Por qué jamás debemos llamarle a nadie “esquizofrénico”

Aquél que desee avanzar, incluso con el más pequeño de los pasos, deberá primero liberarse a sí mismo de la palabra, de las supersticiones de los nombres y de la tiranía del lenguaje. –Fritz Mauthner [i]



En una entrevista de 1971 Theodore Lidz declaró:

Personalmente, como puede que sepa, no considero la esquizofrenia como una afección o una enfermedad, sino más bien como un determinado tipo de reacción ante una organización enferma, como un trastorno de la personalidad [...]. Si bien yo utilizo la palabra esquizofrenia, por ejemplo, creo que nunca diría que un paciente tiene esquizofrenia. Nosotros decimos que un paciente es esquizofrénico.[ii]

A lo largo de su larga carrera—yo llegué a hablar por teléfono con él casi al final de su vida—, Lidz rechazó que la “esquizofrenia” fuera biológica. Pero esa palabra es la palabra equivalente a “bruja” en tiempos de la Inquisición. De haber vivido Lidz en esa época ¿le habría gustado que un inquisidor dijera que su madre era una bruja (como le dijeron a Johannes Kepler)? Hugh Trevor-Roper, quien estudió ese capítulo negro de la historia, ha dicho que la cacería de brujas sólo cesó hasta que occidente cuestionó la idea de Satán: es decir, hasta los albores de la Ilustración. Lo mismo puede decirse de la siquiatría, que ya lleva trescientos años de existencia, el tiempo que duró la Inquisición.

Ronald Laing, otro siquiatra no biologicista, seguía la misma política semántica que su colega Lidz. Laing escribió:

Quizá aún podamos retener el ahora viejo término y leerlo en su significado etimológico, esqui, roto; frenos, alma o corazón. El esquizofrénico en este sentido es alguien con el corazón roto, pero aquellos con corazones rotos pueden curarse si se lo permitimos.[iii]

Esta postura se solidariza con la víctima. Pero Laing no pareció advertir que en la praxis el término que retuvo se usa como cachiporra semántica para revictimar a esa víctima. Aunque Laing fue considerado el antisiquiatra por excelencia, falló en hacer una crítica al lenguaje, la más básica de todas las críticas. No abandonó las palabras “esquizofrenia” y “esquizoidismo” a pesar de los casos en que los siquiatras las usan como estigma en la cara de adolescentes cuerdos.

Se me podrá objetar que el diagnóstico de esquizofrenia o esquizoidismo sólo es inapropiado cuando se usa con fines de doblegar la voluntad del miembro cuerdo, aunque rebelde, de una familia. A esto respondo que, dado que la palabra no tiene la acepción de “corazón roto” como hubiera querido Laing sino una acepción enteramente distinta, el individuo con principios debe rechazar todo diagnóstico de esquizofrenia, incluyendo el diagnóstico a los individuos auténticamente trastornados.

Para ilustrar este punto quisiera referirme a Juan Carlos Vidal, un joven conocido por mi familia desde hace muchos años. Vidal ha sufrido varias crisis que podrían calificarse de quebrantos psicóticos; ha estado internado en varios siquiátricos mexicanos, y no tiene proyecto de vida. Cuando visité a la familia dependía del cuidado de su madre, la hija de Victor Serge. He hablado con el nieto de Serge personalmente y me confesó algo que demuestra mi punto a la perfección. Juan Vidal se siente extremadamente ultrajado cada vez que uno de sus hermanos le dice “esquizofrénico”. Sus emociones al confesarme esto fueron patentes.

Vidal quedó relativamente perturbado por los horrores familiares que presenció de niño, horrores que le rompieron el corazón y que aquí me refrenaré de contar. Pero a lo que quiero llegar es que, si lo que trastornó a Juan fue la dinámica familiar, lo peor que se le puede hacer es precisamente agredir aún más a su ya lesionada autoestima con insultos. Y en nuestra sociedad “esquizofrénico” es el mayor insulto que uno puede imaginar, especialmente si el insulto proviene de una institución respetada como la institución médica y se esgrime como diagnóstico absoluto de lo que la persona es (el verbo que usó Lidz). Juan Vidal mismo, por más perturbado que esté, está consciente de esto y me lo confesó cuando lo visité.

