente que se recupere después de sus, hasta ahora, temporales crisis psicóticas. Terminarán como los países en que se practican los tratamientos invasivos donde la gente hace “carrera” de enfermos mentales.

El 19 de abril de 2005 Anders Kompass, quien firmó el documento del que saqué los extractos arriba, presentó en el Auditorio Nacional de la Academia de Medicina en la Ciudad de México una conferencia sobre el citado documento. Eso me dio la oportunidad de confrontarlo, y lo hice tanto en público como en privado. Entre un público de cientos de profesionales tomé el micrófono al final de su presentación. Antes de intervenir hice unas notas desde mi asiento sobre lo que diría, por lo que puedo citar casi verbatim lo que le dije a Kompass:

He leído el documento que su oficina y el gobierno de México firmaron sobre salud mental, y temo decir que discrepo. Presenta la opresión siquiátrica como una salvaguardia a los derechos humanos, especialmente en el área de administración de drogas siquiátricas al pueblo de México. Su documento promueve a la siquiatría como si fuera una ciencia real. Quisiera saber si usted sabe que aún se realizan lobotomías en México, y que aquí se practica el electroshock involuntario. En lo personal, conozco gente cuerda que ha sido electrochocada contra su voluntad. Me alarma que, bajo el paraguas de la ONU, el documento que usted firmó permita estas violaciones a los más elementales derechos humanos.

Aunque Kompass se molestó por mi intervención, ya en privado me atreví a abordarlo durante un receso. Kompass se limitó a responder en perfecto español que, como funcionario de la ONU que colabora con la Organización Mundial de la Salud, tiene que seguir los lineamientos de su cargo. No pude discutir más allá de esta confesión. Me pareció que el Alto Comisionado en Derechos Humanos estaba más interesado en su carrera que en los derechos. Por ejemplo, nada me dijo de las lobotomías o electroshocks a gente cuerda que había denunciado cuando me pasaron el micrófono. Casos como el de Mario Cantú debieran haber sido centrales en su documento que presumía defender los derechos humanos en el área de salud mental. Aunque me concreté al caso de México, la propaganda que Naciones Unidas hizo en la ciudad en que vivo es paradigma del tipo de sociedad psicocivilizada que está implementándose internacionalmente bajo el paraguas de las organizaciones más respetadas. Dado que la opresión siquiátrica se disfraza en luchar por estos derechos, el caso de la ONU es el más cínico y desvergonzado que conozco.

Algo similar puede decirse de los escritos de los siquiatras más influyentes. En Nuevos caminos de la psiquiatría, uno de los últimos libros de Ramón de la Fuente, quien aprecia el trabajo de su colega Delgado de meter alambres en el cerebro, el siquiatra mexicano manifestó acerca de estas intervenciones: “La estimulación intracerebral, cuyas técnicas se han diversificado y refinado en los últimos años, pueden ser un recurso importante en el tratamiento de los desórdenes graves de la conducta dentro del marco de referencia de la teoría del aprendizaje. Es de preverse que el potencial de la estimulación intracerebral será más intensamente explorado en el futuro próximo”. Y al final de su libro apostilló: “Hoy en día, la gran expectativa es actuar sobre la mente a través del cerebro”. Ni más ni menos que El Colegio Nacional (conjuntamente con el FCE) publicó el libro donde de la Fuente escribió esta monstruosidad.[5] Un artículo que leí en 2003 decía algo similar. Algunos científicos lucubran con idear un chip para implantarlo en el cerebro de los sujetos a controlar.[6] Ya me imagino en un futuro una sociedad psicocivilizada en la que a los disidentes del sistema (“desórdenes graves de la conducta”) no sólo se les quimicalice su cerebro con neurolépticos sino se les implante dispositivos para que sea aún más fácil controlarlos. Fueron precisamente unos electrodos implantados en los cerebros de unos pobres gatos lo que vi en uno de los laboratorios del Instituto Nacional de Psiquiatría. Ahí, un neurofisiólogo me confesó que en el Instituto Nacional de Neurología se hacían experimentos cerebrales con humanos.

Referencias

[1] José M. R. Delgado: Physical control of the mind: towards a psychocivilized society (Harper & Row, 1969), p. 20.

[2] Miguel Ángel Pérez-Toledo: “La psicocirugía y lo tendencioso: acerca de la manipulación de la información científica” en Alternativas, p. 197. Este artículo apareció originalmente en Diorama de la Cultura (15 abril 1973).

[3] Bruce Price, Raymond Adams y Joseph Coyle, citados en Szasz: Pharmacracy, p. 105.

[4] Diagnóstico sobre la situación de los derechos humanos en México. Publicado por la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (2004), pp. 177-78.

[5] De la Fuente: Nuevos caminos de la psiquiatría (El Colegio Nacional & Fondo de Cultura Económica, 1992), pp. 54 & 101.

[6] Esta información también aparece en Thomas Szasz: The meaning of mind: language, morality and pseudoscience (Praeger, 1996), p. 79.

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Published in: on mayo 15, 2009 at 1:10 pm  Comments (5)  

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5 comentariosDeja un comentario

  1. Dices que a la gente que no se le trata con fármacos es la qué mejor se recupera ¿Cómo y por qué?

    • No exactamente. Lo que digo es que los neurolépticos son iatrogénicos, como tan bien mostró Robert Whitaker en Mad in America.

      • ¿Entonces no hay nada medicamente posible o viable, o adecuado para tratar lo que viene en el DSM? Que si no son enfermedades, si que son una molestia para quien padece algo del DSM.

      • Si hubieras leído el e-libro antes de precipitarte a comentar sabrías lo que recomiendo en casos tanto de neurosis como de psicosis (cf. el trabajo de, por ejemplo, Loren Mosher para estos últimos casos).

      • Vale Doc, si que me he leído lo que recomienda Loren Mosher.

        Ya sólo queda saber que pasa realmente en el cerebro con las terapias como la de Mosher.

        Desde abrir los ojos hasta escribir un ebook, toda una maquinaria se echa a andar dentro de nuestras cabezas.


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