Si te sales de la media eres un enfermo

La psiquiatría es la nueva religión. Decidimos qué es bueno y malo, lo loco y lo sano. – Los doce monos [1]

DEL INSTITUTO que creó Ramón de la Fuente Muñiz hablo en otro lugar de este e-book. El hijo de Ramón de la Fuente, que lleva el nombre del padre, se graduó como siquiatra en Rochester, la Meca de la siquiatría mundial, y llegó a ser rector de la UNAM, la máxima casa de estudios en México. (En el programa de radio del 28 de octubre de 2004 el doctor Ernesto Lammoglia declaró que de la Fuente Jr. ocupó el cargo de rector como premio por haber controlado la conducta de la esposa de Ernesto Zedillo con drogas siquiátricas cuando éste era presidente de México.) En la biblioteca del Departamento de Psiquiatría de la UNAM aparecen fotografías de las diversas generaciones de médicos siquiatras de la universidad. De la Fuente padre aparece como la figura central entre los estudiantes recién egresados.

Debo decir que, como mi lectura del cibersitio de NAMI, le lectura que hice de los textos de Ramón de la Fuente Muñiz fue una empresa capciosa. Lo primero que el investigador avispado debe hacer al enfrentarse con el texto de un sofisticado siquiatra es ponerse los guantes. La manera como de la Fuente y sus colegas usan la nuevahabla impregna tanto sus escritos que, de no haber sido por mi marcatextos con el que señalé cada trampa semántica que encontré, habría sido imposible entenderlo. Me sorprendió la frecuencia de palabras como “enfermo” y “enfermos mentales” en los escritos de de la Fuente. El uso frecuente de una expresión que no se define es pura retórica.

Aristóteles le llamaba entimema a este truco. Los manuales de de la Fuente pueden entenderse como un enorme silogismo engañoso o entimema. Por ejemplo, en más de cuatrocientas páginas de Salud mental en México el lector buscará en vano la definición de “salud mental”. Por más extraño que pueda parecer, ni la salud mental ni la enfermedad mental, los conceptos centrales de la siquiatría, se definen: se dan por supuestos. Sólo se dan ejemplos de las alegadas enfermedades mentales. En el capítulo de la adolescencia del manual, por ejemplo, se habla de “intentos de suicidio, “conducta sexual”, “abuso de sustancias”, “bandas juveniles” y de las “medidas de prevención” para estas enfermedades. Pero el concepto central de la siquiatría queda sin definición precisa. Hablando en cristiano podría pensarse que éstos son malos hábitos de adolescentes confundidos, pero no enfermedades en sentido médico. Ocasionalmente un reportero le hace al siquiatra la pregunta directa: “¿Qué es para usted un enfermo mental?” Teresa Gurza le hizo esta pregunta, la pregunta cardinal que debe hacérsele a todo siquiatra, al doctor Leonardo Iglesias en la entrevista grabada; la misma entrevista que de la Fuente evitó. Es muy ilustrativo escuchar lo que Iglesias respondió:

Realmente ésta es una pregunta muy difícil de contestar, puesto que tiene implicaciones de orden propiamente médico, técnico, filosófico, ideológico y sociológico. Requeriría de todo un tratamiento amplio. Para nosotros, en términos prácticos, esto es momentáneo: alguna persona que en algún momento dado requiere asistencia especializada en el área de salud mental.[2]

No podría señalar con mayor elocuencia la charlatanería que es la siquiatría que con esta definición circular. Un verdadero médico —un cardiólogo, neurólogo o gastroenterólogo— respondería a la pregunta ¿Qué es para usted la enfermedad? señalando la patología celular en los tejidos, o la patología fisiológica o bioquímica, o la presencia de bacterias o de virus parásitos en un organismo. Si una reportera tuviera dudas de que la enfermedad fuera real, el médico la invitaría al laboratorio para que viera por sí misma las bacterias o las disfunciones histopatológicas en el microscopio. Sobre una coronaria bloqueada con placas de colesterol, por ejemplo, un cardiólogo jamás argüiría que “es algo muy difícil de definir porque tiene implicaciones filosóficas, sociológicas e ideológicas”. El cardiólogo simplemente nos mostraría las fotografías de las placas de grasa animal acumuladas en las arterias que se han extraído de los pacientes operados del corazón. El verdadero científico apela a lo que puede verse y cuantificarse; usa microscopios, telescopios y su simple vista. No se le oye hablar de filosofías o ideologías. Si la definición de enfermedad mental tiene las implicaciones ideológicas mencionadas por Iglesias, es más que obvio que la siquiatría poco tiene que ver con las ciencias exactas.