John Modrow, quien sufrió un quiebre psicótico temporal, también ha entendido el impacto iatrogénico de la palabra. Su autobiografía es un testimonio que muestra por qué ni a quienes sufren de quebrantos psicóticos debemos nombrarlos con una palabra cuya eufonía agrede al ego de la manera más hiriente posible. Decir “Oye John: tu perturbación temporal se debió al maltrato de tus padres” no es una injuria. Pero decir “Eres un enfermo: un esquizofrénico, Juan” lo es. A pesar de haber escrito El yo dividido, un brillante ensayo sobre el mundo interior de quienes sufren crisis psicóticas, o que están cerca de sufrirlas, Laing no vio algo tan elemental. De hecho, es muy común que el epíteto insultante sea la puntilla en una serie de malos tratos que rompen el límite de resiliencia de un alma en pena: justo lo que quiso decir Modrow [me refiero al segundo libro de Hojas susurrantes: la base conceptual para entender este blog] con su vívida ilustración de cómo el pánico resultante de la maldición de un brujo del vudú puede matar a un crédulo.

Hasta aquí mi respuesta a Laing. Defendiéndose ante Szasz y otros críticos de la palabra esquizofrenia, Silvano Arieti arguyó:

Creo que cuando los psiquiatras examinan casos típicos de, por ejemplo, un paciente que dice ser Jesucristo porque tomó leche Carnation y por consiguiente reencarnó, o que usa neologismos peculiares o distorsiones metonímicas o una mezcla incongruente de palabras, o que ve agentes del FBI por doquier espiándolo, o que alucina todo el tiempo, o que se encuentra en posturas catatónicas, o que se repliega completamente en sí mismo, los psiquiatras están confrontados con una constelación o Gestalt inconfundible. Ciertamente, no se le debe dar una connotación peyorativa a una disfunción del ser humano. Pero si los seres humanos están inclinados a hacerlo no se refrenarán de darle tal connotación al término que reemplaza al viejo.[iv]

A Arieti le diría lo mismo que a Lidz y a Laing. Quienes no creemos en la siquiatría involuntaria no usamos la palabra “esquizofrenia” al hablar de adolescentes rebeldes o incluso de los verdaderamente trastornados aún si con ello queremos decir que son víctimas de vapuleo familiar. De usar el epíteto el efecto psicológico sobre ellos sería iatrogénico, como lo fue para nuestro amigo Vidal, y para Modrow.

Colin Ross, quien por cierto buscó afanosamente una copia del DSM para señalarme algo durante la entrevista que tuve con él en Dallas, fue aún más lejos que Arieti. Ross escribió: “El sistema DSM-IV es uno de los logros verdaderamente importantes de la psiquiatría del siglo XX, y vale mucho más que la aportación biologicista. Soy un firme creyente en la necesidad de criterios diagnósticos operacionales”.[v]

Anti-Freud, el estudio de Szasz sobre Karl Kraus, me convenció que esto es riesgoso, al menos en el caso de la palabra “esquizofrénico”. Lo primero que debe hacer el disidente de una ideología es abandonar su nuevahabla, y más aún sus epítetos insultantes. Lo que el buen doctor Ross pasa por alto es que, en boca de siquiatras poco éticos, en la praxis la palabra esquizofrenia designa la infinita gama de conducta indeseable entre adolescentes. Esta conducta puede ir desde los jóvenes auténticamente trastornados hasta los perfectamente cuerdos, aunque rebeldes y distantes de sus padres, pasando por aquellos que actúan de manera excéntrica, tonta, ermitaña o que presentan conductas inaceptables para la sociedad dominante.

La misma crítica puede hacérsele al pasaje de Arieti. Szasz había dicho que el término esquizofrenia es un pancreston (del griego, palabra buena para todo: ese cajón de sastre que es la esquizofrenia). En el contexto de la cita de Arieti, pancreston es una palabra que se limita a bautizar con un nombre una gran constelación de trastornos distintos cuando tal nombre sólo mistifica y oscurece lo que la palabra popular, locura, expresa mejor. Los siquiatras biologicistas bautizan la locura con un nombre técnico para hacerle creer a la gente que saben exactamente con qué están tratando, pero la verdad es que de su etiología no saben nada en lo absoluto. Incluso un editorial de 1997 en la American Journal of Psychiatry concedió que “hasta la fecha no hemos identificado agentes etiológicos en los principales trastornos siquiátricos”.[vi] Por eso el diagnosticar a un ser humano con esta palabra es algo tan subjetivo que, se dice, cada año más de cien mil norteamericanos son erróneamente diagnosticados de esquizofrénicos.

