El suicidado de la sociedad

Mario Cantú y Leo Roy Frank fueron asaltados en hospitales que tienen como blanco a la gente de clase alta. ¿Qué sucede en los siquiátricos públicos para la clase media y proletaria?

El Hospital Fray Bernardino Álvarez es el siquiátrico más grande de la Ciudad de México. Fue fundado en honor a Bernardino Álvarez, un soldado que en el siglo XVI estuvo mezclado en un homicidio y fue condenado a las galeras; escapó en Perú donde hizo fortuna, regresó a México treinta años después y tomó los hábitos de la Compañía de Jesús. No me detendré en la folclórica vida de Álvarez; baste decir que este aventurero fundó el primer recinto de las Américas para hospedar a menesterosos, enfermos, convalecientes de hospitales, retrasados mentales, dementes y hasta sacerdotes seniles. El recinto sobrevivió a su fundador por más de tres siglos, y sólo fue clausurado en 1910, año en que se fundó el Hospital General de la Castañeda.[1]

Según las cifras oficiales, el moderno Hospital Fray Bernardino Álvarez, ubicado cerca de la calzada de Tlalpan y la avenida San Fernando, alberga a más de doscientos hombres y mujeres en el nuevo siglo. También según los voceros oficiales, la política del hospital es tenerlos internados no más de un mes. La mayoría de los internados son jóvenes que sufren de ansiedad, profunda tristeza o se les ha acusado de consumo de drogas o de tendencias depresivas y suicidas. Según Marco López Butron, el director del Fray Bernardino a principios del siglo XXI, la hospitalización de toda esta gente se hace “para tratamiento y control”.[2]

La planta baja del Fray Bernardino consiste de una serie de pasillos laberínticos. Todos los pasillos de los nueve pisos del edificio están vigilados con cámaras de circuito cerrado. Desde el interior, el edificio evoca a la Secretaría del Amor orwelliana. Hasta el final de uno de los pasillos se encuentra el cuarto donde se electrochoca a los internados. Se les hace esto a quienes se sienten muy desgraciados (“depresión severa” en el vocabulario medicalizado del hospital). En una entrevista de junio de 2002 el doctor Diego Larios, quien trabaja en el Fray Bernardino, explica que se electrochoca “para que el paciente vuelva en sí, es decir, regrese a la realidad”.[3]

Uno de los casos de individuos internados en el Fray Bernardino por haberse sentido miserable fue el de mi amigo Miguel, un periodista que me pidió que no revelara su apellido a fin de evitar el estigma, aunque está dispuesto a ser contactado a través de mí por quien se interese en su caso. En la década de los noventa Miguel estuvo internado en tres ocasiones en el Fray Bernardino, todas debido a que se encontraba anímicamente abatido y la primera ocasión debido, además, a un intento de suicidio, aproximadamente en 1990. (A diferencia de Cantú, Miguel no tiene su expediente en su poder, el cual aún se encuentra en el hospital, por lo que no puedo precisar la fecha exacta de sus internamientos.)

En contraste con la doctrina de los siquiatras, el querer abandonar este mundo es una pasión hasta cierto punto natural. Ya Cicerón decía que el necio, aun siendo infeliz, es aquél que continúa viviendo. Dejar de vivir una vida absurda debiera ser, como en la Roma antigua, un derecho civil. Se podría imaginar cómo nos sentiríamos de haber corrido con la suerte de un Cantú o un Frank, tomando en cuenta además que la sociedad no les hizo justicia. ¿No querríamos algunos quitarnos la vida? Pero como dije al hablar de cómo Amara aconsejó hospitalizar a una muchacha que quería abandonar el mundo injusto, las naciones occidentales persiguen a quienes intentan suicidarse como de antaño perseguían a los herejes. Y no sólo hay intolerancia hacia el suicidio. La sociedad nos prohibe incluso los sentimientos de desgracia, tristeza profunda y desesperanza haciendo caso omiso de las tragedias que las hayan ocasionado. La persecución de los disidentes de nuestra cultura, aquellos que osan sentirse desgraciados, recae en el médico. La increíble ideología del médico siquiatra es que las tragedias, por más graves que sean, no deben afectar nuestros estados de ánimo. Miguel recuerda que, aún aturdido por las drogas somníferas que había tomado en su primer intento de suicidio, cuando llegó al Fray Bernardino llevado por su hermano “había más de tres médicos” en un cuarto, según me confesó.

Y ellos [le] estaban sugiriendo a mi hermano aplicar electroshock. Mi hermano, incluso recuerdo, y después sí me lo comentó, lo tomaba como un chiste: algo del pasado. Creíamos que ya no existía eso. Bueno, mi hermano, sin dudarlo por supuesto, dijo que de ninguna manera. Yo recuerdo, pero no, no sé textualmente, que le hicieron ver los, este, los “beneficios” de esta práctica. ¡Ja, ja, ja! Seguramente me iban a domar, o a experimentar conmigo.

Esta conversación fue grabada en 2002. Miguel me contó que una vez internado en el Fray Bernardino “te tienen como en observación en un cuarto donde hay veinte gentes más, y algunos de ellos graves; te dan una pijama [risa] para andar todos vestidos igual”. Luego los siquiatras iniciaron el tratamiento. Miguel estaba decidido a no tomar las píldoras que los siquiatras y sus enfermeras querían que tomara, pero éstos le pusieron un ultimátum: “¡Entonces sí te amarramos y te inyectamos!” Miguel tuvo que tomar el neuroléptico. “Y vigilaban que lo tomara, e incluso tenía que mostrarles la boca. A mí me daban muchas ganas por supuesto de volverlas [vomitarlas], pero estás recluido en un cuartito. Yo sabía que, que estas pastillas me iban a hacer daño; tenía idea que me estaban haciendo daño, en vez de hacerme bien”. Le daban cuatro y hasta seis píldoras al día “y yo no entendía”, me dijo.

En su ingenuidad Miguel creía que la función del hospital siquiátrico “era hacerme exámenes sicológicos”. O aún mejor: que pudiera desahogarse con alguien sobre el problema existencial que lo había orillado a atentar contra su vida. Miguel ignoraba que para los siquiatras las tragedias de la vida no existen: sólo los neurotrasmisores aberrantes que hay que bloquear mediante químicos artificiales.

En lugar de encontrar al oído amigo que necesitaba, la regla del Fray Bernardino era que los internados “tenían que estar todo el tiempo, día y noche, acostados”. En la desesperación de reposar en cama a lo largo del día Miguel pidió permiso de levantarse para hacer abdominales en el suelo “porque me estoy entumeciendo aquí sólo acostado”, les dijo a los enfermeros. El permiso le fue denegado, cosa que me recuerda un pasaje en que Winston y otros presos de la Secretaría del Amor no tenían permitido moverse en sus respectivas sillas. En otra ocasión le dijeron que había cuartos de aislamiento en el hospital “y constantemente sentía latente que me drogaran y me enviaran al cuarto del electroshock”. Una vez más, esto me recuerda al temido cuarto 101 de la novela de Orwell. Afortunadamente, gracias a que su hermano no firmó el permiso para que lo electrochocaran, Miguel se salvó; pero muchos otros no salieron ilesos de la institución.

En 1998, durante otro de sus internamientos en el Fray Bernardino, una decena de practicantes universitarios “todos con batas pero muy, muy jóvenes” rodearon la cama donde Miguel tenía que yacer acostado, y el médico “les explicó qué clase de espécimen era yo”. Aunque Miguel tomó con humor la experiencia, otros toman las vejaciones siquiátricas a pecho. Una señora llamada Angélica, otra de las personas que en los años noventa fue internada en el Fray Bernardino y de la que tampoco mencionaré su apellido para evitar el estigma, me contó que había visto a un internado amarrado por las cuatro extremidades, quedando su cuerpo crucificado en forma de X (como había despertado Cantú en el San Rafael). Esta es una vejación tan común en este tipo de hospitales que se la aplicaron al conocido pintor mexicano Feliciano Béjar en uno de los casos más sonados de vejación siquiátrica en México.[4]

A Miguel le llamó mucho la atención que, en las tres estancias que estuvo en el Fray Bernardino, viera que eran los mismos padres quienes llevaban a sus hijos al hospital. Esto fue lo que Kate Millett decía de la siquiatría de su país. Miguel me contó que en el Fray Bernardino presenció el caso de una madre que acusó a su hijo adolescente de que “fumaba mariguana”. En cuanto la madre pronunció esa palabra, el muchacho “agachó la cabeza” y los médicos “empezaron a hacer los trámites para aceptar a este joven”. Esta ciencia que siempre defería ante las normas sociales y la voluntad parental sorprendió mucho a Miguel. Los drogadictos que Miguel vio estaban cuerdos al ingresar al Fray Bernardino “y era claro que eran papá y mamá quienes los habían llevado”. Estas palabras también se refieren a su última estancia, en 1998. “No, no creo que las personas que caen a un hospital siquiátrico sea para bien. Empeora su situación. Incluso si llegas simplemente con, je, con haber experimentado un pequeño cigarro de mariguana corres el riesgo de este, de volverte maníaco depresivo o de algo”. Este es exactamente el tema de la película brasileña Bicho de siete cabezasde la directora Lais Bodansky, basada en un hecho real.

Miguel, quien fue periodista in situ en la guerra de Yugoslavia y que al momento de escribir estas líneas continúa ejerciendo el periodismo, concluye que “en la guerra hay solidaridad; en la depresión, no”. En un ataque de abismal melancolía “no hay nada contra la prevención del suicidio” nos dice. Y añade que en esos casos la sordera social condena al individuo a una situación límite en la que “la soledad es total”.

—Y como en el mundo de los normales no hay con quién hablar, si con mi pareja no era posible, mamá y papá descartados desde hace mucho, y este, y los amigos, pues la mayoría caen en este asunto de la amistad y te intentan seducir ¿no? Pero escucharte…

—¿Cómo que seducir?

—Digo seducirte en el asunto que: “¡Nooo, Miguel, mira, nooo…!”

—¡Ah! O sea: atole con el dedo, claro.

—Entonces, yo, yo me parecía que tal vez tenía que hablar con, con una piedra o simplemente con alguien que te escuche.

“Atole con el dedo” es caló mexicano: quise decir que los cercanos dan consejos o esperanzas inanes a quien se encuentra al borde del abismo. Al final de nuestra conversación, Miguel estuvo de acuerdo en que esa actitud de los seres queridos causa un pánico mayor que el de la guerra: la guerra que él mismo vivió en Yugoslavia.

En este punto puede entenderse por qué eludí la palabra “depresión” en los párrafos anteriores y escogí la frase “anímicamente abatido” al hablar de la condición de Miguel. Al menos como la usan los siquiatras, la palabra depresión no sugiere el sufrimiento legítimo que viene acompañado de tragedias humanas. También podrá entenderse por qué hay que revitalizar el género de la autobiografía romántica olvidado desde el surgimiento de las llamadas ciencias de salud mental. En vez de conocernos, nuestra época fomenta las píldoras. (Debo decir que, cuando escribo esta frase en un restaurante con televisión sintonizando la Copa Mundial de futbol, aparece Pelé en un comercial diciendo que una droga siquiátrica de la compañía Pfizer puede “mejorar tu vida sexual”.) Creemos que sólo la autobiografía de un alma en pena será capaz de acercarnos al alma humana, a un Miguel en su soledad por ejemplo, y cómo fue que la sociedad sorda lo orilló a atentar contra su vida. Este es el tema de El suicidado de la sociedad: el libro de Antonin Artaud sobre van Gogh. El estudio poético del yo es la proverbial antítesis del enfoque cientista y biorreduccionista de la siquiatría actual, donde los sentimientos han desaparecido y lo único que nos queda para entender nuestras tragedias es la fisiología cerebral mamífera y la neurología mecanicista de las facultades de medicina: la persona entendida como una unidad de carbono exclusivamente, y, las humanidades, reducidas a la ciencia.

Referencias

[1] Un relato de la vida de Fray Bernardino Álvarez aparece en Germán Somolinos D’Ardois: Historia de la psiquiatría en México (Biblioteca SEP, ejemplar fuera de comercio, 1976).

[2] Marco Antonio López-Butron, citado en Paul Lara: “Un paseo por Babel” en Milenio semanal (10 junio 2002).

[3] Diego Larios Villanueva, citado en ibídem.

[4] Al momento de escribir, don Feliciano Béjar, quien cuenta con más de ochenta años, aún vive y continúa luchando para vindicar, por la vía legal, el agravio del que fue víctima en 1991 en el siquiátrico privado llamado Instituto Mendao, actualmente clausurado. Don Feliciano me contó su historia personalmente, y me obsequió una copia de su demanda contra los siquiatras que lo torturaron en el Mendao.

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Published in: on mayo 15, 2009 at 10:55 pm  Comments (15)  

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15 comentariosDeja un comentario

  1. mi hijo tenia 27 añoes se suicido, queciera saber cuales fueron las causas de su determinaciòn, se veia con anciedad, desesperado, con miedos

  2. hoy 19 de enero del 2010 , mi padre y yo con mucho miedo y muchas dudas, y también mucho dolor y desesperación, decidimos internar a mi hermano en el El Hospital Fray Bernardino, Diagnostico Esquizofrenia desorganizada (véase esto para saber un poquito mas en que consiste esta enfermedad). Al leer este articulo me he quedado helada. ¿¿¿Qué hacer entonces??? me gustaría saber mas testimonios sobre personas que han ingresado a este hospital que les aya o no servido de algo gracias ….

    • Gracias Alejandra por tu comentario.

      Yo vivo muy cerca del Fray Bernardino. Es un lugar siniestro. En México hay hospitales (“casas de medio camino” mejor dicho) mucho menos horribles, como en el estado de Hidalgo. Sugeriría que cambiaras a tu hijo de lugar. Si deseas podríamos concertar una breve cita tomando en cuenta lo cerca que estamos.

      Un saludo,

      El autor.

      • Hola. Me interesa contactarte para una entrevista. Te dejo mi correo: velma.mayen@gmail.com

      • Te acabo de enviar un mail con mi celular.

  3. Puedes buscar información científica acerca de las ventajas de la terapia electroconvulsiva y descubrirás que es uno de los métodos más eficaces y menos dañinos utilizados en psiquiatría en los cenros más avanzados del mundo, como los principales de Europa.

    Estos prejuicios y difusiones son los que hacen que los pacientes con enfermedades psiquiátricas sean discriminados o en otro caso, que no pidan ayuada por todos los falsos conceptos alrededor de ésta práctica, perdiéndose tiempo en el tratamiento.

    Te envío mis respetos

    • betmarrot:

      Estás influenciado por la desinformación universitaria.

      El objeto del electroshock es un lavado de cerebro. “Lavar el cerebro” significa, literalmente, lavarlo de su contenido, es decir, de sus ideas. El electroshock destruye las ideas y las memorias al destruir las células cerebrales que las contienen. Después del tratamiento es posible reprogramar a los sujetos electrochocados. Como reconocieron los siquiatras J. C. Kennedy y David Anchel: “Sus mentes parecen tabulas rasas donde podemos escribir”.

      El procedimiento es el siguiente. Se aplica jalea en las sienes para aumentar la conductividad eléctrica de la persona a electrochocar y se le inyecta una droga en sus venas para producir una anestesia total. Un respirador artificial se deja de usar cuando la víctima puede volver a respirar por sí misma después del disparo eléctrico de 70 a 400 voltios de sien a sien. El blanco del ataque son los lóbulos frontales, el orgullo del Homo sapiens, al provocar artificialmente un ataque epiléptico. El ataque es tan severo que hace tiempo, cuando el cuerpo no se sujetaba y paralizaba con drogas, el espasmo muscular ocasionalmente rompía las vértebras de la persona. Aún con estas drogas el siquiatra está atento a que su víctima anestesiada tenga un espasmo involuntario, una encorvadura hacia arriba, que le permite saber si el martillazo eléctrico “funcionó”. Sin esta reacción el siquiatra continúa aplicando shocks hasta obtener la reacción deseada. En los instantes subsecuentes las ondas del electroencefalograma marcan por unos segundos una línea recta: muerte cerebral. Millones de células cerebrales mueren. En las salas del electroshock se encuentra un desfibrilador: un equipo de emergencia para resucitar el corazón de la persona electrochocada en caso de paro cardíaco.

      Algunos médicos reconocen que el electroshock es perjudicial. Antes de que los siquiatras se volvieran más cautos en sus pronunciamientos, Max Fink reconoció que el electroshock se asemeja “a un severo trauma en la cabeza” y sostuvo que “la terapia convulsiva provee un excelente método experimental para los estudios del trauma craneocerebral”. Las mismas autopsias de los sujetos electrochocados que murieron mostraron que el electroshock causó hemorragias cerebrales, especialmente en el área de la corteza cerebral. Tanto le temen los pacientes al martillazo eléctrico que en los hospitales siquiátricos es común ver a las víctimas siendo arrastradas por los enfermeros hacia el cuarto del electroshock.

      Pero el dato clave para entender la práctica es señalar algo que el hombre de la calle ignora. El electroshock sólo se administra a los cerebros perfectamente sanos. No se aplica en los cerebros enfermos, digamos, de un glioma o tumor maligno. Como lo han denunciado los críticos de la siquiatría a lo largo de las décadas, el objeto del electroshock es simplemente matar neuronas sanas y producir pérdida de memorias en el sujeto cuya conducta se desea controlar. Esto es exactamente lo que ocurre con la lobotomía, a la que con fines eufemísticos los cirujanos ya no la llaman así. Psicocirugía significa extirpar porciones sanas del cerebro de quien se desea controlar. Neurocirugía significa operar cerebros genuinamente enfermos, como de un tumor canceroso (aunque muchos profesionales las mezclan, es pertinente distinguir entre seudociencia siquiátrica y ciencia neurológica).

      C.

      • es terrible es inhumano aunque estas personas esten fuera de la realidad sufren estos metodos arcaicos les ocacionan dolor y hasta la muerte ojala que la medicina evolucionara mas y se dejara de lastimar asi a estas personas.

  4. disculpen los horrores ortograficos. olvide quitar el autotexto de word

  5. es la primera vez que pongo esto en “papel” y me tiemblan las manos. supongo que lo hago porque aca nadie sabe quien carajo soy. gracias por la pagina me fue de mucha utilidad ver esas historias. me siento un poco menos solo. respecto al electroshock. imaginen cortocircuitar la placa de su pc para hacer un reset y pretender que ande mejor. pues ahora imaginen algo mucho mas sofisticado y delicado que una pc. el caracter acientifico del electroshock lo convierte en una aberración insostenible.

  6. Por desgracia, hay mucha gente en el mundo que considera a la “ciéncia oficial” como la mera neta, como dioses de la verdad, y ésto no es cierto, porque los científicos son humanos que pueden equivocarse y hasta actuar de mala fe.

    ¿El remedio? ¡Informarse! No quedarse con lo que te dice el psicólogo o el psiquiátra o un tipo desconocido de la internet.

    Quizá muchos de ustedes no lo sabían, pero la psiquiatría es considerada una pseudo-ciéncia incluso en boca de los psicólogos y en otras áreas científicas.

    Dejo aquí unos links, con el único fin de que se informen un poco más sobre este cáncer de la ciéncia llamada psiquiatría.

    Los Psiquiatras: http://www.grupoelron.org/quienes/lehx_psiquiatras.html

    Psiquiatría, ¿Pseudociéncia?: http://aziroet.com/lavacaesferica/2011/01/26/psiquiatria-¿pseudociencia/

    La psiquiatría no es medicina: http://documentacionydenuncia.blogspot.com/2010/07/la-psiquiatria-no-es-medicina.html

    La verdad sobre la psiquiatría: http://www.grupoelron.org/quees/laverdadpsiquiatriai.html

    Trastornos mentales: http://www.grupoelron.org/quees/epdlsviii_transtornosmentales.htm

  7. Estoy muy asustada por todo lo que he leido. Pero a la vez doy gracias a los comentarios y vivencias de las personas en el Fray Bernardino. Ojala la realidad que se vive en ese lugar puediera ser conocida. ya sea en un documental por canal 11

  8. Como esta en la actualidad el Juan N. Navarro?

    • No tengo idea. Desde que finalicé mi investigación a la siquiatría me he dedicado al tema del suicidio étnico en Occidente (migración masiva de no blancos a Europa, etc). Si quieres estar al día hay un montón de sitios en inglés que denuncian la siquiatría del año 2014. Saludos.

  9. Que bueno que hay esta información uno piensa a veces que será lo mejor para nuestro familiar que sufre y para uno como familiar amigo o conocido uno ya desesperado toma esto como alternativa ya por que creemos que ya no tiene remedio y todos sufren


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