Páginas 119-120 de Hojas susurrantes

Prólogo

En mi Carta a mamá Medusa, a la que me referiré simplemente como la Carta, hablé de unos acontecimientos terribles a mis dieciséis y diecisiete años. Después de la paliza emocional que me propinó mi padre a instancias de mi madre, en las primeras páginas veremos que junto con el siquiatra, uno de los más renombrados sicoanalistas en la Ciudad de México, a mis dieciocho años mi madre me propinó una brutal paliza física.

En este libro demostraré que la profesión llamada siquiatría, la nueva arma con la que mi madre intentó sojuzgarme, es una falsa ciencia. Y mostraré que, desde sus orígenes, esta seudociencia se ha aliado con los padres controladores en conflicto con sus hijos cuerdos.

Como conté en mi libro anterior, cuando osé huir con mi abuela por los golpes de mi padre, mi madre me difamó con la palabra “enfermo”: palabra que aprendió del siquiatra que fungió como abogado de mis padres. De esa manera, y aun de lejos, mi madre socavó aún más mi autoestima en su guerra de voluntades contra el adolescente que fui. En otras palabras, a pesar de que no tuve desvarío psicótico alguno fui calumniado ante la familia y los parientes de “enfermo”. Además del maltrato en casa, esta vejación fue resultado directo de la confabulación con el falso médico, el representante de una profesión que las naciones del mundo acreditan: la siquiatría.[1]

A diferencia de la Carta, en este libro no me enfocaré ni en mi madre ni en mi padre. Me referiré a ellos ocasionalmente, así como a otros padres que traumatizan a sus hijos. Mas ante todo hablaré de los siquiatras. La conducta del médico sicoanalista que me atacó me hace desviar la atención del maltrato parental, el tema central de mis libros, a la siquiatría. Sin embargo, tal desviación es sólo aparente. Como veremos, la paidosiquiatría está íntimamente relacionada al maltrato de menores e hijos de familia.

En las siguientes páginas hago pública otra carta: una que le escribí a mis padres más de un cuarto de siglo después de los fatídicos sucesos de mi adolescencia. En esta relativamente breve misiva si la comparamos con la anterior, muestro cómo el asalto siquiátrico a un menor es meramente una escalada del maltrato parental.


____________________

[1] En mis escritos le quito la “p” a las palabras psiquiatría y psicoanálisis. También se la quito a psicología, pero sólo cuando me refiero a la sicología académica, no a la psicología intuitiva que todos manejamos en la vida cotidiana.

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4 comentariosDeja un comentario

  1. Buen día, siendo muy sincero, debo reconocer que no lo tuviste fácil durante tu infancia, desafortunadamente, a todos nos tocan experiencias distintas de vida, y la que te marca y suele dirigir el rumbo de tu vida misma, es la niñez, he ahí el porque de tanto psicópata, aclaro el comentario, no me refiero a ti como tal, hay personas que sufrieron las cosas mas inimaginables por lo cual han sido tocados y trastornados de manera crónica. En otros casos (regulares o normales) una infancia no adecuada, representa en la vida adulta, malos recuerdos, simplemente eso, que tan malos pueden ser, eso deja que tu mente lo decida.
    Mi punto César, a lo leído de ti, creo que eres analítico e inteligente. Por ello, me resulta dificil creer que, acerca de tu escrito en lo breve que he leído de La Carta, tengas tal concepto en general de las personas dedicadas a la Psicologia como manera de vida, estudio o trabajo mismo, como cualquier otro más, como cualquier oficio o profesion para hacer beneficio o perjucio, esto dependiendo de lo obscuro o capacitado de quien ejecute estos trabajos, como un doctor; Un doctor exponencialmente psicopata, siendo algo exagerado, recibe a su consultorio a alguien que desde hace mucho le cae en el higado, el doctor decide complicarle la salud a esta persona de manera degenerativa y de por vida. No por esto, todos los doctores son igual que el, habria peores y mejores. Abundando un poquito en tu experiencia, habria de tomar en cuenta que nuestras generaciones predecesoras, sin perdonar posicion economica e inclusive intelectual, tenian un sentido muy estricto casi primitivo acerca de la educación para con los niños e inclusive de la forma en que la mujer era percibida, muy lamentable todo esto. Un error de un Psicoanalista, un solo error en toda su carrera, puede desencadenar una cadena de innumerables eslabones de desgracias por muchos muchos años posteriores y teniendo de origen, raiz o detonante, esa consulta.