De los diagnósticos siquiátricos del DSM, los únicos que son resultado de factores bioquímicos son las psicosis inducidas por drogas lícitas e ilícitas. Algunos siquiatras reconocen únicamente a dos perturbaciones mentales —el “trastorno de estrés postraumático” y el “trastorno de disociación de identidad” (PTSD y DDI en las siglas del DSM en inglés)— como causadas por traumas en la vida. La mayoría son considerados trastornos de presumible causa biológica. Arieti acierta al señalar que el viejo epíteto loco es peyorativo. Pero omitió decir que el nuevo epíteto, esquizofrénico, conlleva además acciones políticas como la drogadicción y/o hospitalización involuntaria. Aprecio que, a diferencia de los siquiatras biologicistas, Arieti mantuviera la etiología parental de este trastorno mental. John Modrow, he dicho, por un tiempo creyó ser Juan Bautista a fin de compensar un ego terriblemente humillado por sus padres. Si esto es así, poca utilidad puede tener una sofisticada nosología diagnóstica como el DSM si los siquiatras omiten decir que la gente perturbada cruzó por algo tan grave como la experiencia de un campo de concentración. Ninguna persona razonable diagnosticaría de esquizofrénica o depresiva severa a una Dora acabada de violar [una vez más: me refiero a capítulos de Hojas susurrantes, libro del que este blog son "apostillas"] omitiendo además decir lo que le acaba de pasar.

Esta comparación es clave para contestarle tanto a Colin Ross como a su antagonista, el citado August Piper. Según el testimonio de Yakoff Skurnik, el trato de los internos en los campos de concentración provocó una severa depresión en un tal Martin Klein que lo llevó a un estado de inconfundible autismo. Además, provocó conductas suicidas en algunos prisioneros e incluso catatonias en otros, y el trabajo forzado de construir chimeneas en Auschwitz también provocó un episodio de psicosis maníaca en un joven llamado Lulek.[vii] Por qué no todos enloquecieron tiene que ver con el estado de robustez psíquica de los prisioneros al entrar al campo de concentración; esto es, cómo habían sido tratados en sus infancias (Yakoff por ejemplo fue tratado bien por su padre incluso en Auschwitz, como puede leerse en el libro de Gene Church).

El trastorno mental puede inducirse en cualquier ser humano si es lo suficientemente brutalizado. Los siquiatras se autoengañan al hablar de achaques “endógenos” que provienen del cuerpo de las personas que los padecen. Médicos con puestos universitarios alegan que tienen evidencia del carácter endógeno de, por ejemplo, la depresión severa. La verdad es que su trabajo es tan seudocientífico como lo sería decir que la causa de la depresión de Martin Klein en Auschwitz fue una exigua actividad en la transmisión de serotonina de su cerebro, y escribir artículos técnicos y eruditos sobre el tema. Esta infinitamente necia búsqueda de las causas de nuestras penas en el cuerpo no es otra cosa que no querer ver la realidad psicológica de los desventurados. Quienes presentan estos síntomas en nuestras sociedades fueron víctimas de algo tan horrendo como lo que le ocurrió a Klein y a los otros prisioneros de Auschwitz, como traté de ilustrar con el caso de Helfgott. Esto es tan cierto que ha sido reconocido por algunos de los sicoanalistas más distinguidos. Kurt Eissler, quien fuera director de los Archivos Freud, alegó apasionadamente en un artículo de 1963 que cuando el trauma es lo suficientemente grande, y habló de los campos de concentración, no es posible distinguir entre un individuo normal y uno que ha enloquecido.[viii]

Así que aunque las palabras “depresión severa”, “autismo”, “manía” o “catatonia” representan conductas reales como se infiere del testimonio de Yakoff, mientras no se usen para señalar que quienes las padecen cruzaron por un infierno, es mejor no usarlas. Eso sería como diagnosticar a Klein, Lulek, a los suicidas y a los catatónicos de los que habla Yakoff omitiendo decir que cruzaron por Auschwitz. En otras palabras, si toda la gente usara las categorías siquiátricas para señalar que quienes padecen esos trastornos son víctimas de tragedias no me molestarían las categorías. Pero la hipótesis de trabajo de los siquiatras es que la locura es endógena, que proviene del cuerpo del trastornado.

En última instancia todo tiene que ver con la manera como vemos al mundo. Como agentes del sistema, los siquiatras y algunos sicólogos clínicos ubican el problema en el individuo. Los disidentes del sistema lo ubicamos en el medio, especialmente en la institución familiar.

