Podemos hacer hasta que tu nombre se te olvide

Nosotros cambiamos conductas; no descubrimos causas. – psiquiatra[1]

EN MARZO de 2001 me entrevisté con Mario Cantú en un restaurante de la Ciudad de México. La historia que me contó es tan impresionante que quisiera citarlo en extenso como lo hice con John Bell. Cantú mismo me obsequió algunas fotocopias de periódicos mexicanos. En la siguiente reseña me baso en esas notas.

El problema de Cantú comenzó, naturalmente, en su familia. Al cumplir la mayoría de edad Cantú quiso salirse de su casa. Su madre no estuvo de acuerdo “y buscó la manera de hacerme desistir”. Cantú se refugiaba del conflicto con drogas ilícitas y la madre con drogas lícitas como el alcohol. Ambos se recriminaban mutuamente sus respectivas adicciones hasta que la madre solicitó los servicios de un siquiatra. Con su ayuda pudo, efectivamente, impedir que Mario se independizara. ¿Cómo lo logró?

Escribiendo sobre Cantú en El Día Rafael Morales nos dice: “Cuando una madre ha atormentado durante toda la infancia a su hijo, en la adolescencia no encuentra otra forma de controlarlo que con la aplicación de electrochoques”.[2] Si parece extrema la declaración de Morales recordemos lo aconsejado por Amara en el programa de radio: “Hay un sin fin de casos así donde, eh, los recursos que tienen los padres son por ejemplo emplear enfermeros para que con la fuerza [énfasis en su voz] lo lleven a algún hospital, o incluso a veces a la policía; y esto implica golpes, maltratos, faltas de comprensión”. Así que Amara recomienda a los padres internar al hijo “en un sin fin de casos” según sus propias palabras. Pero como buen retórico omitió decir qué le harían ahí.

En el artículo “Torturado por la siquiatría” Cantú nos dice cómo fue que, a instancias de su madre, el 10 de septiembre de 1980 unos enfermeros lo sorprendieron mientras dormía. Forzaron la cerradura de su recámara, lo inyectaron contra su voluntad y se lo llevaron a la Clínica San Rafael: una auténtica la Secretaría del Amor orwelliana ubicada en avenida Insurgentes Sur #4177 de la Ciudad de México, donde estuvo preso e incomunicado hasta el 28 de septiembre. Cantú nos cuenta qué sucede cuando los padres siguen el consejo de un Amara:

Usted duerme plácidamente en su cama. En ese momento entran cinco hombres que lo inmovilizan, mientras otro le inyecta una droga somnífera. Ya inconsciente, se lo llevan a una celda de confinamiento. Ahí le colocan unos grilletes en manos y pies. Cuando despierta, descubre que está incomunicado. Llega entonces un hombre que le coloca una diadema con electrodos sobre su sien. Dos meses antes, los parientes, que pueden ser sus padres, hermanos o esposo, van con el siquiatra para comentarle de ti, con el pretexto de que te niegas a ir a ver al loquero. Después entrará la parte donde todos navegan con bandera blanca y empezará la parte más seria, el suministro de fármacos por parte de la sirvienta o de la misma amorosa madre.

Una vez más, lo que me hacían de adolescente. Pero en el caso de Cantú la madre llevó el tratamiento al extremo final:

Ahora ella es cómplice voluntaria de este crimen y se comentará la reacción del “paciente” de esta improvisada enfermera que sirve al siquiatra sin recibir sueldo. Todos los comentarios son ahora sobre tu coherencia, pues los neurolépticos bloquean el procesamiento mental, creando un letargo en el pensamiento, entonces se reafirma que el loco sí está verdaderamente loco. Toda actitud que contradiga las ideas de tus padres o de tu derredor será usado en tu contra. Si tienes ganas de estudiar música, si no eres millonario como tu papá o no eres dócil como tus demás hermanos, si quieres casarte o dejar la casa o independizarte económicamente puedes meterte en graves problemas, porque ahora irán con el chisme al siquiatra de que estás empeorando. Entonces el seudogaleno invocará la calma, meditará unos días medidas más drásticas, aunque más costosas. Dejará pasar quince días, dejará que los familiares lleguen a la decisión de un internamiento involuntario y les advertirá de esta última opción. Entonces se planea el internamiento involuntario, que para efectos reales es clandestino y ahora legal. Sólo tiene que ser en el más estricto secreto, para que a parientes lejanos se les pueda comentar de que fue una crisis, que intempestivamente te pusiste mal, qué mejor en la noche, qué mejor sedado con succinicotina mientras estás dormido, así ningún vecino se dará cuenta. Al cabo se está haciendo todo legalmente para ayudarte, ¿o alguien podría decir lo contrario?