El objeto del científico es el mundo empírico. El del ideólogo, las doctrinas y metanarrativas. Y el del inquisidor, la persecución de los disidentes. Un físico no nos habla de la energía o de la materia, el concepto central en física, como entidades filosóficas o ideológicas: es obvio que existen y nadie se atreve a cuestionarlas. Pero Iglesias nos habla de la enfermedad mental, el concepto central en siquiatría, como una entidad que omite definir: “Para nosotros, en términos prácticos, alguna persona que en algún momento dado requiere de asistencia especializada en el área de salud mental” es el enfermo. Así, al igual que los manuales de de la Fuente, la criatura “enfermedad mental” queda sin definición: es un entimema. El mismo DSM evita definir la entidad de su materia de estudio. En la introducción del DSM -IV se nos dice: “El término ‘trastorno mental’, al igual que otros muchos términos en la medicina y en la ciencia, carece de una definición operacional consistente que englobe todas las posibilidades”.[3]

Que los términos en ciencia son ambiguos es falso. Basta conocer los rudimentos de la física, por ejemplo, para saber que las entidades que estudian los físicos están claramente definidas, además de ser perfectamente cuantificables. No obstante, si se busca con persistencia es posible hallar en un rincón de las bibliotecas alguna definición de salud y de enfermedad mental, tanto en boca de siquiatras como de la pluma de legisladores.

En una entrevista concedida a Proceso el doctor Hermelindo Oliva, subdirector del Fray Bernardino, el siquiátrico más importante de la Secretaría de Salud y al momento de la entrevista el vocero oficial de la siquiatría institucional en México, expresó que a la salud mental hay que ubicarla “en ciertos parámetros dentro de los que se mueve una persona en su rendimiento familiar, en sus relaciones sociales, en su productividad en el trabajo y en su ajuste psicológico. La gente que se aparta de esta media estadística es la que consideramos fuera de la normalidad”.[4] ¡Esta es una excelente definición del concepto central de la siquiatría! Me recuerda la franqueza de Heinroth y complementa la definición del siquiatra en el capítulo anterior (“Lo que la familia no tolera”). La enfermedad mental es, pues, una fuga de las estadísticas: una disidencia de la norma homogeneizadora con la que el status quo juzga quién de nosotros se está saliendo de línea.

Si el enfermo no está de acuerdo con esta definición, el tratamiento siquiátrico lo iluminará. El doctor Oliva fue implacable: “El enfermo mental muchas veces no tiene advertencia de su enfermedad, no acepta estar enfermo; entonces, se muestra renuente a tomar sus medicamentos y esto favorece las recaídas. Parte del tratamiento consiste en hacer consciente al paciente y a la familia de que está enfermo y de que necesita seguir su tratamiento”.[5]

En junio de 2002, veinte años después de la entrevista a Oliva, Carmen Rojas, la sicóloga del Hospital Fray Bernardino, hizo unas declaraciones similares a otro reportero sobre el interno que “no acepta su enfermedad, por lo tanto no quiere que se le aplique un tratamiento y prefiere huir del hospital”.[6] Que la enfermedad mental es salirse de línea, una “fuga de las estadísticas”, lo pude comprobar además en una plática que sostuve en julio de 2001 con un sicólogo clínico del CORA (Consejo de Orientación para Adolescentes) en la Ciudad de México. El sicólogo me informó que a la mayoría de los jóvenes que le llevaban sus padres él los diagnosticaba de “boarders”. Boarder es un término siquiátrico muy popular en Norteamérica que se refiere al boarder personality disorder (personalidad fronteriza) del DSM : el “trastorno” de un individuo que se sale de la media estadística.

