Apéndice: Qué hacer en caso de auténtica perturbación mental

EN ESTE LIBRO no traté propiamente de la gente perturbada. Me enfoqué en la juventud cuerda asaltada por su familia y los profesionales. Pero es elemental que una buena parte de la gente revictimada por la siquiatría no están en sus cabales: son personas auténticamente perturbadas. Es importante decir unas cuantas palabras sobre estos casos. Pero antes de hablar de la psicosis en adultos quisiera mencionar el autismo de los niños.

Es trágico que un autor tan perspicaz como Oliver Sacks hable de “la errónea hipótesis de la etiología parental” del autismo.[1] Sacks aborda el caso de la reputada profesora autista Temple Grandin en uno de sus entretenidos libros. En ese estudio de Sacks, Un antropólogo en Marte, hay numerosas pistas biográficas de los primeros años de Grandin que sugieren una etiología psicogénica de su autismo. Sin embargo, dejándose llevar por el pavor de sus colegas ante el modelo del trauma, Sacks se ciega ante la interpretación más natural y parsimoniosa. Las pruebas de diferencias estructurales en los cerebros de los autistas no prueban nada dado que se ha comprobado que el maltrato severo a edad temprana merma el neurodesarrollo: una vez más, el problema de qué fue primero si el huevo o la gallina.[2] Originalmente los investigadores percibieron que las “madres refrigerador” causaban el autismo; que algunos padres trataban a sus bebés de manera despersonalizada y sin el menor amor, cual objetos. Así, desde su más tierna edad el niño aprendió a tratar a la gente como objetos. Otros han observado conductas tan intromisivas de parte de la madre que el bebé ya no quiere mirarla a los ojos, y se retrae dentro de sí mismo.[3] No obstante, a fuerza de pura presión política de grupos de padres la profesión médica terminó culpando a una putativa biología defectuosa del niño. A pesar que no hay evidencia genética que sustente esta hipótesis, actualmente la profesión airea a los cuatro vientos que el autismo es biológico.[4]

EN LOS años ochenta una serie de programas de divulgación científica fue televisada bajo el título El cerebro. Uno de los programas abordó el tema de la locura. Ni un instante se le dio la palabra a Lidz o a Laing, que aún vivían, pero sí a dos siquiatras que en sus carreras se han esforzado en demostrar la base biológica de la locura. El siquiatra Fuller Torrey declaró en ese programa: “Lo que los sicoanalistas dicen sobre la esquizofrenia es que es causada por tempranas experiencias infantiles. ¡No hay evidencia de ninguna clase de esto! De hecho toda la investigación actual es diametralmente opuesta: se encuentra exactamente del lado opuesto”.[5] Torrey está parcialmente errado en que los proponentes del modelo del trauma parten de ideas sicoanalíticas. Si bien es cierto que los psicohistoriadores tienen fuertes nexos con el sicoanálisis la principal exponente de la causa infantil frente a los padres, Alice Miller, ha criticado duramente al sicoanálisis.[6] Y quien acuñó el término “modelo del trauma”, Colin Ross, no parte de teorías analíticas en lo absoluto. Escuchemos ahora a Daniel Weinberger, otro siquiatra del Instituto Nacional de Salud Mental (NIMH) que apareció en el programa El cerebro:

A principios del siglo [XX] todo neurocientífico interesado en la esquizofrenia estaba convencido [énfasis en la voz de Weinberger] que este era un trastorno cerebral. No había escepticismo sobre ello. Sólo fue debido a ese estancamiento [de la investigación] y a que la gente no pudo esclarecer los hallazgos del siglo XIX que comenzó a surgir la noción de la psicogénesis: que de alguna manera una mala maternidad causa esquizofrenia, o una mala vecindad causa esquizofrenia, o las drogas o algunas malas experiencias en la escuela o un gran trauma psíquico ¡sobre lo cual no hay absolutamente evidencia científica, de ningún tipo, hasta la fecha! [gran énfasis en la voz de Weinberger con movimiento paralelo de su mano sobre la mesa].[7]