Vale decir que los secuestros que realizaba la policía secreta en los países comunistas también se hacían de noche. También es importante mencionar que el siquiatra que contrató la madre de Cantú lo diagnosticó sin haberlo conocido. Esto me lo dijo Cantú personalmente. La palabra de la madre fue más que suficiente para planear, con el siquiatra, el secuestro del hijo mientras dormía.

El de Cantú no es un caso aislado. Sin conocerlos o hablar con los hijos para ver si realmente tienen un trastorno mental, hay siquiatras que los internan si los padres quieren castigarlos duramente. Ya había dicho que, desde sus orígenes, a petición de los padres la siquiatría francesa internaba a los muchachos varones que no trabajaban y a las muchachas que tenían un amorío no aprobado por los padres. En el siglo XIX las mujeres liberadas Hersilie Rouy y Julie La Roche fueron internadas sin que los médicos se dignaran a hablar con ellas. En los siglos XX y XXI los siquiatras continuaron, y continúan, internando a niñas como la citada Rachel únicamente porque los padres lo solicitaron. Amara mismo sugirió hospitalizar a una hija de familia que intentó suicidarse sin conocerla y, por tanto, sin saber si una tragedia tipo Hamlet la había orillado al atentado.

Entonces prenderán la luz de tu recámara y a la voz de “somos tus amigos” te inyectarán en la vena del antebrazo para dormirte. Mi verdugo lo conozco, el tuyo puede tener cualquier nombre. Recuerdo la cordialidad de todos los empleados de esta cárcel-hospital. Se capacita a los empleados para atenderte con amabilidad, lo único que no puedes es salir. Tu médico preguntará por tu salud, oirá tus comentarios, pero sin interés pues ya es innecesario escucharte. Con los electrochoques sencillamente ya no podrás decir lo mismo al día siguiente, pues obviamente dirás menos cosas, tu identidad irá desapareciendo paulatinamente, por eso lo que digas es ya intrascendente. Mi realidad se quedó pequeña, tan sólo la sombra de un sueño, que al no despertar sería una pesadilla sin fin. Entonces despertarás en una bartolina, a la que llaman celda de castigo en un hospital. Despertarás amarrado, no sentirás angustia, pues tienes adicionalmente drogas siquiátricas en la sangre y abrirás los ojos: nada ha cambiado, sólo que te lavaron el cerebro, te pusieron electricidad en la cabeza. Te aplicaron lo mejor de la ciencia siquiátrica, la terapia electroconvulsiva. Sí señor, te dieron electrochoques. Ahora eres muy diferente, casi podría decirse que eres una nueva persona, ahora eres un vegetal con piel humana. Te atenderán religiosos con acento español, te darán un diferente medio ambiente para que no trates de recordar cómo era tu vida anterior, ya que médicamente tú estás enfermo, tus ideas, tu identidad, tu pasado, tu presente. Todo está enfermo. Pusieron a cocer todas tus neuronas, pero si te preguntan cómo te sientes, dirás que bien pues te salvaste de que no te mataran, sobreviviste a los estados de coma, a la fibrilación ventricular, al paro cardiaco. Podemos hacer hasta que tu nombre se te olvide.[3]

¿No es esto formatear el C de una computadora —u “ordenador”, como dirían los religiosos españoles del San Rafael? En otro de sus escritos Cantú cuenta lo que sucedió después: “Regresé a mi casa, no tenía proceso mental, aún así me siguieron dando medicamentos. Cinco meses después recordé que quería salirme de mi casa”.[4] Después del robo de sus memorias Cantú añade: “Los padres pueden empezar de nuevo a reprogramar al hijo, pero ahora con menor edad mental, al que no entendieron ni entenderán por perseguir ambiciones vanas. El siquiatra festejará que el drogadicto indomable ahora es más manejable, dócil y obedece a su madre”.[5]