En la legislación mexicana también encontré una franca definición de enfermedad mental. El artículo 144 del Código Sanitario mexicano define qué cae bajo la designación de enfermedades mentales: “I. Las diversas formas de psicosis. II. Las diversas formas de neurosis. III. Los defectos de desarrollo mental, los determinados por regresión orgánica cerebral, los trastornos de personalidad, los trastornos somáticos de origen psíquico presumible, los padecimientos psicosociales y otros que señale el Consejo de Salubridad General”. En pocas palabras: cualquier conducta humana puede ser interpretada como enfermedad mental. Todos los seres humanos somos “neuróticos” o tenemos “problemas de personalidad” en cierta medida. Por lo tanto, los cien millones de mexicanos podemos estar mentalmente enfermos. La definición del Código Sanitario es tan amplia que a auténticas enfermedades neurológicas “determinadas por regresión orgánica cerebral” las mete en el mismo costal que “los padecimientos psicosociales”. Esta es la táctica del DSM norteamericano: un siquiatra puede considerar prácticamente cualquier conducta humana como trastornada, definición de donde proviene su poder político para encarcelar a quien se le dé la gana. Una definición de enfermedad mental tan amplia explica que en los diagnósticos de los expedientes de un siquiátrico público se incluyeran, por ejemplo: “prostitución”, “alcoholismo”, “homosexualidad”, “afectividad inapropiada” e incluso “personas abandonadas”.[7] El expediente de Berta dice: “Agresividad, tendencia a la fuga, desaliño personal”. Las siguientes son otras voces de las “enfermas” del siquiátrico público:

“Esta niña, por ejemplo, ¿cuántos años cree que tiene? Debe tener como trece. Ella no es reo. La encontraron en Salud Mental; alguien la abandonó ahí y no sabemos quiénes son sus padres”.

Con el cuerpo envuelto en la oscuridad de la celda, Consuelo Orozco relata el motivo de su encierro:

“Me trajo mi mamá porque tomaba y luego me portaba mal. Aquí dicen que estoy loca. Bueno, si quieren sí. Pero que me saquen de este pabellón. No podemos salir al jardín. Nos tienen con cadena y candado. Con cadena y candado como en la cárcel. Queremos ver el sol, ver la tiendita, aunque no compremos”.[8]

Las enfermedades de Berta y de Consuelo son tan temibles que las democracias del mundo las mantienen en cárceles donde se suprime el proceso penal y la fecha límite para cumplir una condena. Con este tipo de definiciones de enfermedad mental el imperio de la ley ha sido reemplazado por el imperio de la discreción médica. Nuestras sociedades, y me refiero no sólo a México, se basan ocasionalmente en este último porque los siquiatras son virtuosos en vendernos la idea de que la entidad que llaman enfermedad mental, algo que rarísima vez definen, existe. La manera como, sin definirla, Ramón de la Fuente nos vende la idea es martillar sin tregua y sin ninguna piedad con la palabra “enfermos”, una y otra vez a lo largo de sus libros, hasta que el lector desprevenido se da por rendido ante el entimema y la idea de enfermedad mental es implantada. Eso sí: estos siquiatras nos dejan saber quiénes son los enfermos cuando hablan de “programas específicos para el manejo de niños, adolescentes, pacientes seniles, alcohólicos, etc.”[9]

La ambigüedad del concepto “enfermedad mental” es un tema tan actual que en los años 2002 y 2003 se discutió acaloradamente a raíz de una propuesta de ley en Estados Unidos para obligar a las compañías aseguradoras a incluir a la “enfermedad mental” en la cobertura de los seguros de salud: la llamada Mental Health Parity Law.[10]

Referencias

[1] Palabras de la actriz Madeleine Stowe en la película The twelve monkeys.

[2] Leonardo Iglesias-González, citado en Gurza: Alternativas, p. 331.

[3] DSM-IV: Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales, p. xxi.

[4] María Cortina y otros: Alternativas, p. 374.

[5] Ibídem, p. 375.

[6] Carmen Rojas, citada en Milenio semanal (10 junio 2002), p. 61.

[7] María Cortina y otros: Alternativas, p. 378.

[8] Ibídem, p. 380.

[9] De la Fuente y otros: Salud mental en México, p. 411.

[10] Una detallada exposición del equívoco concepto “enfermedad mental” aparece en Szasz: Pharmacracy.

Anuncios
Published in: on mayo 15, 2009 at 1:39 pm  Dejar un comentario  

The URI to TrackBack this entry is: https://biopsiquiatria.wordpress.com/2009/05/15/si-te-sales-de-la-media-eres-un-enfermo/trackback/

RSS feed for comments on this post.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: