Páginas 225-227 de Hojas susurrantes

Cómo asesinar el alma de tu hijo *



En primer lugar cásate con un hombre supercariñoso con los niños: alguien que tenga ángel con ellos y que a la vez que puedas manipular.

En segundo lugar debes de entender que tu hijo es parte de tu mente. Sus pensamientos, sentimientos y deseos son propiedad privada tuya: son parte de tu heredad. Su emergente mentalidad es como una computadora y tienes el deber y el derecho de programarla a tu antojo.

Toda iniciativa, espontaneidad natural o voluntad propia del niño que no refleje tu programación es síntoma de enfermedad mental, por lo que debes acosarlo inmisericordemente.

Si al llegar a la pubertad se rebela ante tu conducta absorbente, acude a tu esposo. Él tiene más fuerza que el chico y si usas tus artes femeninas para que lo humille públicamente con tremendas bofetadas en la carita, mejor. Mientras más duro le pegue el supercariñoso papá, mayor trauma ocasionará.

El objetivo es provocar una bestial confusión de sentimientos: que aquél que más amor le dio de niño sea quien le muestre el mayor odio de adolescente.

Esta es la clave para asesinar el alma de tu hijo, y si tu marido falla en desarrollar el don de la licantropía quizá no alcances tus objetivos. Recuerda que nada socava más la mentalidad sensible y en formación de un niño o jovencito que adora a su querido papá que este tipo de inexplicables cambios.

Si aún con estas medidas no has llegado a su yo interno para lesionarlo, ¡busca los servicios de un especialista! Un siquiatra o médico sicoanalista hará un buen trabajo. Tu hijo irá en sesiones forzadas a la Secretaría del Amor…

Dado que ya se encuentra en estado de shock por los tamaños insultos y golpes de su querido papá tendrás una oportunidad de oro para precisamente en ese instante de máxima vulnerabilidad volverlo a victimar a fin de producir un daño psíquico irreversible. Si además escoges a un profesional de gentiles modales y fama en los medios, nadie sospechará nada de la drástica medida que tomaste.

Si en la terapia del O’Brien tu hijo sufre de ataques de pánico y desarrolla delirios (“mi mamá quiere poseer mis pensamientos”, “mi padre se convierte en el Sr. Hyde”, “un médico que ellos contrataron me quiere envenenar con drogas”), no vayas a creer que son resonancias de tu espléndida educación o del ataque médico. El terapeuta te informará que bajo ninguna circunstancia hay que culpar a los padres de la perturbación emocional de tu hijo. Todo lo contrario: la evidencia de un defecto biológico en tu crío es irrefutable. Este hombre sabio en bata blanca tiene un Malleus Maleficarum DSM donde fácilmente encontrará el nombre de su padecimiento. Una vez diagnosticado su prescripción será bombardear el cerebro del alucinado con el neuroléptico más incisivo. Los ataques de pánico y la acatisia consecuentes, ambos efectos de la droga, serán más que suficientes para controlarlo. La acatisia es realmente infernal: y la gente creerá que las crisis son cosa de tu enfermito, no de la droga que a escondidas le sueles poner en sus sagrados alimentos.

Eso sí: asegúrate que no se salga con la suya y evite la lobotomía química. ¡No sea que ya crecido vaya a escribir una autobiografía! En cambio, si toma sus medicinas quedará tan manso como un cordero, y jamás podrá decir lo que tú, tu marido y el siquiatra le hicieron.

Entonces tendrás al adorado hijito de tus sueños. Podrás vestirlo, darle de comer y, dada su irreversible disquinesia tardía, cambiarle sus pañales.

Y recuerda: tienes a tu esposo, a la institución médica y a la sociedad entera de tu lado…


*  con la ayuda de un siquiatra

 

Fin del segundo libro de Hojas susurrantes

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5 comentariosDeja un comentario

  1. aca en chile es dificil, casi imposible, defenderse de los dsm mal diagnosticados, sobretodo cuando una persona cae en estado de estres o miedo por las circunstancias vividas y peor aun, estando los hijos de por medio no los puede cuidar bien por ello y la obligan a someterse al maltrato sicologico de sicologos y asistentes sociales pesados, y mas cuando esa persona recibio maltrato desde pequeña con insultos como: eres un enfermo mental, acaba creyendolo.

  2. Hola, una pregunta.

    ¿Te pudiste recuperar de los daños del neuroleptico o te quedaron secuelas?

    Yo tambien he sido victima de la psiquiatria y unos padres que no supieron comprender. Ahora despues de 8 meses, ya he dejado el veneno, y me empiezo a encontrar mejor, pero veo que no soy el mismo, que algo me falta, no se explicarlo…

    Un saludo.

    • Hasta donde sé no hay graves secuelas. Pero otros no tuvieron mi suerte. Qué bueno que dejaste de tomar eso. Ojalá y leas otros artículos de este blog. Saludos.

  3. Soy Lic. en Trabajo Social, en rehabilitación pediátrica. Me ha sorprendido enormemente como llega diario cuando menos una familia con violencia familiar y la repercusión en pacientes crónicos que aún con las graves secuelas de una enfermedad de base, son depositarios del conflicto de adultos que aún lloran su infancia dolorosa y llena de indiferencia y maltrato. No son las carencias económicas es el rezago emocional de los padres y el dolor callado de un niño que solo observa.


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