Los electroshocks no fueron el único suplicio borra-mente que el siquiatra contratado por la madre le infligió a Cantú. Cantú también cita el aislamiento, la incomunicación física y telefónica, el bombardeo a su cerebro con grandes cantidades de neurolépticos, la asfixia por bióxido de carbono y tormentos psicológicos como amenazas de internamiento de por vida y de lobotomizarlo quirúrgicamente. Los electroshocks, la gasoterapia y el neuroléptico se le administraron “hasta callarlo y dejarlo como maceta de adorno” en el hospital, según sus palabras. En el expediente médico del San Rafael leí que le administraron Majeptil (tioproperazina): la misma droga que Amara recetó contra mi voluntad, y precisamente a las mismas dosis que aparecen en el mencionado diario de mi madre. Pero la experiencia que asesinó el alma de Cantú fue el electroshock:

No recuerdo cómo era mi persona antes de las sesiones de terapia electroconvulsiva. ¿Cómo me van a reponer quince años de andarme arrastrando por el piso, con insomnio permanente, sufriendo la incapacidad de concentrarme más de dos horas? ¿Cómo me pueden reponer lo que yo era y todo lo que no he podido realizar?[6]

Más de quince años después Cantú comenzó a denunciar su caso en diversos periódicos mexicanos, recogiendo los fragmentos de memorias que halló para tratar de entender qué le había pasado:

Por ser “agresivo e incontrolable”, yo, Mario Cantú, fui sometido a electrochoques que me aplicaron dieciocho días y que lograron quemar mi cerebro y mi historia, porque perdí la memoria y mis habilidades: tocar el piano y hablar inglés. Culpo de ello al Hospital San Rafael y al doctor Pedro González Jáuregui.[7]

Cantú me comentó que González Jáuregui, el autor intelectual del crimen junto con su madre, solía protegerse con dos agentes de la policía judicial al salir a la calle. Pero Cantú ha querido vindicar su caso por la vía legal según escribe en otro periódico mexicano:

Un amigo me comentó que no lograré que se cierre la clínica San Rafael, supongo porque cumple una función social. ¿Qué clase de función social? La de deshacerse de los “estorbos humanos”, los jóvenes drogadictos.[8]

Ni qué decir que las drogas que le inyectaban a Cantú son mucho más nocivas que la mariguana que a escondidas toman los adolescentes. La Clínica San Rafael, dirigida por juaninos, es una orden religiosa que llegó a México en 1596 y que tres siglos más tarde estableció una red de siquiátricos en España. Según Cantú, los juaninos del San Rafael “con la Cruz acompañan al electroshock”, interesante resonancia de los tiempos más gloriosos de la Inquisición. La Edad Media continúa en el siglo XXI, aunque disfrazada como ejercicio médico y contando con tecnología de punta. El potro de tortura es pieza de museo. Ahora se usa el Thymatron DGX made in USA: aparato de electrosock cuyo último modelo he visto fotografiado en anuncios publicitarios de la misma American Journal of Psychiatry. Ya no se persigue a los anabaptistas: la rebeldía del hijo es la nueva herejía a combatir. Cuando hice indagaciones en 2005, me enterné que en el San Rafael una sola sesión de electroshock les cuesta a los familiares aproximadamente $500 dólares sin contar los gastos de la anestesia.

Es muy significativo que en México la institución médica tenía que haber surgido precisamente en el mismo edificio de la Inquisición novohispana. En el segundo Encuentro Mexicano de Alternativas a la Psiquiatría realizado en 1981 en Cuernavaca, México (el primero se realizó en 1978), Eduardo Cooley, un siquiatra mexicano, reconoció:

La intervención eclesiástica es el ariete colonizante a base de una occidentalización de los indígenas y de un control de la ideología política y religiosa ejercido a través de la Santa Inquisición como institución represiva, demonológica y condenatoria, que a base de torturas y ritos purificatorios corregía o desaparecía a los disidentes. El trato ignominioso a la dignidad humana realizado en los sótanos de su edificio y otros recintos especiales aparentemente desapareció y quedó en el olvido con la independencia de España y la remodelación del palacio de la antigua Facultad de Medicina, pero cabría preguntar si la función social del Santo Oficio desapareció con la colonia en cuanto a los miles de presos, perseguidos políticos y desaparecidos, y si este mecanismo ha desaparecido. La respuesta es evidente. Esta institución generó en la vida independiente una serie de organismos estatales llamados “instituciones de protección social” (léase instituciones de represión). Lo anterior es historia poco conocida.[9]

“Protección social” es nuevahabla. La represión que ofrecen instituciones como el San Rafael es muy eficaz para controlar a los nuevos herejes en un México que aún tiene mucho de Nueva España. Pero destruyó la vida de Cantú. Años después de lo ocurrido en el San Rafael Cantú nos confiesa:

Ya no se es feliz, no hay explicación, no hay razón de nada. La sensación de malestar se vuelve manifiesta antes de la hora de dormir, maldices a los que te dañaron y a ti mismo. Empezará con treinta minutos hasta llevarte toda la noche, porque ahora estás enojado y te costará trabajo dormirte, tratarás de olvidar porque sabes que el odio no sirve de nada, estás enajenado y la noche siguiente será igual, la cólera invadirá la tarde y tu mañana, invadirá a tus seres queridos, a tus amigos, a tu trabajo, serás un inconsolado. Entonces asistirás a psicoterapia para buscar la explicación de lo inexplicable. Por qué estoy tan enojado, por qué odio a todo y a todos. Las palabras quemarán mi garganta y mi boca y me lastimaré con el ácido del sonido, escoriaré mi lengua y no podré hablar más en ese día. Una pesadilla de vida, no se despierta, no tiene fin, se acrecienta, invade toda tu existencia, tu horizonte se cierra, todo es gris, el color desaparece. Y aún los terapeutas no te comprenden, pues no tienen la experiencia anterior de un paciente electrochocado. ¿Por qué la cólera, por qué la rabia, por qué el odio? Si fui torturado fue pasado, si fui castigado eso ya terminó, ¿por qué sigue? Creo que la esencia del hombre es su alma. Los electrochoques la matan, la ponen fuera del lugar, desfasada, su espíritu fue severamente destruido, no había amor ni perdón dentro de mí, quizá me encontraba como un animal, en el instinto más básico de destruirme a mí mismo y si era posible todo lo de mi alrededor. Eres un aborto de la estupidez humana, concebido por la iatrogenia siquiátrica.[10]

Dado que el secuestro y el tratamiento de Cantú se hizo a iniciativa de su madre este fue, literalmente, un caso de asesinato del alma de un hijo con la ayuda de un siquiatra.

El testimonio de Mario Cantú es el más monstruoso y perturbador que he escuchado en boca de un individuo martillado por siquiatras. Nos muestra con claridad extrema por qué la comparación de la sociedad en la que vivimos con los mundos de Orwell no es una hipérbole. También nos muestra hasta dónde ha llegado la siquiatría en su alianza incondicional con los padres. Y nos muestra, además, que sigue viva la herencia de las cámaras de tortura de Heinroth, aunque con tecnología mucho más avanzada; aunque, a diferencia de Heinroth, el blanco del ataque actual es el cerebro humano. Tal parece que en nuestras sociedades hacer algo que moleste a una mamá controladora es mucho más arriesgado que matar o robar. “Toda actitud que contradiga las ideas de tus padres será usado en tu contra: si tienes ganas de estudiar música, si no eres dócil como tus demás hermanos, si quieres casarte o dejar la casa o independizarte económicamente puedes meterte en graves problemas: porque ahora irán con el chisme al siquiatra de que estás empeorando…”

Referencias

[1] Gloria Ruiz-Castañeda, citada en María Cortina, Victoria Azurduy, Juan Antonio Zúñiga y Pablo Hiriart: “El ser social marginado de la psiquiatría: en su ignorancia, el médico responde con la represión al mal mental” en Proceso (12 enero 1981). Al momento de entrevistarla, Gloria Ruiz Castañeda era doctora en siquiatría y jefa de consulta externa del Hospital Infantil Juan N. Navarro.

[2] Rafael Morales-Vargas: “Después de quince años Mario denuncia el abuso psiquiátrico que sufrió” en El Día (20 abril 1997).

[3] Mario Cantú-Gundlach: “Torturado por la siquiatría: primera de dos partes” en Excélsior (15 octubre 1997). A fin de darle más agilidad a la prosa de Cantú, en la versión final de este libro quité los corchetes que originalmente había interpuesto en algunas de sus frases.

[4] Estas palabras de un apunte autobiográfico de Cantú están en el expediente de su caso, que se encuentra disponible para el investigador.

[5] Ibídem.

[6] Mario Cantú autofinanció la publicación de su libro donde habla del crimen del que fue objeto, Ni todas coloradas ni todas descoloridas

(Madrid: Sociedad de Nuevos Autores, 2005).

[7] Citado en Bertha Fernández: “Denuncia a un médico por aplicar brutales métodos de readaptación” en El Universal (20 marzo 1998).

[8] Mario Cantú-Gundlach: “Denuncia Cantú a los siquiatras de una clínica” en Foro Excélsior (16 agosto 2000). “¡No sabía cómo controlarlo!” Estas son las palabras de la madre de Cantú según Carmen Ávila de Gutiérrez. No quise entrevistar a la madre de Cantú porque habría tenido que consultarlo con Cantú mismo, quien después del crimen que sufrió desarrolló un carácter difícil, y el asunto era muy delicado. De cualquier manera, he leído la versión de la madre en el expediente del Hospital San Rafael.

[9] Eduardo Cooley: “Desarrollo institucional de la atención del psiquismo en México” en Sylvia Marcos: Manicomios y prisiones: aportaciones críticas del I Encuentro Latinoamericano y V Internacional de Alternativas a la Psiquiatría realizado en la ciudad de Cuernavaca del 2 al 6 de octubre de 1981 (Red ediciones, 1983), p. 58.

[10] Mario Cantú-Gundlach: “Degradación en la psiquiatría: tercera de cuatro partes” en Excélsior (20 julio 1997).

Published in: on mayo 15, 2009 at 3:57 pm  Comments (12)  

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12 comentariosDeja un comentario

  1. Yo me siento iagual que el realto y me comporto igual, pero no fui electrochocado, solo tome un antidepresivo que el siquiatra le dio a mi madre y mi madre me lo dio a mi diciendo: toma esto que estimula las endorfinas…..
    que mentira tan grande,

  2. Pienso que la malicia humana es una constante historica, simplemente se modifica en su forma pero su esencia es la misma. Algunos progenitores experimentan en sus hijos el placer de poder controlarlos y criarlos a partir de sus concepciones y posturas – siempre influidas en el medio en el que han crecido -, quizas alimentando esa sensacion de dominacion que no pueden adquirir por otras vias debido a los factores represivos a los cuales ellos se ven expuestos y a las propias barreras psicologicas que se han esculpido en sus mentes.

    Algunas madres rechazan los imperiosos deseos de emancipacion de sus hijos, debido a sus propios vacios emocionales o a sus temores, viendo al hijo como una fuente segura de placer y falsa reciprocidad que se fue construyendo a partir de la capacidad unilateral de esculpir a sus propios hijos, indeferentes a sus deseos.

    Lo que aprecia una madre con tendencia al excesivo control de su hijo en la doctrina expuesta por la siquiatria, es un medio por el cual puede vulnerar a un sujeto en relativa desventaja alegando condiciones inexistentes como el extravio de su salud mental.

  3. Por lo pronto, lo único que puedo decir es que me sentí enormemente reflejado. En mi caso, el ingreso a un psiquiátrico fue de grandecito. Vino como es común por el lado de mi madre; ya que se necesita su autorización de algún familiar imbécil con el que no te llevas. Pero el origen fue diferente. Yo quería justicia tras un accidente, la corrupción de la justicia y lo directamente aberrante de un hospital donde llegan a negarte un informe legal sobre tu estado y posteriormente la atención medica!
    Mi amenaza con una denuncia por incumplimiento de función pública la pague con 8 meses de interacción que incluyeron entrevistas a las 2 am, privación del sueño, amenazas constantes e inducción de “piernas inquietas”, acatisia y síndrome neuroléptico maligno. Es algo horrible; quieres sacarte el cerebro por la nariz. Una tortura que jamás imagine.
    Aun recuerdo el discurso de una psiquiatra histérica gritando afónica por los pasillos “vos seguí con esto de los abogados y de acá no salís mas, yo digo que tuviste un episodio y te mando a “agudos” atado a la cama y con inyectables…”. La saque de quicio al no quebrarme. ¿Imaginan ustedes una psiquiatra enloquecida repitiendo una y otra vez la amenaza?. No sabia si reír, mandarla a la mierda o preocuparme. Mi disfrute duro poco; pero fue delicioso quebrarla, siendo yo el empastillado. Entendiendo el escándalo que acababa de hacer, la psiquiatra, inventó el referido episodio y fue así como fui trasladado a “agudos” “empastado” de medicación e incomunicado por un mes (posteriormente se me autorizo a llamar a mi madre! a 2000 km de distancia). Me toco un buen psiquiatra; buen tipo, aunque falto de huevos. Por otro lado, el echo de que fuera el hijo de una docente de la universidad con la que había tenido un disputa (quise dar la materia libre por falta de tiempo para asistir a clases y al consultarla se limito a basurearme) y que posee un interesante historia de corrupción no me dejo demasiado tranquilo. Es que el alcance de la corrupción universitaria, aquí, no tiene límites. Aunque eso es algo que no quería creer y terminé de comprender al salir. Primero quisieron utilizar mi pésimo desempeño académico para justificar “incapacidad mental” (los tres trabajos inmediatos que prepare para un congreso nacional de ingeniería, sobre aerodinámica de aerogeneradores, fatiga de materiales y definición multidimensional de superficies aerodinámicas, no dicen lo mismo), luego no quisieron entender lo que es dejar para ir a trabajar, o vivir en la calle o tener problemas legales con la universidad o un accidente que dejo tirado un año. Ni a mí, ni a nadie escucharon. Posteriormente, la psiquiatra de la histeria, fue al parecer, separada del cargo y le hicieron sus jefes un lugarcito como docente en la universidad; donde también están.
    Así es, el país de las mafias universitarias que denunció Favaloro antes de pegarse un tiro. Argentina en la democracia de 2007.

    Mi diagnostico, cuando la policía fue a buscarme con dos patrullas 6 uniformados y una ambulancia, era de “presunto demente peligroso”. Diagnostico que como muchos otros fue firmado por personas que JAMAS me vieron la cara.
    El que me la vio y determino se me quite la medicación y libere inmediatamente, fue el psiquiatra judicial; que también inmediatamente renunció al cargo.
    Posteriormente el diagnostico fue cambiando, para adaptarse, que casualidad mas sorprendente, a la medicación que me dieron el mismo día que ingrese con el fin de ser evaluado. Diagnostico que les viene como anillo al dedo para taparme la boca. Trastorno paranoide de personalidad, con impulsos de ira y violencia y predisposición a la querulancia.

    Tres detalles que me faltaban son, “en la casa había armas y munición de guerra”, según consta en el expediente del juzgado, aunque nadie las vio, y que ese mismo mes vencía mi plazo para entablar una demanda por el accidente que sufrí. La abogada que pone el estado en estos casos, se negó a ver el caso y se negó a atenderme.

    Por lo pronto, no puedo hacer nada. Carezco de suficientes pruebas; ya que no tengo acceso a mi historia ni al expediente de la causa judicial (que vi solo haciéndome pasar por alguien cualquiera), ni a las interesantes grabaciones que tenia en casa; sin mencionar que la historia no la creería ni yo mismo si no la hubiese vivido.
    Salí solo gracias a una carta firmada por mucha gente y la situación actual es que hace años estoy afuera sin medicación ni nada; pero legalmente estoy bajo tratamiento, soy un paciente con permisos de salida y veo a mi psiquiatra una vez al mes.
    En un acuerdo tácito, ellos callan y yo callo.

    Hace poco leí en un diario local que una niña de 14 años ingreso al hospital con un cuchillo entre las vértebras. El “novio”, mayor de edad, fue liberado porque el juez determino que “no había meritos suficientes”. Lo que sentí en ese momento, es algo que no puedo describir ni escribir.
    Al bajar la vista leí “comisario de policía científica, con trastornos psiquiátricos asalta una panadería”

    Yo.

  4. Quiero decir también, que recurrí a una persona de “derechos humanos”; quien me explico que “no se aplican en mi caso por no ser un problema de derechos humanos y por o haber sido yo victima de la represión de los 70”. Osea que estos HIJOS DE MIL PUTA que dicen ser de derechos humanos solo se dedican a cazar fantasmas y hacer política.

    es la primera vez que pongo esto en “papel” y me tiemblan las manos. supongo que lo hago porque aca nadie sabe quien carajo soy. gracias por la pagina me fue de mucha utilidad ver esas historias. me siento un poco menos solo. respecto al electroshock. imaginen cortocircuitar la placa de su pc para hacer un reset y pretender que ande mejor. pues ahora imaginen algo mucho mas sofisticado y delicado que una pc. el caracter acientifico del electroshock lo convierte en una aberración insostenible.

    Entre mis disciplinas están, la ciencia de materiales y la química. Quede sorprendido (estoy mintiendo) al ver que los psiquiatras desconocen absolutamente todas las substancias de las que hablan. Se diferencian de un chaman del Amazonas en que éste último utiliza métodos genuinamente científicos, aunque desconozca la composición de las drogas que utiliza. A su lado, un psiquiatra es un primate que habla como un loro y desconoce el significado de las palabras que salen por su boca.
    Medican en función a lo que les dice el representante de la compañía farmacéutica. Supongo que electrocutaran gente en función a lo que les dice GE.

  5. en referencia a mi comentario de que los psiquiatras carecen de conocimientos elementales de quimica e de agregar uno sobre la terminologia usada. si realmente el “profesional” hablo de usar “metabolitos” franceses, claramente es un burro. los metabolitos, como su nombre lo indica, son substancias GENERADAS POR EL CUERPO. siendo usado el termino en frmacologia para referirse a la linea de descomposicion y recombinacion (aqui a veces se usa otro termino) de un farmaco EXOGENO tras su ingreso en el cuerpo.

    • Hola,

      He estado leyendo tus comentarios desde ayer: un testimonio alarmante, como el de todo sobreviviente de esta seudociencia inquisitorial.

      Esto que dices de los metabolitos originalmente lo mencioné en mi libro Cómo asesinar el alma de tu hijo. El psicoanalista que me dijo eso no sólo es un burro: es un monstruo, como puedes ver en mi página web (que no hay que confundir con este blog).

      El status quo se defiende no publicando este tipo de libros, que creo debieran estar en papel además de en la web. En cambio, al monstruo que me atacó siendo yo un menor de edad le publican todo; sale en radio y televisión, y tiene un puesto en la universidad (además de haber hecho una fortuna “tratando” pacientes).

      Ahora sabes que no estás solo en este injusto mundo.

      Un saludo desde México,

      C.

  6. En mi país la psiquiatría vino de la mano de un hombre brillante y analista distinguido del comportamiento humano. José Ingenieros. Jefe de psiquiatría forense de la policía federal. Su tesis fue “la simulación de la locura”. Trataba del caso opuesto, el de descubrir falsos locos, delincuentes que simulaban la locura para zafar del penal de Ushuaia.
    Terminó odiando a todos sus colegas. En 1913 publico un libro acido, descarga de todo lo que sentía, titulado “el hombre mediocre”. Tuvo que publicarlo en España para no herir susceptibilidades locales. En el 18 encabezo la reforma universitaria, siendo elegido por los estudiantes “revoltosos” ¿suena raro verdad? Reforma que desgraciadamente duro bien poco. Ya imaginas por donde se la pasaron.
    Finalmente abandono la docencia, la policía y se dedico a la política, de la que también termino renegando, hastiado de todo.
    Antonio

  7. Yo vivi un caso similar ami me torturaron pro padecer deprecio nadie me entendía, todos me criticaron primero me dijeron que quien era yo no era eso era una mentira que yo tenia que ser una persona menos emocional mas tranquila y sin expresarme mucho me drogaron, cada droga me robo un pedazo de creatividad, de humanidad, de alma misma, me robo un trozo de infancia, de metas y sueños y luego quedo una persona insensible, sin capacidad de amor, sin ganas de luchar, una persona mas parecido aun objeto, quito, solo para adornar y la vida pasa los segundos pasan y vez pasar tu fe, tus esperanzas, tus ganas, tu decisiones, tus propias ganas de volar alto y solo quieres vivir por vivir por que no hay mas opción mientras solo te quedas viendo a la anda pro que eso es lo que hay nada, y bueno un buen día alguien me explico que las enfermedades mentales no existen, que solo es el recurso que aveces las personas usan para huir a una reilada que los lastimo o pisoteo de las peores formas y uno busca crease su propia realidad done nadie, los juzgara, lastimara, donde no volverán a pasar eso que les arranco parte de vida, sea golpes de la infancia, violaciones, abandono de vejes, o muchas otras cosas mas y se desconectan un rato de la realidad para vivir su nueva realidad donde uno cree que que hay estará un mundo mejor, pero en realidad es un mundo disfrazado pro que nunca sucederá, y cuando uno ve a un drogadicto en la calle o ve aun vagabundo ido, aun chica que solo habla incoherencias y vive en la calle, uno piensa que tuvo que pasar esta persona para haber querido sirle a esta realidad que la tuvo que lastimar tanto para no querer vivirla y luego muchos, por familiares y doctores ignorantes, incompetentes, deshumanizados son lacerados aun mas, cuando al cura esta tan pegada a la realidad y no a lastimar mas, y entonces aun le dan ganas de quedarse en esa realidad falsa por que la verdadera es un mas cruel ni te ayuda y te golpea cada día amas con esos tratamientos que te roban el resto de vida que te dejo el primer dolor entonces un día alguien me dijo la cura esta en aceptar lo que te paso, que la vida puede tener parte muy duras, pero tenemos que aprender del dolor y tratar de buscar uno mismo tu mañana mejor, por que nadie lo hará por ti quizás no lo superes nunca al cien pero si puedes mejorarlo al cien… tenemos esa opción, no por que nos violaron violemos, o por que nos golpearon golpeemos, quizás pensemos merezco algo mejor que esto y quizás no pude evitarlo pero ahora si puedo mejorarlo

  8. Hola, soy Mario Cantu Gundlach, quiero aclarar que nunca ingeri drogas ilicitas, los internamientos fueron en septiembre y octubre de 1979, sigo siendo catolico y mantengo mi fe en Jesus y su iglesia, pero no acepto esta cofradia de endemoniados de la orden de san juan de dios, ya que no son ordenados, ni santos, ni seguidores de Dios.

    • Endemoniados realmente, Mario; y tu labor de denuncia ha sido invaluable para todos nosotros.

      Por cierto, hace tiempo que no sabía de ti. Espero que estés bien.

      César T.

  9. Escribo desde Europa, un país dichoRico y paraíso… Mi vivencia con la psiquiatría no es diferente a la que describís. Los psiquiatras algunos son unos incompetentes… Se creen Dios y no te ayudan mas que su propio bolsillo. Ni fuerzas tengo para dedicarle comentario. Como podéis apreciar es la especialidad que no controla nadie. Se creen los dueños de sus pacientes. Un abrazo y muchas fuerzas para superarse… M.

  10. soy genaro cortes leon mi caso fue peor porque me costavan mucho los medicamentos no tenia para comprar los medicamentos me dolia mucho mi estomago tuve que hir ala clinica san rafael para ver si el pinche padresito me dava el tal medicamento y lo unico me receto que fuera a la farmacia paris a comprar mis medicamentos no le hice caso y fui con sicoloco del hopital san fernando y tuvo que dar el medicamento nada mas por me vio que me arastrava del dolor de estomago que tenia y tambien me mando comprar el medicamento bueno no se como recuperar mi alma y parte como salid de la clinica todo idiota y estuve como un año o mas tratando de salir del atoyadero todos mis amigos medecian loco loco cuando queria con vivir con ellos bueno toda via me siento que no merecupero de ese tratamiento


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