Además, analizada a fondo la clasificación de los diagnósticos siquiátricos del DSM-IV es artificial. En su clínica siquiátrica Colin Ross mismo me confesó que es muy común que los siquiatras se confundan y que diagnostiquen a quienes padecen personalidad múltiple de esquizofrénicos y viceversa.[ix] Lo mismo sucede con aquellos que son diagnosticados de esquizofrenia y que, como los neurolépticos no les hacen efecto, a fin de probar el litio el siquiatra cambia el diagnóstico de esquizofrenia a trastorno bipolar. Esto muestra que la afirmación “El maniaco necesita del litio como el diabético de la insulina”, uno de los eslóganes favoritos del siquiatra, es un pronunciamiento seudocientífico. ¡Ya me imagino a un endocrinólogo cambiando el diagnóstico de “diabetes” a “hipotiroidismo” sólo porque la insulina no le hiciera efecto a uno de sus pacientes y quisiera probar un medicamento en base al sodio!

A pesar de que en teoría es posible distinguir entre la manía del prisionero Lulek —“trastorno unipolar” le llaman ahora los siquiatras— y la depresión autista de Martin Klein, ambos prisioneros en Auschwitz, un sistema formal de categorías como el DSM sale sobrando. Quienes luchamos por los derechos humanos no estamos obligados a hacer estas sutiles distinciones. Sutiles, porque incluso alguien como Franco Basaglia declaró: “Yo, en el momento en que ingresé al manicomio, no pude absolutamente distinguir entre esta gente: vi únicamente personas oprimidas o personas atadas, personas destruidas, personas que pedían poder salir, irse a su casa”.[x] Basaglia también comparó al siquiátrico que dirigió en Italia con el campo de concentración en el que había estado prisionero. En lugar de enfocarnos en un Klein o en un Lulek para hacer las distinciones que hacen los siquiatras nosotros nos enfocamos en los perpetradores a fin de rescatar a la víctima de los agresores. Hacer la distinción ubica el problema en el individuo, no en el medio. De hecho, hacer la distinción encubre retóricamente la existencia de un medio insultante.

Por lo mismo, prefiero englobar toda psicosis con la palabra vernácula “locura”. Así lo hice en el capítulo de Helfgott y Skurnik al interpolar entre corchetes el término textual de Piper MPD (siglas en inglés del “trastorno de personalidad múltiple”) y el término esquizofrenia de Arieti. A pesar de haber colaborado estrechamente con Laing, David Cooper, otro escritor de la contracultura de los 1960, habría aprobado mis cambios textuales. Cooper afirmó: “La esquizofrenia no existe. La locura sí que existe. En el lenguaje médico secreto y esotérico de la medicina la etiqueta de esquizofrenia se aplica a la amplia mayoría de personas que son consideradas socialmente como locas”.[xi] Las palabras de John Modrow explican espléndidamente qué quiero decir:

Como no pueden establecerse diferencias claras y precisas entre esquizofrenia y un sinnúmero de otros síntomas siquiátricos, etiquetas como esquizofrenia, paranoia, enfermedad maníaco depresiva y demás son meras abstracciones artificiales que oscurecen la naturaleza unitaria de la locura. Yo iría más lejos y diría que la dicotomía entre salud mental y locura también es una convención artificial que oscurece la unidad fundamental de la mente humana.[xii]

Como he dicho, el mayor mal de los diagnósticos siquiátricos es que frecuentemente estigmatizan conductas perfectamente normales. En la vida real algunos siquiatras diagnostican de esquizofrenia no sólo casos como la bizarra constelación de la cita de Arieti, sino el proceso normal de individuación de los adolescentes. Es decir, usan el viejo truco de dar una impresión de culpabilidad por medio de la asociación de los rebeldes con los trastornados. Ese es precisamente el carácter pancrestoniano (“buenas para todo”) de las palabras esquizofrenia y esquizoidismo.

Además del carácter de comodín de la palabra esquizofrenia, debemos pensar en el aspecto eufónico de la misma. Fritz Mauthner habló de la logocracia, el poder de las palabras. Según Mauthner, las palabras son tan poderosas que pueden inducir humores, sentimientos e incluso movernos a actuar en cierta dirección.[xiii] Es imposible no pensar acá en palabras como “proletariado”, “burguesía” o “explotadores” que Lenin y Trotski usaron tan elocuentemente. En siquiatría, el término hiperactivo inadvertidamente nos mueve a cierta dirección: hacia la terapia de los enfermitos. Más deletéreo es el poder siquiátrico de estigmatizar a alguien con la palabra que Lidz, Laing, Arieti y Ross mantuvieron: el diagnóstico de esquizofrenia equivale a una quemadura-marca en la cara hecha por un herrero. Decir “Juan es un esquizofrénico” suena a “Juan es un engendro”. Por eso la palabra se usa precisamente para maldecir a una persona ante la sociedad. Me apena reiterarlo: pero así lo hace un hermano intolerante de nuestro amigo Juan Carlos Vidal. A pesar de que lo violaron en uno de los siquiátricos, su familia no vacila en continuar internándolo. Todo se le permite a la familia con un “esquizofrénico” en casa.

El punto crucial es que todas estas no son palabras descriptivas sino dispositivas. El objetivo es legitimar, a instancias de los padres, un empleo punitivo de drogas en los cerebros sanos de niños y adolescentes. “A gente completamente normal se les tiene en esos centros de tratamiento, adolescentes completamente normales; nadie estaba loco, ni siquiera una persona” —palabras citadas de la niña Rachel [como en muchas otras frases en este blog, me refiero al contenido de Cómo asesinar el alma de tu hijo, el segundo libro de Hojas susurrantes]. Es en este sentido que digo que jamás debemos usar palabras como esquizoide mientras exista la Institución Psiquiátrica así como en el pasado la gente con principios no usaba la palabra hereje mientras existía la Inquisición. En tiempos del Tribunal de la Fe esta era una palabra dispositiva. Decir “Juan es una hereje” significaba, en realidad, “Queremos que Juan termine en la hoguera”. Pongamos un ejemplo más concreto. “Cristiano anabaptista” era una expresión descriptiva y por lo tanto correcta desde el punto de vista ético. “Hereje anabaptista”, en cambio, era una expresión dispositiva y su fin era la persecución.

Las palabras dispositivas están tanto en el aire como en el papel. Esto se demuestra al pasar revista a los diccionarios de nuestras sociedades. Según el Webster’s third new international dictionary nuevahabla (newspeak) es “lenguaje propagandístico caracterizado por el eufemismo, el circunloquio y la inversión de los significados acostumbrados”. Sin embargo, en esa misma página los editores del célebre diccionario usaron lenguaje propagandístico: definieron al neuroléptico como “cualquiera de los tranquilizantes poderosos, como las fenotiazinas o butirofenonas, usados especialmente para tratar a las psicosis”.[xiv] Esta definición omite decir que es común que los siquiatras usen la expresión “tratar a las psicosis” para doblegar a adolescentes como Rachel y sus amigos más bien que estamos ante una droga de control social.

Esta complicidad de los diccionarios con el sistema aparece también en definiciones sobre otros grupos de minorías estigmatizadas. Por más increíble que pueda parecer, en el diccionario que he usado para escribir este libro, el Pequeño Larousse ilustrado, continúa una complicidad histórica de los editores con la intolerancia religiosa de antaño. En mi diccionario la definición de anabaptista inicia con las palabras: “Secta nacida del protestantismo…” Y termina con las frases: “Tuvieron que sufrir crueles persecuciones. Existen aún sus sectarios en Inglaterra y en los Estados Unidos”. La manera de frasear la definición sugiere que las persecuciones emprendidas contra este grupo minoritario fueron necesarias. ¡Mi Pequeño Larousse ilustrado es un diccionario editado no en el siglo XVI, sino a finales del XX! El hecho que los redactores de diccionarios no purguen sus definiciones de aspectos propagandísticos en palabras como “anabaptista”, “esquizoide”, “neuroléptico” o “hiperactivo” es signo de complacencia social ante la intolerancia.

A diferencia de los siquiatras, antisiquiatras y redactores de diccionarios, mi esperanza es que algún día el lenguaje propagandístico como “esquizoide” sea considerado supersticioso o al menos político. Estos profesionales y lingüistas no vieron lo grave que es usar la nuevahabla siquiátrica porque ninguno fue víctima de un diagnóstico insultante. No está de sobra citar lo citado, las palabras de John Modrow: “Y en este respecto nunca me recobré totalmente de lo que la siquiatría y mis padres me hicieron hasta que finalmente comprendí que en realidad nunca había estado enfermo”.

Referencias

[i] Fritz Mauthner, citado en Szasz: Anti-Freud, pág. 50.

[ii] Theodore Lidz, en Robert Orrill y Robert Boyers: “Entrevista con Theodore Lidz” en Laing y la antipsiquiatría (Alianza Editorial, 1978), págs. 147s.

[iii] R.D. Laing: The politics of experience (Ballantine Books, 1968), pág. 130.

[iv] Arieti: Interpretation of schizophrenia, pág. 693.

[v] Ross: Pseudoscience in biological psychiatry, pág. 122.

[vi] Las palabras del editorial de G.J. Tucker: “Putting DSM-IV in perspective” aparecen en AJP, 155, pág. 159.

[vii] Church: 80629. El caso Lulek aparece en la página 149; el de Martin Klein en las páginas 177-180. En el libro se cuentan varios casos de suicidios en Birkenau y Auschwitz, por ejemplo en las páginas 42, 48, 94s y 100s.

[viii] Masson: Juicio a la sicoterapia, págs. 261s. El artículo de Kurt Eissler apareció originalmente en Psyche (17, págs. 241-301).

[ix] En las versiones más recientes del DSM al “trastorno de personalidad múltiple” se le cambió de nombre por “trastorno de disociación de identidad”.

[x] Franco Basaglia, Marie Langer, Thomas Szasz, Igor Caruso, Eliseo Verón, Armando Suárez y Guillermo Barrientos: Razón locura y sociedad (Siglo XXI, 1982), pág. 18.

[xi] David Cooper: El lenguaje de la locura (Seix y Barral, 1979), pág. 174.

[xii] Modrow: How to become a schizophrenic, pág. 238.

[xiii] Szasz: Anti-Freud, págs. 48s.

[xiv] Webster’s third new international dictionary unabridged with seven language dictionary, vol. I (Encyclopaedia Britannica, 1993), pág. 96a (addenda).

Published in: on mayo 16, 2009 at 7:53 pm  Comentarios (19)  

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19 comentariosDeja un comentario

  1. A mi hijo lo trataron 15 años por esquizofrenia, ahora dicen que es bipolar y le están dando litio, y también un antipsicótico Zyprexa 10 mg. Quisiera saber si esto tiene que ver también con la parte genética o alguna infección intrauterina en el parto. Por favor ¿me podrán contestar al email enviado? Gracias por la ayuda.

  2. yo tengo equizofrenia yo lo ce en mi mente esta yo lo pienso boy a siquiatras y me lo dicen tengo un año asistiendo y no me pueden curar alguans beses me quiero asta matr tendo solo 15 años y me da mucha desperasion de ya no esxistir en este mundo yo ya me quiero curar pero mi mente me dece que no me a tocado algunas ocasiones que me quiero cortar las benas mi mama se deses pera y me detiene yo ya no puedo mas vivir a si en estas condisiones ya no les creo tanto a los siquiatras ya ni ellos me pueden curar cambio de autestima algunas beses le pierdo el miedo algunas cosas y algunas le te mo a otras me imagino que muchos animales me atacan como alacranes como sapos y no estan ami alrededor alguas beses no puedo ni dormin en solo pensar esas cosas tan raras soy distinta a los de mas

    • me apena mucho lo que dices.

      si vives en México podríamos tratar de ayudarte.

      cuídate.

      C.

  3. Estoy en tratamiento siquiátrico desde hade diez anos.

    A veces cuando voy a consulta llevo un cuchillo en mi bolsillo pues lo que me dice el psiquiatra me saca de linea y me llega el deseo de matarlo como perro y por eso he optado por no ir mas al sikiatra.

    Estoy a la deriva sin medicacion ni mucho menos terapias y creo que me controlo con mayor efectividad pues en los últimos meses no sentido impulsos criminales pero si evito relacionarme con otras personas y prefiero la soledad. Asi pretendo saber a ciencia cierta que es lo que pasa conmigo.

    Tengo agudos toques electricos en mi cabeza y luego duermo hasta por 24 horas consecutivas y al despertar no recuerdo nada.

    Por favor ayúdame a vivir……………..Tulio

    • ¿Qué quieres decir con toques eléctricos? ¿Te dan electrochoques los siquiatras?

      Eso de vengarse del siquiatra es una buena idea. Yo también fantaseo con ello, hacérselo a quien me victimó en su consulta cuando era un menor de edad. El problema claro es escapar del castigo social. Además, la sociedad no entendería y culparía, una vez más, a la víctima del siquiatra y de los padres que lo contrataron para atacar al hijo.

      Pronto voy a escribir una entrada en otros de mis blogs denunciando a un supuesto amigo mío que, en calidad de “coescucha”, me dijo ideoteces enfrente de mi madre en su consulta. Fuimos a verlo por un problema de herencia; no por tratamiento psicológico propiamente dicho. Pero aún así los “amigos” que juegan con la sicoterapia tarde o temprano se ponen de parte del sistema. Como lo grabé sin que se dieran cuenta, tengo los diálogos verbatim para mi revancha literaria. Esa es al menos una venganza que no me pone en peligro frente a las idiotas leyes del país en que nací.

      Un saludo, Tulio.

      C.

  4. ¿Cómo puedo contactar con algun psiquiatra que no tenga una vision organicista sobre la esquizofrenia? Gracias.

  5. lo que quiero decir es que quiero contactar con algun psiquiatra que tenga una vision no organicista de la esquizofrenia o trastornos psicoticos.soy española pero me gustaria saber de alguien asi en cualquier parte del mundo.gracias

    • Busca el blog de José Luis Cano Gil. Creo que tiene su consulta en Barcelona. En su blog puedes pedir más información.

  6. lo cierto en estos aspectos tristes de la vida es que solo existen la depresion y la euforia, no hay mas, y pueden cientificamente ser comprobados a traves de la farmacologia de sikoactivos depresores del sistema nervioso y estimulantes del sistema nervioso. no exite ni eskizofrenia ni hiperactividad ni nada de todo esto que inventan los sikiatras solo para ganar dinero. una eskizofrenia es solo depresion combinada con una determinada personalidad. la hiperactividad es tambien depresion etc… . son las circumstancias tristes las que generan la depresion y son estas circumstancias las que hay que cambiar. un individuo es memoria energia deseo y materia o circumstancias con lo que trabajar en la vida. si estas circumstancias son malas o no existen, el deseo disminuye primero segundo la energia y en ultimo lugar la memoria queda impregnada de un poso amargo que solo puede endulzar un futuro y presente agradable. el problema es que dada la sociedad que vivimos en que el hombre es para el sabado y no el sabado para el hombre aparte que ya no hay sitio para todos por la inflacion demografica la solucion no es facil.

  7. Mi hermano padece de esquizofrenia. Busco al Dr. Humberto Perez Rincon. Alguien sabe como puedo localizarlo. Podrian mandarme un correo si saben como localizarlo? Muchas Gracias

    sergio.escobedo@gmail.com

    • Lo encuentres o no, todo tratamiento siquiátrico en base a drogas o electroshock es contraproducente.

  8. ¿Cuál es el perfil sicologico de un diagnosticador? A los siquiatras quien los ronda; un cuerpo ético, otro siquiatra…

  9. A mi me diagnosticaron Esquizofrenia hace ocho años. Yo me enfrento a algunos dilemas que obedecen mas al orden social que a mi propia salud mental. De mi propia salud mental dire que dedico mis dias a estudiar oposiciones y que tengo un vivo interes por la lectura y el aprendizaje de distintas materias que me gustan. Tengo una relación normal con las personas de confianza que me rodean (familia, amigos…). En definitiva, mi razon rige estupendamente. ¿Estoy libre de desordenes mentales? No. Lamentablemente no. Me cuesta salir a la calle y enfrentarme a situaciones cotidianas, estar entre gente, etc… Las razones no las he explorado lo suficiente, pero de todas formas eso seria largo e innecesario para lo que trato de decir aqui. El caso es que mi desorden mental es puntual, y en cualquier caso yo me hago completamente responsable de él, quiero decir, que despues de ocho años de intoxicacion medica, el escaso desorden mental, apenas perceptible para los demas, es mi responsabilidad y tengo la vida por delante para curar mi corazon, mi alma, como se lo quiera llamar, con los medios que yo considere legitimos. Insisto, en condiciones de confianza y bienestar (por eso decia que en mi caso tienen mis desordenes relacion con cuestiones de relacion social), mi razon y mis afectos rigen estupendamente. A este hecho se añade un dato, que se puede comprobar por internet, que cambió definitivamente mi actitud ante las terapias dominantes: se dice que las personas con esquizofrenia viven veinticinco años menos que el resto, de media. No digo esto como una afirmación cruel y agorera, porque efectivamente el mundo esta lleno de gente que diagnosticaron una muerte precoz y han durado muchos años, lo hago para que se vea la seriedad del asunto y la importancia de que el enfermo tome las riendas de su cura. Las causas de esta muerte temprana se suelen achacar a tabaquismo, y vida sedentaria (dos cosas que ciertamente acosan al enfermo mental fruto de su abandono)…otra posible causa es la medicación, que tal vez estreche las arterias como se apuntan en uno de los articulos que leí (y ya sabemos de los intereses millonarios de la industria farmaceutica como para creerla inocente). Enfin, no me enrollo mas: solo quiero mandar un fuerte abrazo a todas las personas que fueron diagnosticadas de esquizofrenia, decirles que las personas evolucionamos (hasta las celulas se regeneran por lo que dicen algunos) y llegados un punto uno puede hacerse responsable de sus propios desordenes mentales y decidirse por la terapia que desee: si es esto posible, porque la realidad es que te diagnostican y medican a la fuerza, al menos esa fue mi experiencia. Enfin, podría hablar largo y tendido de la soberbia medica, al menos de la medicina asociada al poder y la fuerza, como ocurre para con esta enferdad: ¿Somos peligrosos los esquizofrenicos,? ¿Y las guerras y sus interesados, las mafias, etc, no lo son mucho mas..? ¿Tenemos desorden mental los esquizofrenicos? ¿Y un mundo, con hambre, desigualdad, explotación, autoritarismo, etc, etc, etc,,,no tiene mucho mas? Y se podrian seguir haciendo preguntas mas elaboradas y meditadas que pongan tambien en solfa la soberbia medica y la soberbia ciéntifica, saberes que dejan de ser tan divertidos y curiosos cuando se alian al poder y se erigen como única manera de entender el mundo: lo que esta claro es que a pesar de las lagunas de conocimiento de los propios psiquiatras, de reconocer que queda mucho por saber (dentro de la busqueda de ellos claro), no tienen reparo en obligarnos a tomar sus experimentos quimicos e imponernos sus dignosticos y su concepcion del mundo.

