La carta de un siquiatra de buen corazón

EN UN lugar de internet aparece la foto de Justin, un niño de unos cuatro años de edad con expresión de súplica, y dice:

Conoce a Justin: un niño con una enfermedad mental. Justin fue diagnosticado con el trastorno obsesivo compulsivo que le hacía difícil tener éxito en la escuela. Actualmente la medicación le ayuda a Justin a ir a las clases con sus compañeros y a evitar la conducta incontrolable que tenía con anterioridad.[1]

Al final de “Padres abusivos y siquiatras” había mencionado a una organización de padres de familia que se autonombra Alianza Nacional para Enfermos Mentales (NAMI por sus siglas en inglés). Esta organización publicó la página web sobre Justin. Aunque hay otras organizaciones norteamericanas más antiguas que NAMI como NMHA, o más grandes como CHADD (ambas por sus siglas en inglés), he escogido hablar de NAMI porque ejemplifica mejor la asociación delictuosa entre padres abusivos y siquiatras. Como el eje de este libro es esa asociación, es pertinente ahondar un poco más sobre esta organización de padres que, con la ayuda de siquiatras, ha etiquetado, drogado y hospitalizado a incontables niños y adolescentes durante conflictos familiares. Últimamente NAMI ha cobrado tal poder en la sociedad norteamericana que me siento obligado a hablar de lo que le está haciendo a pequeños como Justin, aunque tenga que hacer estómago para enfrentar la mayor sarta de mentiras siquiátricas y propaganda novohablística que conozco. Citaré otras páginas del lujoso cibersitio de esta organización. Leamos con atención las mentiras de NAMI. La siguiente es una de sus reseñas de libros, It’s nobody’s fault (No es culpa de nadie) de Harold Koplewicz, un siquiatra de niños y adolescentes en un centro médico de Nueva York:

It’s nobody’s fault no pudo haberse escrito hace veinticinco años. El libro refleja el monumental cambio que ha tenido lugar en el entendimiento de todas las enfermedades mentales: que son trastornos cerebrales, disturbios en la química cerebral y que no es culpa de nadie. Esta obra trata sobre trastornos cerebrales serios en niños y adolescentes […]. Los padres de familia no pueden perderse de leer el libro de Koplewicz. Es indispensable para aquellos que sienten culpa o remordimientos acerca del trastorno cerebral de un hijo.[2]

Las palabras del reseñador resuenan a aquellas palabras de las que hablaba al final de la primera parte a raíz de una confesión de mi hermano. Ahora me resulta evidente que este tipo de infames calumnias hacia los hijos de familia es un lugar común en la profesión (declarar que el cerebro de un miembro de la familia está enfermo sin ningún tipo de pruebas físicas es obvia difamación). Al igual que Amara, NAMI no habla de verdaderas enfermedades cerebrales como epilepsia, embolias o cisticercosis cerebral sino de las inventadas por los siquiatras. La lista de NAMI incluye: “esquizofrenia, trastorno bipolar o enfermedad maníaco depresiva, depresión severa, trastorno obsesivo-compulsivo [la etiqueta al pequeño Justin] y severos trastornos de ansiedad”.[3] Como entidades somáticas, estas enfermedades son tan quiméricas como drapetomanía, distesia etiópica, ninfomanía, cleptomanía e insanía moral para la mentalidad siquiátrica de otros tiempos (de las que hablé en la primera parte). En “Cosas que usted debe saber sobre NAMI” esta organización declara quiénes son el blanco de estas etiquetas: “Lo más frecuente es que las enfermedades mentales severas se diagnostiquen en gente joven entre dieciséis y veinticinco años”.[4] Más extraordinaria es la agenda de esta organización de padres de familia hacia sus hijos:

META: NAMI será reconocida como la fuente primaria de información y referencia sobre todos los aspectos de las enfermedades mentales. El público general entenderá que las enfermedades mentales no son culpa de nadie; están basadas en lo biológico, son tratables y eventualmente podrán curarse.[5]

Una encuesta que NAMI hizo a novecientos padres a finales del siglo es ilustrativa. Mostró que más de la mitad de los padres encuestados dijo que sus médicos generales no reconocían las enfermedades mentales que los encuestados creían ver en los hijos.[6] En otras palabras, según NAMI son los padres, no los médicos, quienes pueden diagnosticar enfermedades biomédicas. Esto es lo que en la primera parte decía Jeffrey Masson del hijo identificado por sus padres. Un siquiatra de alto rango implicaba que los padres no erraban al hacer diagnósticos caseros y hasta citaba revistas de siquiatría académica para fundamentarlo. Los padres de NAMI también usan la palabra “identificado” aludiendo a alguno de sus hijos. La obcecación de NAMI es tal que incluso cuando escuchan la opinión de un médico humanitario de que los conflictos en el hogar pueden afectar al niño, proclaman la causa biológica de los mismos:

Los padres [de la mencionada encuesta] percibieron que la mayoría de los profesionales y servicios no están al corriente con las últimas investigaciones y tratamientos, y que usan viejas teorías como culpar a los padres del trastorno de su hijo. “Llevé a mi hijo al siquiatra y dijo que si nosotros, los padres, dejábamos de pelear, mi hijo estaría bien; que era nuestra culpa”.[7]

NAMI cita estas palabras como prueba de que el siquiatra humanitario no estaba al tanto del último grito de moda en el reduccionismo biológico, descartando la posibilidad de que estas peleas entre papá y mamá pudieran afectar al niño. La siguiente es una cita sobre otros padres:

La mayor dificultad con que nos topamos cuando nuestra hija comenzó a manifestar problemas cuando tenía cinco años fue convencer a los “profesionales” que ella realmente tenía una enfermedad biológica no causada por malos tratos o mala crianza.[8]

¿Habrá otro grupo que se atreva airar a los cuatro vientos que los padres saben más de síntomas biomédicos que los médicos? Además de estos médicos humanitarios, es revelador que algunas personas que conocen a los padres encuestados tienen la impresión de que éstos pudieran tener algo que ver con el estado mental de sus hijos. Esto se desprende de la misma información de la encuesta de NAMI. A la afirmación “Siento que otros me culpan frecuentemente de la condición de mi hijo” el 29 por ciento de los encuestados marcó el apartado “Estoy completamente de acuerdo”, el 21 por ciento “Estoy de acuerdo” y el 20 por ciento “Quizá estoy de acuerdo”. Es decir, el 70 por ciento de la gente que conoce a estos padres pueden sospechar una etiología parental del problema. No obstante, nada le molesta más a NAMI que “la injusticia de culpar directamente a los padres”.[9] NAMI dice que las enfermedades mentales afectan “a una entre cinco familias” y “alrededor del 20 por ciento de niños y adolescentes”, y que “se calcula que 7.5 millones de niños [en Estados Unidos], 12 por ciento menores de dieciocho años, tienen trastornos mentales”.[10] Es divertido observar que esta última cifra contradice a la citada anteriormente. Laurie Flynn, una directora de NAMI en los 1990, dijo además que “más de los dos millones de americanos que padecen esquizofrenia actualmente reciben tratamientos por debajo de la norma”.[11] Como han señalado algunos críticos de esta organización de padres de familia “preocupados”, NAMI no sólo inventa enfermedades: también inventa epidemias. Son los padres controladores que se subscriben a NAMI los que hacen perfecta mancuerna con siquiatras tipo Amara para drogar involuntariamente a uno de sus hijos, por más cuerdo que esté.

Aunque parezca increíble, una organización que ve epidemias quiméricas en la población muy joven ha influido la política americana. El 7 de junio de 1999 se convocó la primera conferencia de salud mental en la Casa Blanca donde hablaron el presidente Bill Clinton y Harold Koplewicz, autor del libro que NAMI reseñó arriba. En la conferencia Koplewicz tuvo el descaro de decir que los traumas, por más serios que sean, no causan perturbaciones emocionales en los niños y adolescentes. La primera dama, Hillary Clinton, estuvo de acuerdo y propuso un plan federal para forzar a los hijos a tomar drogas siquiátricas contra su voluntad con el apoyo de jueces locales y trabajadores sociales sin necesidad de internarlos.[12] La conferencia de la Casa Blanca fue realizada por influencia de Tipper Gore, la esposa del vicepresidente: una ciega creyente en NAMI.

¿Cómo fue posible que NAMI haya obtenido tal poder en la sociedad americana? Según la revista Mother Jones, de 1996 a 1999 dieciocho firmas que manufacturan drogas siquiátricas le donaron casi doce millones de dólares a NAMI: Janssen ($2.08 millones), Novartis ($1.87 millones), Pfizer ($1.3 millones), Abbot Laboratories ($1.24 millones), Wyeth-Ayerst ($658,000), Bristol-Myers Squibb ($613,000) y Eli Lilly, que entre otros psicofármacos manufactura el antidepresivo Prozac y el neuroléptico Zyprexa ($2.87 millones).[13] Muestra más clara de una confabulación entre padres intolerantes (NAMI), siquiatras, el libre mercado y el gobierno mismo es difícil de hallar. Pero ¿por qué la profesión médica se presta a este juego?

De los tres mil millones de dólares de ganancias que recibieron los siquiátricos estadounidenses en 1989, sólo el encarcelar a los niños y adolescentes proporcionó más de mil millones: la tercera parte. En ese año más del 30 por ciento del encarcelamiento de niños y adolescentes se basaba en etiquetas siquiátricas como “trastorno negativista desafiante”, “trastorno de conducta” y “trastorno por ajuste en adolescentes”. En tiempos recientes más de 300,000 adolescentes y pre-adolescentes fueron internados temporalmente cada año en Estados Unidos.[14] Esto se debe a que en su sección de “Infancia, niñez y adolescencia” en los últimas decenios la Asociación Psiquiátrica Americana ha agregado nuevas conductas a su manual DSM. Así que la causa de este movimiento social es el lucro. La cantidad de padres que no se percatan que al vapulear a uno de sus hijos le ocasionarán graves problemas emocionales (confiérase mi libro anterior) es legión. Por lo mismo, este tipo de padres representan un mercado gigantesco para que el consorcio de siquiatras y multinacionales farmacéuticas los embauque en drogar al niño. Culpar a la biología del niño maltratado hace que los padres jamás tomen conciencia de lo que le hicieron. Drogarlo con neurolépticos es la solución final para silenciar las quejas y los estragos emocionales que ellos mismos causaron. Debe recordarse en este punto que un reporte de 2001 evaluó al mercado de neurolépticos en cinco mil millones de dólares al año.

La existencia de NAMI y de otras organizaciones similares en pleno siglo XXI hace que comprenda mucho mejor lo sucedido con mis padres y un siquiatra hace ya tantos años; y exhibe a la siquiatría como lo que ha sido y será hasta su abolición: una profesión compuesta de seudocientíficos mercenarios que abogan por los intereses de la gente pudiente. Las metas de NAMI (“La voz de la nación sobre enfermedades mentales” reza su logotipo) de controlar, estigmatizar y drogar a sus hijos rebeldes son tan abiertas y descaradas que debo continuar citándolas:

Metas políticas de NAMI: Un incremento del financiamiento federal y la investigación de proyectos de ley para la Casa de Representantes y el Senado teniendo como blanco a niños […]. Una gran participación de siquiatras entrenados en siquiatría infantil y adolescente para diagnósticos y tratamientos, incluyendo el tratamiento en residencias [hospitalización involuntaria]. Identificar al menos tres barreras del gobierno federal que obstaculicen el tratamiento de niños con serias enfermedades mentales, con el fin de apelar a las autoridades federales correspondientes y del Congreso para hacer algo sobre tales barreras.[15]

La mentira que más repite NAMI fue la misma mentira de Amara: que estos chicos tienen “trastornos biológicos del cerebro”. Esto me recuerda que en tiempos de Stalin no había discurso o desplegado oficial de la prensa rusa en que no se mintiera sobre alguna estadística de propaganda o asunto social. Pero sigamos escuchando a los americanos:

NAMI cree que los niños y adolescentes con trastornos cerebrales tienen derecho a prosperar en medios propicios de crianza; que todos los niños y adolescentes con trastornos cerebrales merecen diagnósticos tempranos y tratamientos adecuados.[16]