Al momento de filmarlo Weinberger era un profesional joven y bien parecido que hablaba con carisma. ¿Qué impacto habrá tenido su emocional voz ante los millones de televidentes? Lo más increíble de este programa de aparente divulgación científica es que presentaron el caso de un adolescente severamente trastornado que declaró ante las cámaras que su trastorno tuvo su origen en unas violaciones sexuales que se remontaban al Kindergarten. Pero su siquiatra no le prestó la menor atención a su angustiado testimonio: postuló la causa biológica de la esquizofrenia del chico. Como muchos otros siquiatras de renombre, Weinberger y Torrey publican artículos en la American Journal of Psychiatry. El título de un artículo en el que contribuyeron estos dos siquiatras es el siguiente: “Evidencia de disfunción de un sistema límbico-prefrontal en esquizofrenia: un estudio de imagen de resonancia magnética y flujo sanguíneo cerebral regional en gemelos monocigóticos discordantes”. En Pseudoscience in biological psychiatry Colin Ross y Alvin Pam rebatieron este y otros artículos curanderos, aunque doctos, de Weinberger y Torrey. Pero como me reveló Ross cuando fui a hablar con él a su instituto en Dallas, sus colegas guardaron un silencio total ante su trabajo.[8]

UNA AUTÉNTICA reforma en el área de salud mental implica tomar las siguientes medidas. En primer lugar: que todo tratamiento sea voluntario, incluyendo el tratamiento de los individuos muy perturbados. En segundo lugar, dado que el problema del individuo perturbado no se encuentra en su cerebro sino en su mente, toda terapia física dañina, sea neuroléptico, electroshock o lobotomía, debe abandonarse. En el caso de los niños, todo psicofármaco en forma de jarabe, tabletas o gotas también debe prohibirse.

Hay médicos e incluso siquiatras que recomiendan estas medidas. Loren Mosher, a quien cité extensamente en el capítulo “Un siquiatra de buen corazón”, era director de Asociados Soteria y profesor clínico de siquiatría en la escuela de medicina de la Universidad de California en San Diego antes de fallecer en 2004. Inspirado en el recinto Kingsley Hall de Laing en Londres, en 1971 la Casa Soteria de Mosher abrió las puertas a aquellos que sufrían crisis psicóticas (Soteria es una palabra griega que significa rescate). Unos veían arañas bajar de las paredes; otros creían ser una deidad, oían voces o decían que la CIA o el FBI los perseguían. Una joven flaca y desnuda le hizo proposiciones sexuales a los encargados del recinto; otro creía que hombres de Venus estaban por visitarlo; otros estaban semicatatónicos y una mujer tuvo una regresión: quería ser alimentada con la teta de su mamá. A pesar de estas psicosis floridas Mosher notó que nadie estaba tan loco como para que no fuera posible hablar con él o ella. Después de cuatro a seis semanas en la Casa Soteria las ideas ilusorias disminuían; muchos se recuperaban de la crisis y volvían a tener vidas normales. Mosher los había tratado prácticamente sin neurolépticos, y lo ayudó un personal que nada tenía que ver con la profesión médica a fin de que no tuvieran ideas preconcebidas ni un catálogo de etiquetas. Para la mayoría de los internos había índices de recuperación entre seis a ocho semanas; razón por la que en las primeras seis semanas no se utilizaron neurolépticos, y luego de ese lapso se usaron en dosis mínimas. Muchos de los internos recuperados se convertían así en asistentes en la casa Soteria. Incluso cuando Mosher visitaba los hospitales siquiátricos tradicionales, al llevarlo con alguno de los internos se sentaba con el cliente (no les llama pacientes y odia la palabra esquizofrénicos). Según nos cuenta Mosher, hablaba con el cliente hasta tender un puente de comunicación:

Siempre me traían la persona más loca. Me sentaba con esta persona muy, muy loca de manera que pudiéramos tener una conversación que, después de los primeros cinco minutos era inteligible por todos los miembros de la audiencia. Y éstos decían, “Bueno, la paciente debió haber tenido un buen día”.

Pero no era eso, responde Mosher. “Es sólo la manera como te acercas a la gente. Si los tratas con dignidad y respeto y quieres entender qué está sucediendo; si realmente te quieres poner en sus zapatos, lo puedes hacer”.[9] Hasta el final de sus días Mosher no descartó la posibilidad de que el medio familiar pudiera estar involucrado en el trastorno de sus clientes: postura que para la siquiatría es la mayor de las herejías posibles. Así que yo mismo le recomendé a una amiga que tiene una hermana trastornada en Alemania que pensara en esta alternativa humanitaria a la siquiatría. Este es precisamente el mensaje del libro más didáctico sobre la siquiatría disponible en inglés: Mad in America de Robert Whitaker. Aquél que tiene un familiar trastornado, o un ser querido que esté cruzando por una crisis psicótica, haría bien en leer el libro de Whitaker.[10] Loren Mosher ha publicado dos libros y más de cuarenta artículos sobre la Casa Soteria: una propuesta que pone en tela de juicio a la siquiatría involuntaria, biologicista y represiva. Casas de tipo Soteria o experimentos similares al de Mosher existen en Suiza, Suecia, Alemania y Finlandia. En Italia, de 1973 a 1996 el doctor Giorgio Antonucci ayudó a cientos de pacientes que habían sido encerrados por años, e incluso décadas, en los siquiátricos tradicionales. Es muy lamentable que el gobierno estadounidense decidiera no financiar más las casas Soteria en ese país. Pero el proyecto Soteria fue todo un éxito, tanto así que sigue vivo y floreciendo en Europa.[11] Sólo en Suecia existen diez casas tipo Soteria.