    Psicologia, es una herramienta que usamos a diario, esa una profesion en la cual te graduas tambien para dedicarte a estudiarla como ciencia, siendo este el caso, en esta profesion reside una enorme reponsabilidad de quien la ejerza, como con los doctores, aqui puedes matar personas por un fallo, pero a diferencia de los doctores, aqui no se mueren clinicamente, no van a un cementerio, aqui se mueren en vida, andan caminando con un gran daño emocional, confundido o aturdido aun mas, debido a una pesima consulta.

    Otro punto importante César, es que no defiendo esta profesion, simplemente la desmenuzo mas como lo que es, otra profesion y creo dar un punto de vista realista, te dejo este comentario porque entiendo lo complicado que es ser Psicoanalista, o dedicarte a cualquier otra rama de la Psicologia, pero al mismo tiempo es un tema con mucho territorio pendiente en el cual con el paso de las generaciones puede llegarnos a ser verdaderamente util en nuestras vidas o en entendernos mejor como raza humana. Estoy cursando esta carrera.

    Un Saludo Cordial y que tengas un Buen Día.

    Sinuhé M.

    • La Carta a mamá Medusa no está disponible en la red; sólo en versión impresa. Pero por tu comentario colijo que ni siquiera has leído todo lo escrito en este blog.

      Sugeriría que te familiarizaras con los escritos de Jeffrey Masson. Masson pone a toda la clínica de las llamadas profesiones de salud mental—tanto siquiátricas, analíticas como de sicología clínica—como una profesión fraudulenta.

      En este blog trato de demostrar que Masson tiene razón. Pero obviamente hay que leer atentamente lo que decimos antes de intentar discutir.

  2. ¿Qué pasa cuando alguien quiere (voluntariamente) ser tratado como “enfermo mental”? Conozco a una joven diagnosticada con esquizofrenia, trastorno límite de personalidad (borderline) y bulimia. Digo voluntariamente porque quiso internarse en el Fray Bernardino; afortunadamente sus padres se opusieron. Por lo que sé de ella, efectivamente tuvo experiencias que traumarían a cualquiera cuando tenía 13 años, pero la conozco de sus 16 a 20 y ahora parece gustarle que le den pastillas y la droguen, también me da la impresión de que se regodea con sus quejas, como si disfrutara estar “enferma” para atraer la atención y compasión de quienes la conocemos. No sé si no quiera o realmente no pueda salir adelante, pues ha afirmado que no quiere deshacerse de esos pensamientos negativos (que debe adelgazar, que está fea, que es malvada, que necesita sus pastillas), incluso chantajea con cortarse las venas y suicidarse. ¿Qué hago entonces? Trato de entenderla pero cada vez parece hacer un grito desesperado de atención sin importarle las consecuencias, ni siquiera si es a costa de su vida. Yo no creo que esté “loca”, pero ella se siente especial contando sus “enfermedades”.

    • ¿Qué le pasó a los trece? Seguramente hay un perpetrador en su joven vida. Si no se hace justicia (y la sociedad no la hace) permanecerá en ese estado de actuar teatralmente a menos que tenga la nobleza de procesar su dolor, cosa que casi nadie hace y que debe hacerse comenzando por leer la literatura del trauma (como mis Hojas Susurrantes).

      Es un problema serio que he visto en cercanos. Casi nunca tiene remedio porque la gente no quiere pagar el precio para curarse, que nada tiene que ver con las pastillas nocivas que dan los siquiatras.


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