Orwell no podría haberlo dicho mejor en nuevahabla. Si NAMI llegara a realizar sus distópicas metas, la imagen que me llega es la de un sujeto pisando con dos botas la cara de su hijo y mirando hacia abajo en nombre de su crianza, diagnóstico y tratamiento. Orwell escribió: “Doce voces gritaban y todas eran iguales. No había duda de la transformación ocurrida en las caras de los cerdos. Los animales asombrados pasaron su mirada del cerdo al hombre y del hombre al cerdo, y nuevamente del cerdo al hombre; pero ya era imposible distinguir quién era uno y quién era el otro”.[17] Aunque creo que en este punto en especial exageró sin lugar a dudas, Szasz citó este pasaje de Rebelión en la granja en uno de sus libros porque teme que con el tiempo las diferencias entre lo que fue el Estado Comunista Soviético y lo que podría llegar a ser el Estado Terapéutico Americano sean indistinguibles.

Otra iluminadora cita es una carta de renuncia del conocido siquiatra Loren Mosher al presidente de la Asociación Psiquiátrica Americana, el doctor Rodrigo Muñoz fechada el 4 de diciembre de 1998:

Estimado Rod,

Después de casi tres décadas como miembro, con una mezcla de placer y desencanto presento esta carta de renuncia a la Asociación Psiquiátrica Americana. La razón principal es mi creencia de que en realidad estoy renunciando a la Asociación Psicofarmacológica Americana. Afortunadamente, la verdadera identidad de la organización no requiere de un cambio de siglas [APA].

Este no es un grupo para mí. A mi parecer, en este momento de la historia, la siquiatría ha sido casi completamente comprada por las compañías de drogas. La APA no podría continuar sin el apoyo de las compañías farmacéuticas […].

Ya no buscamos entender a las personas enteras en sus contextos sociales. Más bien, intentamos realinear los neurotrasmisores de nuestros pacientes. El problema es que es muy difícil tener una relación con un neurotrasmisor, cualquiera que sea su configuración.

Así, nuestra organización provee un móvil, con su visión túnel neurobiológica, para mantenernos a distancia de los conglomerados moleculares que hemos definido como pacientes […]. Me entristece que después de treinta y cinco años como siquiatra ahora deseo distanciarme de la organización. De ninguna manera esta organización representa mis intereses. No puedo estar involucrado en el actual modelo biomédico y reduccionista proclamado por el liderazgo siquiátrico como un matrimonio con la medicina somática. Esta es una cuestión de moda, política y, como la conexión con la firma farmacéutica, de dinero.

Además, la APA se ha aliado vergonzosamente con NAMI —no recuerdo que a los miembros se nos haya preguntado si apoyábamos a tal organización—, de manera que las dos organizaciones han adoptado creencias públicas similares sobre la naturaleza de la locura. Mientras que profesan defender a sus clientes, la APA está apoyando a quienes no lo son —los padres— en sus deseos de controlar, vía la subordinación legalmente implementada, a sus hijos locos/malos. Con el tácito apoyo de la APA, NAMI ha emprendido un programa pro neurolépticos y de un fácil internamiento a siquiátricos que viola los derechos civiles de los hijos; y la mayoría de nosotros nos mantenemos al margen y permitimos que este programa fascista siga adelante […].

Este matrimonio por conveniencia entre la APA, NAMI y las compañías de drogas —quienes apoyan a ambos grupos por su posición común en pro de las drogas— es una abominación. No quiero parte alguna en una siquiatría de opresión y control social […].

Por último ¿por qué debemos en la APA decir que sabemos más de lo que sabemos? El DSM-IV es una invención bajo la cual la siquiatría busca la aceptación general de la medicina. Los insiders sabemos que es un documento más político que científico […]. El punto central es ¿qué nos dicen las categorías? ¿Representan en realidad a la persona con un problema? No, ni lo pueden hacer porque no existen criterios externos de validación para los diagnósticos siquiátricos. No hay pruebas de sangre ni lesiones anatómicas específicas para ninguno de los principales trastornos siquiátricos. ¿Así que qué estamos haciendo? La APA es una organización que implícitamente, y algunas veces también explícitamente, ha caído en un fraude teórico […].

Hemos olvidado un principio básico, tener como causa la satisfacción del paciente/cliente/consumidor. Cómo recuerdo la sabiduría de Manfred Bleuler: “Loren, nunca debes olvidar que eres el empleado de tu paciente”. Al final, ellos determinarán si la siquiatría sobrevive en el mundo mercantil.