El dato más importante del libro de Whitaker son los estudios de la Organización Mundial de la Salud: que en los países pobres y sin neurolépticos la gente en crisis psicótica tiene probabilidades de recuperación exponencialmente más altas que los pacientes de los países ricos. Esto explica parte del porqué en las Casas Soteria europeas, donde se administran neurolépticos a dosis muy bajas, los internos se recuperan fácilmente. La otra razón, no menos importante, es el trato humanitario que reciben: lo opuesto a la humillación revictimante de las instituciones tradicionales. Para Mosher lo más importante era que la atmósfera de su casa estuviera cargada de esperanza. Su objetivo fue que el tratamiento eliminara el rótulo humillante y la medicalización de la víctima. Un estudio reveló que después de dos años los pacientes tratados con programas sin fármacos estuvieron mejor que los tratados con fármacos.[12]

Este dato es demoledor para la siquiatría tradicional. Lo que los reformistas de salud mental tienen que entender es que hay que matar a la “vaca sagrada” de la siquiatría, como le llama Szasz a la hospitalización involuntaria, el ambiente profesional y la administración de neurolépticos.

Referencias

[1] Oliver Sacks: Un antropólogo en Marte (Anagrama, 1997), p. 370.

[2] John Read, Lisa Goodman, Anthony Morrison, Colin Ross y Volkmar Aderhold, “Trauma infantil, pérdida y estrés” en Read y otros, Modelos de locura, pp. 271-305.

[3] Un escalofriante caso de este tipo puede leerse en Daniel Goleman: La psicología del autoengaño (Editorial Atlántida, 1997), pp. 173s. Lo que el autismo realmente es puede leerse en Silvano Arieti: Interpretación de la esquizofrenia (Editorial Labor, 1965), pp. 238ss. Véase también Miller: El saber proscrito (TusQuets 1998), pp. 63ss.

[4] En Toxic psychiatry (pp. 287-92) Peter Breggin rebate las teorías biologicistas del autismo.

[5] Fuller Torrey, citado en The brain, episode 7, “Madness” (1984).

[6] Véase, por ejemplo, El saber proscrito, pp. 67ss y 202ss. Antes de apostatar del sicoanálisis Miller quiso iluminar a sus colegas con Thou shalt not be aware: society’s betrayal of the child (Meridian, 1986), pero sus revelaciones cayeron en oídos sordos.

[7] Daniel Weinberger, citado en The brain.

[8] Ross and Pam: Pseudoscience in biological psychiatry, pp. 56, 60 & 174s. El artículo referido es el de los autores D. R. Weinberger, K. F. Berman, R. Suddath y E. F. Torrey: “Evidence of dysfunction of a prefrontal-limbic network in schizophrenia: a magnetic resonance imaging and regional cerebral blood flow study of discordant monozygotic twins” (AJP, 1992, 149).

[9] Loren Mosher, citado en Jeanette De Wyze: “Still crazy after all these years” in San Diego Weekly Reader (January 9, 2003). Este artículo puede leerse en el cibersitio de Mosher (www.moshersoteria.com).

[10] Véase, por ejemplo, Whitaker: Mad in America, pp. 220-226. En el cibersitio de Mosher puede leerse el artículo “Response to practical questions”, una guía sobre qué hacer durante una crisis psicótica.

[11] Una alternativa en España al modelo siquiátrico tradicional aparece en el trabajo de Enrique González Duro: Distancia a la locura: teoría y práctica del Hospital el Día (Editorial Fundamentos, 1982).

[12] El capítulo final de Modelos de locura, “Intervención en un primer episodio de psicosis sin hospitalización ni fármacos” fue escrito por Loren Mosher.

Published in: on mayo 15, 2009 at 11:30 am  Dejar un comentario  

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