    • Soberbia medica: eso es.

      Disculpa que haya tardado un año en responder, pero se me había pasado tu comentario.

      Te apoyo exactamente igual que a quien acaba de comentar abajo.

      Un abrazo,

      C.

  10. Hola
    Yo fui diagnosticada de esquizofrenia con 24 años, en 1996. Nunca he creido que fuese algo genético sino un transtorno debido a mi triste y maltratada infancia. Aún así he sido victima de múltiples ingresos en centros psiquiatricos y medicada a la fuerza, medicación que dejaba poco después de salir del centro. En el 2005 aproximadamente, debido a las presiones familiares acepte tomar la zyprexa todos los dias, como mis problemas reales no se solucionaban y me hundía en depresiones también me medicaron con altas dosis de antidepresivos. Aún así me he casado y en 2009 he tenido dos niños, vista mi incapacidad de maternar correctamente a mis niños dejé la medicación, fui victima de amenazas hasta por parte de mi entonces psiquiatra, me busqué un psicologo transpersonal y finalmente cayó en mis manos un libro de Laura Gutman, con su grupo de terapeutas estoy tratandome y tratando de aclarar la organización de mi psique a partir del maltrato, humillación, desprecio… de mis padres hacia mi. Y coincido, porque es algo que yo había llegado a pensar por mi misma que el endiosamiento en las psicosis es una compensación por ese autodesprecio instaurado a raíz del desprecio sufrido a manos de la persona que debía amarnos en nuestro nacimiento y crecimiento. No he curado del todo mi alma, sigo tratando de comprenderme y sanarme, pero al fin hay más personas capacitadas para ayudar a salir de este tunel oscuro que es la llamada esquizofrenia

    • “…a partir del maltrato, humillación, desprecio… de mis padres hacia mi.”

      Exacto. ¡Qué bueno que te diste cuenta!

      Es terrible lo que la sociedad hace con las víctimas de sus padres. Las victima de nuevo con diagnósticos y pastillas.

      Espero que en el futuro la gente despierte y elimine a la siquiatría.

      Un saludo desde México.

      C.

  11. Hola César. Hace un tiempo vi unos vídeos tuyos en youtube (ahora ya desaparecidos), creo que a través de la página web de José Luís Cano Gil, con quien estuve tratándome durante un tiempo. Ahora estoy realizando terapia bioenergética. Llevo un par de horas escrutando tus blogs.

    Te dejo el enlace a mi canal de youtube, creo que será de tu agrado: https://www.youtube.com/user/myreddays. Quizás quieras darle difusión a algunos vídeos. Parece que todos los que somos víctimas de la Psiquiatría acabamos encontrando a los mismos padres espirituales (gente que reconozcan nuestras realidades internas): Miller, Breggin, Whitaker, Ross, Laing. Alexander Lowen es quizás mi favorito.

    Sólo eso. Saludos.

    • Gracias. Mis videos aún pueden verse si te doy de alta en YouTube para ver mis videos privados.

      • A mi también me gustaría ver tus videos, si fuese posible.
        Saludos.


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