Atentamente,

Dr. Loren R. Mosher.

Esta confesión de un apóstata de la siquiatría biologicista muestra que hay gente buena en todos lados, incluso en esa profesión.

Referencias

[1] nami.org. Abrí estas páginas NAMI que estaré citando el año 2000, las cuales cambiaron de dirección ahora que intenté abrirlas nueve años después. Afortunadamente, poseo los impresos de todas las páginas que cito.

[2] Ibídem. Esa página tenía de título “Reseñas NAMI de libros”. En Reclaiming your children: a healing plan for a nation in crisis (Perseus, 2000), páginas 22ss. Peter Breggin rebate lo que Koplewicz dice en el libro reseñado.

[3] Véase nota 58.

[4] Ibídem.

[5] Ibídem.

[6] Ibídem.

[7] Ibídem.

[8] Ibídem.

[9] Ibídem.

[10] Ibídem.

[11] Ibídem.

[12] La información sobre lo dicho en la conferencia de la Casa Blanca proviene de Breggin: Reclaiming our children, chapter 2.

[13] Citado en Richard Gosden y Sharon Beder: “Pharmaceutical industry agenda setting in mental health policies” in EHSS (Autumn/Winter 2000), p. 149.

[14] Joe Sharkey: Bedlam, p. 93.

[15] Véase la nota 58.

[16] Ibídem.

[17] La cita de Szasz son las últimas palabras de Rebelión en la granja de Orwell. En un capítulo de The therapeutic state (Prometheus Books, 1984) Szasz compara a la siquiatría soviética con la americana en detrimento de la última. Tomé la imagen de las botas en la cara como símbolo de desalmada opresión de un pasaje de 1984.

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Published in: on mayo 16, 2009 at 10:43 am  Comments (6)  

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6 comentariosDeja un comentario

  1. Buenas Noches, me llamo Teresita, practico la Psiquiatria … y en fin me encanta leer todo esto porque me siento reconfortada. Es algo en lo cual estoy totalmente de acuerdo… TAmbien de acuerdo en los escritos de Cesar, los análisis, etc. sobre el origen de la Depresion.. hoy encontre este sitio y voy a dormir más tranquila todavia… Muchas gracias… y tambien soy “fan” de Allice Miller….

    Hasta pronto,

    Teresita del Niño Jesús Gallardo Morfin,
    Hermosillo, Sonora, MEXICO

  2. La siquiatria alternativa mira desde otro angulo las terapias de curacion y la sicologia perenne es una buena ayuda tambien.

  3. Hola, vivo en España y mis padres y los doctores están abusando de mí sin que yo tenga enfermedad mental alguna, ¿qué me recomienda? No sé ni dónde ni a quién acudir.

    • Raúl

      La experiencia que, por décadas tuve (aún después de salir de casa cuando quise comunicarme con terapeutas), es que nadie, absolutamente nadie me quiso escuchar hasta 22 años después de la tragedia en el hogar (una amiga no terapista).

      Estamos ante el tabú más potente de la sociedad.

      En México me costó horrores salir del país, pero en España, supongo que hay más oportunidades económicas que en el Tercer Mundo y es más fácil para un muchacho independizarse.

      Sugeriría que leyeras mi libro Hojas Susurrantes.

      Un saludo.

  4. soy padre de una hija de 14 años le diagnosticaron retraso sico-motor
    falta de control de impulsos y un toc. actualmente se le sumistra el
    medicamento invega susustena , paxil y otedram , después de leer los
    artículos de esta pagina sospecho que estoy deteriorando severamente
    el cerebro de mi niña , quería preguntar que alternativas puedo tener
    muchas gracias por atender lo anterior
    y dios la bendiga.

    • Infortunadamente en América no hay alternativas a la siquiatría iatrogénica que deja peor a gente como tu hija; sólo en Finlandia y en otros países europeos existe la alternativa. Sugeriría que leyeras el artículo en este blog sobre “Qué hacer en casos de auténtica perturbación mental.”

      En caso que el problema de tu hija sea puramente neurológico, acude a un neurólogo que jamás recete drogas siquiátricas.


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